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| 5/27/1985 12:00:00 AM

SARNEY NECESITARA DE SAN TANCREDO

De revólver al cinto y escritor de poesía, el nuevo mandatario es casi un personaje de Jorge Amado

SARNEY NECESITARA DE SAN TANCREDO SARNEY NECESITARA DE SAN TANCREDO
Es improbable que algún día el Vaticano llegue a canonizar a un "San Tancredo", pero sí es seguro que Tancredo Neves, el fallecido mandatario electo del Brasil, se convertirá en el santo de la política brasileña y del proceso de la "Nova República".
Y en ésta atmósfera sobrecogedora de incertidumbres políticas, con la amenaza permanente del retorno al militarismo, quien más necesitará de la guía espiritual de Tancredo es el actual Presidente en ejercicio, el cangaceiro José Sarney, que legalmente tendría que gobernar hasta 1991.
Sarney es del nordeste (nació en Pinheiro, estado Maranhao) y es hombre de revólver al cinto. Lo llevaba cuando se pasó del bando de los militares --siendo presidente de su partido-- al bando de los democráticos, definiendo con su apoyo el triunfo de Neves. Pero muchos de sus actuales aliados no olvidan que en todos estos años él colaboró con los militares desde su posición de gobernador de Maranhao. Por eso, detrás del sentido de unidad que los obliga a respaldarlo por obediencia a la Constitución, una mayoría querría ver a corto plazo una convocatoria a elecciones directas.
Sarney es un personaje que bien pudo haber salido de las páginas de Jorge Amádo o de las películas sobre las sequías y aventuras de cangaceiros de Glauber Rocha. Sarney escribe libros de poesía, colecciona plantas exóticas, fomenta la música nordestina --mezcla de Africa y del barroco lusitano--, y pertenece a una cofradía que practica el rito de la macumba en las costas de Sao Luis, la ciudad capital de Maranhao, Sarney manejó el estado de Maranhao como un cacique y se le critica porque unas veinte personas en los altos cargos de esa administración son sus parientes cercanos. Ahora se teme que comience a hacer cambios en la propia Brasilia. Quizás tenga que hacerlo. Es el Presidente y desde el Palacio Planalto en Brasilia, tendrá que gobernar con un gabinete que no eligió y que sólo la capacidad de concertación de Tancredo podía hacerlo funcionar. Es un gabinete concebido por Neves y para Neves, buscando la armonía, según Neves.
Se trata de un tinglado tan cuidadosamente armado por Tancredo, que en él conviven archienemigos regionales, que ni siquiera se hablan, como el ministro de Previsión Social, Waldir Pires --que sufrió exilio por años-- y el ministro de Comunicaciones, Carlos Magalhaes, ex colaborador de la dictadura. El ministro de Justicia, Fernando Lyra, es un hombre de izquierda y ahora tiene el dilema de tener que ejercer su autoridad directa sobre el jefe de la Policía Federal, que fue una prominente figura de la represión durante el pasado régimen. También es muy complicado el equipo económico que plantea un "monetarismo con sensibilidad social". Tancredo puso a hombres que piensan en función de un "capitalismo civilizado", pero solamente Neves sabía cómo manejarlos y conciliarlos
En un artículo que describe esta estructura ministerial tan compleja, un periodista de Rio de Janeiro, Newton Carlos, describió las difíciles perspectivas de conciliación del proyecto económico para Sarney: "Falta aún por saber cómo se civilizará el capitalismo en una nación con una carga de miseria y marginalidad como la que exhibe Brasil. Lo que el economista Edmar Bacha llamó "Belindia", una mezcla de Bélgica e India. Tal vez se esté pensando en civilizar sólo a Bélgica".
Agregó Newton Carlos que el economista de izquierda Ignacio Rangel ha recordado que las grandes transformaciones de la historia del Brasil se han hecho por hombres de la derecha. Esta reflexión cobra ahora más importancia. Sarney, un hombre de la derecha, ya está firme en el Palacio Planalto. Y tiene que emprender una gran transición, rodeado de hombres democráticos y progresistas que lo vigilarán y esperarán sus errores a la vuelta de la esquina para proponer el acortamiento de su gestión. Quizás tenga que emprender los rítos del sincretismo brasileño con el fondo de su música preferida, la "Misa do Valqueiro" del notable quinteto "Violado".
