El espía alemán más reconocido durante la Guerra Fría, Markus Wolf (foto), murió la semana pasada. De sus 83 años, dedicó 43 a espiar a los enemigos de la República Democrática Alemana. Wolf conoció de primera mano los secretos mejor guardados por sus enemigos de la República Federal. Sin embargo, y pese al reconocimiento que recibía dentro de la inteligencia militar alemana y en el mundo en general, siempre fue conocido como el hombre sin rostro, pues ningún organismo occidental logró obtener su fotografía. Este hombre alcanzó su máxima popularidad gracias a una nueva técnica en el espionaje de guerra. Al mejor estilo de James Bond, su estrategia consistía en seducir a secretarias gubernamentales en Bonn, con el fin de obtener información privilegiada. Su táctica la difundió entre sus aprendices, quienes llegaron a recibir información directamente de los despachos de los principales ministerios.
El deceso de Romeo
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10 de noviembre de 2006 a las 7:00 p. m.