El martes de la semana pasada, en la ceremonia de ascenso de los nuevos generales de la República, llamó poderosamente la atención de muchos de los asistentes una imagen: había un general repetido. Se veía un general y a dos pasos de él, otro igualito. No había nada que los diferenciara. Hasta el corte del bigote de los dos era exacto.
Los que no se sorprendieron fueron sus compañeros del Ejército. Para ellos ya son conocidos de hace muchos años los gemelos Giraldo. Pero lo que sí les causó gran admiración era que ambos hubieran logrado lo que muy pocos uniformados alcanzan: llegar hasta la cúspide de la carrera militar.
Lo único distinto entre Hernán y Germán Giraldo Restrepo son dos letras de sus nombres. Desde cuando fueron concebidos hace 48 años viven un mundo paralelo. Adoran al Once Caldas de Manizales, desgarran sus almas al escuchar los vallenatos de Jorge Celedón y son más rezanderos que un sacristán. Como gemelos no sólo compartieron la niñez y adolescencia, sino que hoy son dos profesionales que replican milímetro a milímetro sus triunfos.
Más allá de la simple curiosidad que despierta el ascenso de este par de hermanos que desde hace 31 años entregaron su vida a la institución castrense, hay otras historias sorprendentes.
Hernán y Germán no son los únicos militares de la familia. Crecieron en un hogar de 16 hijos, de clase media, en el barrio San Jorge de Manizales, Caldas, bajo el embrujo del parque de Los Enamorados. Lo paisa de su familia se refleja hasta en el tuétano de sus huesos. Cafetales, arepa, frijoles y una fraternidad inquebrantable son características del hogar de Marco Fidel Giraldo Ángel -un caficultor y ganadero tan rígido y disciplinado como un general de la Guerra de los Mil días- y doña Rosa Restrepo de Giraldo, quien a sus 85 años, y viuda desde los 50, sigue como un roble.
Como a todos los gemelos, los vistieron igual y en reuniones familiares les tocó exhibir su similitud como cualquier acto circense. Ni hablar de los sobrenombres: "Éramos los reyes de los apodos; nos decían desde las hermanitas Singer hasta Tola y Maruja". A diferencia de otros, sólo intercambiaron novia una vez. "Hoy creemos que la muchacha se hacía la engañada". Reconocen algunas trampitas colegiales, sin embargo, en lo académico siempre ocuparon los primeros puestos. "Pero en la escuela éramos los últimos en disciplina, con matrícula condicional", confiesa Hernán.
Su destino en la vida militar estaba trazado. Así lo entendieron cuando infructuosamente se inscribieron para estudiar ingeniería civil en la Universidad Nacional, pero les anularon el registro porque las directivas creyeron que se trataba de un mismo solicitante con dos formularios. Luego, tras lograr ser aceptados en la facultad de agronomía de la Universidad de Caldas, su hermano José Óscar, quien seguía la carrera para oficial, los convenció de seguir sus pasos y en 1978 ya eran alumnos de la escuela José María Córdoba.
Corazón roto
Con las botas puestas y una carrera meteórica marcada por logros académicos, los tres hermanos Giraldo tomaron la decisión de especializarse cada uno en un arma de combate distinta para no competir entre ellos. Óscar sería infante; Germán, experto en artillería, y Hernán, en caballería. Esas especialidades también sirvieron para ubicarlos geográficamente en el país. Germán no sale del sur, y Hernán, del oriente fronterizo.
La vida de los militares es un riesgo continuo que los Giraldo padecieron en carne propia en 1989 cuando su hermano Óscar murió tras ser emboscado por la guerrilla mientras navegaba por un río del Guaviare. Se expuso durante un ataque subversivo, al tratar de rescatar de las aguas el cuerpo sin vida de un compañero.
Con Óscar muerto, Germán dedicó buena parte de su tiempo a ayudar en los papeleos a la viuda, Josefa Martínez, una guajira experta en diplomacia que llevaba dos años de casada con su hermano y además daría a luz a una niña.