En el Brasil de hoy, de unos 130 millones de habitantes, los factores del poder se reparten en un espectro de no más de medio millón de personas. El mercado real de consumo abarca a unos 40 millones de habitantes. Otros varios millones pueden tener acceso a ese mercado en las próximas décadas. Los demás, el gran resto, ocupa los distintos estratos de la marginalidad y esperan alguna oportunidad. El turno todavía está muy lejano. Es seguro que ni sus bisnietos accederan a una vida mejor. No es extraño entonces que la mayoría de los brasileños busquen respuestas en el sincretismo, es decir, la simbiosis de las creencias religiosas cristianas con los ritos animistas, las brujerías y diversas formas espiritistas. Además es visible la influencia africana en los principales ritos. El más diseminada es el umbanda, común en cualquier ciudad de la Costa Atlántica. La macumba es más específica de poblaciones más pequeñas y obligatoriamente se practica en las playas. Por lo menos el 90% de los políticos brasileños practica estos ritos o consulta a personajes místicos o a simples adivinos.
Los ritos están en todas partes y abarcan todas las clases sociales. En Tijuca (Rio de Janeiro) asistí a dos ritos umbanda en medio de unas enormes rocas que acentuaban el misterio, donde se hablaba un extraño dialecto que resultó ser cavoco imbira, dialecto de origen angoleño. A un par de kilómetros de carretera se levanta el estadio de Maracaná, donde los batuques (bongos) aceleran el ritmo del juego. Esos mismos batuques acompañan las manifestaciones políticas y han estado presentes, con un son pausado y triste, en los actos fúnebres de la muerte de Tancredo. Es en esta atmósfera de brujería, fervor religioso, esperanza en la democracia sentimiento de que Tancredo fue un mártir, que Sarney tendrá que gobernar. Sin duda, él también necesitará de la umbanda y la macumba.--
Ted Córdova-Claure (Río de Janeiro)
Ultimo adiós a Neves
La banda presidencial amarilla y verde que en vida Tancredo Neves nunca pudo ceñir en su pecho, terminó vistiendo su cadáver, para la capilla ardiente que fue instalada en el Palacio Planalto de Brasilia. Poco antes, el cuerpo del carismático líder de 75 años había llegado de Sao Paulo, donde expirara Neves el 21 de abril tras siete cirugías a que fue sometido en 39 largos días que paralizaron al país. Enormes multitudes que a la vez sollozaban, gritaban la palabra Tancredo y cantaban ritmos funerarios de origen africano, se agolparon en las dos ciudades, al paso de los restos del político. Al llegar a Brasilia el féretro, la ciudad ya estaba de luto con pendones a média asta y música clásica en varias emisoras. Toda la noche una multitud de 30 mil personas desfiló ante Neves mientras de todas partes del mundo llegaban mensajes de condolencia. Varios presidentes latinoamericanos, entre ellos Belisario Betancur de Colombia, presentaron personalmente sus condolencias a doña Risoleta Tolentino Guimaraes, viuda de Neves, y al presidente José Sarney quien en emotiva oración declaró que "Tancredo Neves será nuestra unidad, nuestra inspiración, un cirio encendido en la oscuridad de nuestra tristeza".
Tal espectáculo de multitudes doloridas fue la constante en las ciudades que el fallecido mandatario recorrió antes de ser sepultado. Dos millones de personas lo habían despedido en Sao Paulo. Luego vino lo de Brasilia. De allí fue llevado a Belo Horizonte donde hubo centenares de heridos y cinco muertos, pues la marea humana que velaba, dobló la reja de hierro de la gobernación donde se hallaban los restos.
El destino final del ilustre fallecido fue Sao Joao del Rei, antiquisima localidad donde había nacido Neves en 1910. Allí, cargado por una docena de militares y rodeado por Sarney, los ministros, otras dignidades y los deudos, fue sepultado Tancredo en una cripta de su familia, cubierto por la bandera nacional. Mientras tanto, embriagados de frases en favor de un Brasil unido y listo a preservar ideales como la democracia, la libertad y el bienestar popular, el país virtualmente levitaba.--

EDICIÓN 1879

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