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| 12/11/1980 12:00:00 AM

Honorables congresistas: la ley nos defiende pero no nos cobija

Honorables congresistas: la ley nos defiende pero no nos cobija Honorables congresistas: la ley nos defiende pero no nos cobija
Cuando me reconocí como un hombre homosexual no logré entender por qué encontrar el amor y ser feliz me convertía, ante los ojos de la sociedad, en un enfermo. Así que para comprenderme recurrí a la ciencia y vislumbré que para las sociedades científicas, a partir de los resultados de las investigaciones realizadas en 1958 por la psicóloga norteamericana Evelyn Hooker, la homosexualidad no existe como entidad clínica.

Nuestro gran lastre es ser distintos. Así como nacer mujer, nacer negro o nacer pobre fue y sigue siendo un lastre para muchos seres humanos, que se ven excluidos de la activa participación democrática por razones ajenas a su voluntad pero propias de su naturaleza, los homosexuales y las lesbianas buscamos el derecho a la igualdad de oportunidades y a ser respetados en nuestra diferencia.

En 1974, la Asociación Psiquiátrica Americana fue la primera de muchas sociedades científicas en considerar que la homosexualidad per sé no es un trastorno mental y por tanto, no puede clasificarse como tal por no ser una categoría diagnóstica, en otras palabras, no es una enfermedad y por tanto no tiene ni requiere tratamiento. En la Clasificación de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud de 1987 se excluyó a la homosexualidad

Cuando a mis 18 años tuve mi primera relación sexual con otro hombre, me estaba formando como sacerdote siendo integrante de una importante comunidad religiosa. Allí descubrí la doble moral en algunos miembros de la Iglesia católica, quienes ante mis propios interrogantes aceptaban lo mío como una "necesidad humana llevadera siempre y cuando no hiciera de mi vida un espectáculo publico", tal y como ellos lo hacían, y ocultaban; negaban las posibilidades sexuales de su feligresía haciéndole creer que la búsqueda de la felicidad desde una sexualidad humana distinta no hacía parte del plan de Dios para sus hijos, tal y como el Papa Juan XXIII les ordenó hacerlo a finales de los 60 con su ley del silencio absoluto.

Lo anterior me llevó a retirarme de dicha comunidad y, unos años después, a crear junto con el líder homosexual León Zuleta el Movimiento de liberación homosexual de Colombia hace 25 años. Este importante filósofo paisa fue asesinado en 1993 en razón de su lucha por la defensa de los Derechos Humanos y sexuales.

Nuestras reuniones eran clandestinas porque el código de policía de Bogotá autorizaba las redadas a los homosexuales, y aunque había bares para encontrarnos, corríamos siempre el riesgo de ser llevados a los cerros, a ser bañados con agua fría, golpeados y abandonados desnudos a las afueras de la ciudad.

Homosexuales y lesbianas se aproximan a las consultas particulares de los profesionales de la psicología y la sexualidad porque están siendo afectados por un gran daño emocional; Carga que, en su experiencia emocional y en nuestra cultura, genera la iglesia, cuya posición moralista aflige a hombres y mujeres quienes toman la decisión de que no se asumirse en la heterosexualidad. Estigma que induce a que se nos nieguen nuestros derechos, nos obliguen al desplazamiento forzado, amenacen de muerte e incluso a perpetrar atentados contra nuestra vida como aquel de que fui víctima siendo candidato a la Cámara de Representantes por el partido liberal colombiano en las pasadas elecciones.

Los homosexuales que están afectados por una enfermedad tienen que vivir una serie de vulneraciones como consecuencia de no poder acceder a servicios de salud así logren demostrar ante la EPS la convivencia con su pareja, tal y como lo haría una pareja heterosexual. Las personas que no tienen un trabajo estable no puedan realizar aportes al sistema de seguridad social, pero a diferencia de una pareja heterosexual las parejas homosexuales y lésbicas no podemos afiliar a la pareja y obtener servicios. No discutimos el rito del matrimonio. Exigimos el derecho que debería tener mi pareja hombre a la seguridad social cuando él pierda el empleo o caiga gravemente enfermo; a que si él muere, no llegue la familia de él, que lo excluyó y discriminó a quedarse con el patrimonio que entre los dos pudimos construir.

La iglesia católica y los senadores conservadores para proteger y promover la "dignidad del matrimonio" han dado una explicación de carácter racional a estas formas de vulneración social; obviamente que de racional poco o nada tiene la racionalización ya que su explicación trata de aseveraciones dogmáticas que desconocen la realidad científica y la verdad acerca del ser humano. Tenemos el derecho a disfrutar la vida en condiciones donde la felicidad no sean sometida a lo que una u otra institución considere que esté bien o esté mal, con el agravante que esa institución, de gran poder político y de opinión pública, interviene y meta mano en la legislación de un país negándole derechos.

Creer en la existencia de una "ley moral natural" supone aceptar que la realidad de la maldad y los errores criminales se pueden achacar a Dios, como también lo es ignorar que los homosexuales han nacido en el 100% de matrimonios heterosexuales.

Se afirma que la homosexualidad y el reconocimiento de su existencia así como la de las parejas lésbico y homofiliales van contra el "bien común de la sociedad". El bien común se fundamenta en la tolerancia activa y en el respeto, y no precisamente en la exclusión y en la negación de los derechos fundamentales.

La procreación y la fecundidad son, según el vaticano, características esenciales de la pareja, en consecuencia se ubica a los humanos a nivel de los mamíferos subhumanos quienes se caracterizan por la búsqueda de la reproducción y no por la función erótica o exploración consciente del placer, que es la característica de la sexualidad humana que nos diferencia de los animales.

Como los homosexuales no se reproducen, dogmáticamente se afirma que "no proceden dentro de una verdadera complementariedad afectiva y sexual" razón por la que no tienen derecho a la vida reconocida de pareja. Es cierto que los homosexuales no se reproducen como resultado de su experiencia homogenital o lesbicogenital, pero la sexualidad homofilial cumple con la función erótica propia de los humanos. Las parejas heterosexuales no sostienen sus relaciones genitales exclusivamente para tener hijos y en dicho acto glorificar a Dios, sino que la mayoría de sus encuentros amorosos son actos lúdicos y eróticos orientados hacia la obtención del placer; en este caso la pareja heterosexual tampoco estaría cumpliendo con el designio de Dios, puesto que en su experiencia transgrede el principio de la unión para la fecundidad.

Creo profundamente en la democracia; anhelo un país en el que la convivencia democrática y solidaria sea posible, considero que la paz es alcanzable, tengo claro que la paz se erige en las relaciones sociales y su construcción evidencia la necesidad de que todos los ciudadanos y ciudadanas seamos iguales, cualquiera que sea nuestro sexo, orientación sexual, etnia, cultura, credo, condición socioeconómica y política, y son estas las razones por las que confío en que la sociedad se encargue de decirle a la Iglesia que sí, que efectivamente tienen derecho a su credo, su mística y sus ritos como lo ordena la constitución, pero que eso no les da el derecho de imponer lo que es conveniente o no para la felicidad, la salud y para la ley civil de nuestro país. Los homosexuales y las lesbianas tenemos el derecho a una legislación civil donde no seamos ciudadanos de segunda y condenados a la marginalidad y la exclusión.

*Sociólogo, Filósofo. Magister en educación. Candidato al Concejo de Bogotá por las minorías sexuales del Partido Liberal Colombiano.

suconcejal@manuelvelandia.com

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