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| 5/11/1992 12:00:00 AM

LA REINSERCION DE LOS ESMERALDEROS

Después de tanta bala y tanta sangre los esmeralderos quieren entrar a formar parte del sistema.

LA REINSERCION DE LOS ESMERALDEROS LA REINSERCION DE LOS ESMERALDEROS
HABLAR DE ESMERALDAS EN COLOMBIA ES tratar un tema espinoso, violento y muy sangriento.
Siempre ha sido considerado un negocio algo clandestino y asimilado a la mafia. Antes de la aparición de los carteles de la marihuana,la coca y la amapola el grupo armado más temido en el país siempre fue el de los esmeralderos. Tanto que el narcotráfico se enfrentó a él y perdió. Suerte similar corrieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc.
Siglos de guerras verdes y de ilegalidad culminaron en junio de 1990 con un acuerdo interno de paz entre todos los productores de esmeraldas. A diferencia de la mayoría de los ceses del fuego que se firman en Colombia, este se ha respetado. Hoy, entre los "gemólogos" reina la paz. Ahora se habla de la legalización total del negocio y hasta de la creación en Bogotá de una bolsa mundial de esmeraldas. ¿Qué pudo haber sucedido para que todo cambiara en forma tan radical?
Incluso desde antes de la Conquista las leyendas ataban a las esmeraldas a la muerte. Los muzos escondían sagradamente el secreto del lugar de donde las extraían. El zipa Tisquesusa rey de los muiscas apesó al cacique de los indios itocos, que dominaban la zona de Muzo, lo asesinó y descuartizó a sus dos hijas en el afán de saber sobre la ubicación de las minas. Luego, tras la llegada de los españoles, Pedro de Urzúa, convocó a los indios de la zona a un gran banquete para sacarles información y luego ordenó asesinarlos a todos a cuchillo.
Los españoles tardaron muchos años después de su llegada en encontrar las vetas. Tras muchos muertos, solo un
accidente permitió el descubrimiento.
En 1564, entre la herradura del caballo del conquistador español Juan de Penagos quedó impregnada una gran piedra verde. Esto permitió dar con el paradero de las minas. de Muzo, hoy las más famosas del mundo y las únicas que producen la "gota de aceite" que es a las esmeraldas como el rolls royce a los automóviles. En el siglo XVI eran las preferidas de la nobleza mongol de la India. De las minas de Chivor salió la "Gran Esmeralda de Moctezuma" una piedra que hoy se encuentra en Viena y que en bruto mide 21 centímetros de alto, por 17 de largo y 16 de ancho.
Las esmeraldas más famosas del mundo siempre han sido colombianas.
La más sobresaliente de ellas, Patricia, fue hallada en diciembre de 1920 en Chivor, adquirida a su propietario por 10 dólares y vendida en el exterior por 60 mil dólares de la época. Hoy vale varios millones, pesa 632 quilates y fue donada al Museo de Historia Natural de Nueva York. La Magnífica, se encuentra en Inglaterra en poder del duque de Devonshire y pesa 1.225 quilates.

Aunque la historia de las esmeraldas se conoce desde hace seis siglos, fue en los últimos 20 años cuando el color verde de la piedra fue reemplazado por el rojo de la sangre. Al menos cuatro mil muertes sucedieron en ese período. Desde comienzos de este siglo las minas de gemas fueron nacionalizadas por el Estado que por épocas las entregó en arriendo a los particulares en medio de grandes controversias, pero inicialmente al menos con pocos problemas de orden público. Desde 1947 el Banco de la República se encargó de su explotación directa, excepto las de Chivor. En esos momentos cientos de colombianos trataron de buscar un sustento "guaqueando" en forma ilegal en medio de la indiferencia estatal. En 1966 el Banco de la República entregó las minas al Gobierno y se produjo la invasión de las mismas y el consecuente saqueo. Aparecieron entonces muchos de los aventureros famosos de aquellos tiempos tratando de sacarle el jugo,al nuevo boom. Así ingresaron en el negocio los hermanos Efraín y Valentín González, el primero de los cuales fue dado de baja por un batallón del Ejército con tanques en el sur de Bogotá. La lista de "famosos" fue ensanchada por los nombresf,de Humberto Ariza Ariza "El Ganso", por Mariano López, por Francisco "Pacho" Vargas, acusado de ser el padre de la famosa banda "La Pesada", por el más sanguinario de todos ellos, José Ruperto Córdoba Mariño "El Colmillo", por Alcibiades Camacho, Ignacio Amado, Carlos Murcia "El Garbanzo" o Luis Murcia Chaparro "El Pequinés". Todos ellos, menos el último, hoy están muertos. El más reciente y notorio que quiso apoderarse de las minas fue "El Mexicano" Gonzalo Rodrígue Gacha, quien cayó a bala a manos de las autoridades cuando estaba librando esa guerra.