Entre papeleos y visitas periódicas se convirtió en el padre adoptivo de su sobrina, que hoy tiene 21 años. Y lentamente surgió una relación que un año después se convirtió en propuesta de matrimonio. "Cuando me lo dijo creí que estaba bromeando. Consulté el tema con mi padre, oficiales superiores y un sacerdote cercano. Acepté y nos casamos", cuenta ella. El padrino de la boda fue el comandante de las Fuerzas Armadas de entonces, el general Rocca. Hoy cumplen 19 años de matrimonio, tienen otras dos hijas de 17 y 14 años y perdieron unas gemelas en la gestación.
Mientras Germán rehacía su vida con la viuda de su hermano muerto en combate, Hernán luchaba en silencio contra el cáncer que le ganó la batalla a su primera esposa. Ella murió en 1985 y le dejó un hijo que hoy tiene 25 años. En Cúcuta, siendo ayudante del comandante del Grupo de Caballería, conoció a la médica Betty Latorre. Ya completan 23 años de matrimonio, tienen tres hijos, dos de los cuales son mellizos.
La vida militar
Ni las drásticas medidas de la vida militar lograron separar a los gemelos. Salvo por algunas decisiones de superiores que preferían alejarlos para no ser engañados, los hermanos Germán y Hernán siempre fueron como una sombra el uno para el otro. "Tenían fama de suplantarse; por ejemplo en las sanciones donde nos ponían a correr por las canchas, se relevaban y nunca los descubrieron", cuenta Hugo Castellanos, coronel retirado que compartió 10 años de carrera militar junto a los Giraldo. También recuerda el carisma particular de Hernán y la manera como Germán siempre punteaba los cursos para ascenso, "A los dos se les reconoce una habilidad innata para manejar situaciones de crisis".
Esas aptitudes no eran para menos, ya que ambos han sido oficiales y alumnos de escuelas militares en Egipto, Corea, Estados Unidos, Panamá y Brasil. "Recuerdo que coincidencialmente cuando mi hermano regresaba yo iba, y los compañeros y profesores me decían ¿volviste Hernán?". Hablan varios idiomas y estudiaron ciencias militares con maestría en Defensa y Seguridad Nacional, ciencias políticas y gerencia de proyectos; en su historial hay un ramillete de medallas y distinciones que les han otorgado y un reconocimiento de que son hombres que no sólo sirven en el campo de batalla, sino también como estrategas.
Han puesto a prueba su calidad militar en zonas con notable presencia de grupos ilegales. El año anterior Germán estuvo en Putumayo, mientras que Hernán se ha mantenido al filo de la navaja guerreando en Vichada, Casanare y Catatumbo.
A partir de esta semana Hernán estará al frente de la Brigada 17 con sede en Carepa, Urabá. "Está feliz", dice su esposa Betty, quien no esconde calificativos para describirlo como un hombre bondadoso, humilde y detallista. Y cuenta cómo en una finca que tiene en Magdalena, Hernán cultiva aguacate, plátano y árboles frutales. Un poco más hacia el sur, en la Brigada III, con sede en Cali, Valle, se encuentra Germán. Este gemelo tiene dos secretos que lo diferencian de su hermano. El visible es su alegría, y el oculto, un lunar en el cuello. Ese carisma tropical le da para mofarse y asegurar entre risas y en privado que la única diferencia con Hernán "es que él es circuncidado".
Ahora ambos tienen la difícil tarea de demostrar que la historia escrita con sus ascensos será un gesto de paz y tranquilidad para Valle y Urabá. "Lo primero que hice fue mandar a elaborar 5.700 oraciones de la Sangre de Cristo para cada uno de mis soldados", concluyó Hernán.
CRÓNICA
Generales idénticos
Por primera vez en la historia del Ejército, y tal vez en la historia de los Ejércitos del mundo, dos gemelos llegan al grado de general. SEMANA retrata la peculiar historia de este par de militares.
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5 de diciembre de 2008, 7:00 p. m.