Pero lo cierto es que la crisis cambiaria de 1967, que volvió ilegal tener dólares, se encargó también de sepultar a las esmeraldas en el mundo oscuro del contrabando, pues era una forma de sacar dólares. Esto dio origen a la primera gran guerra verde de Colombia. Al menos mil personas murieron entre ese año y 1973 por cuenta del tráfico ilicito de esmeraldas. En esos momentos la explotación le correspondía a Ecominas, entidad creada por el Gobierno en 1968, que captaba al año apenas 200 millones de pesos por las exportaciones registradas del mineral.
Por debajo de cuerda, sin embargo, el negocio era enorme.
Los titulares de primera página se los robaban las vendettas entre los esmeralderos.

La situación llegó a tal extremo que el 17 de julio de 1973 fueron cerradas las minas por orden de la administración Pastrana Borrero y se decidió sacar a licitación pública su explotación. Entonces fue entregada en concesión la explotación. A la firma Esmeracol de Juan Beetar Dow y Benito Méndez Silva correspondieron las minas de Coscuez, a Tecminas de Gilberto Molna y Víctor Carranza las de Quípama, a Coexminas de Julio Roberto Silva las de Muzo, y a los hermanos Quintero Morales las de Peñas Blancas. El primer paso fue firmar la paz y se logró, pero por muy poco tiempo. Las influencias extrañas al negocio y las pugnas internas subsistieron. Al comienzo de la década de los 70 llegaron allí las fortunas "intempestivas" de los marimberos de la costa y hasta las de los representantes del sistema financiero.

Esta última situación fue generada por una medida económica. El Gobierno decidió subsidiar en un 15 por ciento la exportación de esmeraldas a través del beneficio del Certificado de Abono Tributario, hoy Cert, lo que llevó a sobrefacturar las exportaciones y consegúir el subsidio. Los lavadores de dólares hicieron su agosto a través de las exportaciones ficticias. Los registros de salida de esmeraldas que llegaban apenas a tres milles de dólares en 1970, pasaron en 1973 a 80 millones de dólares. El CAT debió ser suspendido para las esmeraldas en diciembre de 1973.

En medio de la paz pasajera, el negocio se desplazó de las minas a la calle 14, en el centro de Bogotá. La minería dejó de ser el meollo del negocio y se desplazó a la comercialización. Aparecieron entonces nuevos "artistas" en escena. Mientras cinco siglos atrás los españoles dominaron el mercado de la esmeralda en Colombia y luego lo hicieron los norteamericanos, de pronto se abrieron paso los japoneses que en cosa de pocos años se convirtieron en los mayores compradores de las gemas y en amos y señores a la hora de fijar los precios del mercado.

Mientras eso sucedía, los delincuentes de las esmeraldas pasaron a convertirse en magnates porque las gemas incrementaron su precio frente al dólar.
Los gemólogos comenzaron a comprar grandes extensiones de tierra en la zona cundiboyacense y fueron los precursores de la adquisición y valorización de pesebres enteros de caballos de paso fino.
Luego montaron casinos y alimentaron el boom de los hipódromos. De esa época se sabe que un joven mesero que atendía restaurantes cerca de la calle 14 de Bogotá se fue a Muzo para conseguir fortuna. Se trataba de José Gonzalo Rodríguez Gacha, quien al lado de Gilberto Molina Moreno, el entonces "zar" de las esmeraldas, aprendió todo lo que tenía que saber del negocio, aunque nunca pudo ser socio de ninguna de las grandes compañías productoras.

A comienzos de los 80 la guerra verde volvió a inundar los campos de esmeraldas, especialmente por la aparición de nuevas familias interesadas en involucrarse en el negocio. Hasta ese momento la sangre que se había perdido en busca de la esmeralda era bien poca. Lo grave estaba por suceder.
En mayo de 1984 Arsenio Acero, un personaje con mucha influencia en las minas de Coscuez, cayó asesinado. Sólo seis años después y tras unos tres mil muertos terminaría la mayor pesadilla.

Al menos tres causas alimentaron a la vez la más feroz de las guerras verdes: la pugna entre grupos de esmeralderos por el control de las minas; la aparición de las Farc por el occidente de Boyacá y el retorno de José Gonzalo Rodríguez Gacha, como jefe militar de] cartel de Medellin de la cocaína. Todo esto constituía un verdadero coctel molotov.
Uno a uno quedaron tendidos en el campo de batalla todos los duros. Isauro Murcia, líder de una de las familias, murió en esos enfrentamientos. El 5 de agosto de 1985 le correspondió el tumo a Juan Francisco "Pacho" Vargas, ropietario de Esmeracol, quien quedó herido en un atentado y murió el 17 de septiembre. El 10 de octubre le tocó a Humberto "El Ganso" Ariza Ariza, quien después de pagar cárcel, había regresado a la zona, pero fue asesinado cuando adelantaba los buenos oficios de pacificador.
Pero la cosa pasó de castaño a oscuro cuando Gonzalo Rodríguez Gacha "El Mexicano" quiso tomarse a Muzo. Más que las esmeraldas y el poder que le podía dar el manejo de 35 mil guaqueros de la zona, ésta tenía un valor estratégico sin igual para sus prapósitos de movilización tanto militar como de la cocaína. Muzo y Quipama eran piezas claves para completar un corredor aéreo que estaba integrado además por Paime, Pacho, Zipaquirá y Santa Fe de Bogotá. Además Gilberto Molina, quien había logrado erigir en municipio a Quípama, era el propietario de un gran aeropuerto en el que había invertido 1.400 millones de pesos.
Sin embargo ni Molina ni su socio Víctor Carranza estuvieron de acuerdo con el ingreso de "El Mexicano" al mundo de las esmeraldas. Aunque hasta meses antes era fácil verlo con Gilberto Molina en faenas de fin de semana con caballos de paso fino, sus encuentros se acabaron súbitamente. La razón fue que cuando Molina fue señalado de ser el propietario de una gran plantación de cocaína hallada en una finca en Paime, le dijo al Gobierno que el verdadero dueño era Rodríguez Gacha.

El episodio final de la guerra verde se inició con la muerte de Molina el 26 de enero de 1989, quien cayó al lado de sus 18 guardaespaldas. Los esmeralderos y el mismo Carranza acusan a Rodríguez Gacha del hecho. Lo cierto es que de allí en adelante se considera que el sector encabezado por Víctor Carranza gastó 10 mil millones de pesos para mantener los enfrentamientos contra Gonzalo Rodríguez Gacha. Carranza fue seleccionado por los esmeralderos para reemplazar al antiguo "zar" porque al haber nacido en la zona y ser minero nato le daban los argumentos suficientes para ser el nuevo líder. Mientras tanto Muzo quedó prácticamente rodeada por los ejércitos paramilitares de "El Mexicano".

El terrorismo se convirtió entonces en la principal arma del conflicto. Muchos mineros, guaqueros y comerciantes medianos cayeron en la primera etapa. Después la crueldad creció. El 7 de julio de 1989 una bomba semidestruyó las instalaciones de Tecminas en Bogotá (la empresa de Carranza, Molina y Beetar). Tres días después cayó asesinado un sobrino de Víctor Carranza. Pero el 15 de julio sucedió uno de los episodios más recordados del asunto. Sesenta hombres llegaron hasta la quebrada de Itoco, en predios de las vetas a cargo de Tecminas, seleccionaron a seis campesinos y los fusilaron uno a uno delante de miles de guaqueros. A la una de la tarde una avioneta sobrevoló la zona esmeraldífera y lanzó a tierra, envuelto en una bolsa plástica negra y aún con vida, al celador de Tecminas Pedro Julio Yaya. Una semana después otra bomba destruyó la Ganadera Nare de Víctor Carranza en Bogotá. El 15 de agosto siguiente salió ilesa en un atentado Blanca Lilia de Molina, viuda de Gilberto Molina.

Luego vino una calma aparente en la que la infiltración de uno y otro de los grupos en contienda tomó vuelo Angel Gaitán Mahecha (conocido por haber salido vivo de la matanza de Molina y de la toma de los militares en Los Altos del Portal) y uno de los hijos de Molina lograron conseguir información vital sobre las propiedades y caletas que tenía "El Mexicano" en Pacho, Cundinamarca. Eso llevó a las autoridades a confiscar 135 millones de dólares a Rodríguez Gacha,no sólo en barriles en Colombia sino en cuentas en el exterior. Finalmente en diciembre 15 de 1989, "El Mexicano" murió al enfrentarse con las autoridádes en Coveñas. Ese día los 35 mil guaqueros de la zona boyacense celebraron a todo dar. Vinieron tres meses más de enfrentamientos ya menos beligerantes, y en mayo la zona fue militarizada y comenzó a hablarse de paz. Tanto que las autoridades se retiraron y los grupos en conflicto interno comenzaron a reunirse para hablar de cese al fuego, bajo la mediación del obispo de Chiquinquirá, monseñor Alvaro Raúl Jarro Tobos. Este se pactó e] 6 de junio de 1990 en una gallera abandonada de Quípama. El 12 de julio siguiente la paz se firmó públicamente bajo una declaración de respeto a la vida y la venta de 120 por ciento de las acciones de Esmeracol a un grupo de esmeralderos en conflicto interno en Coscuez. Así se logró que Luis Mureia "El Pequinés" y Pedro Elías Delgadillo, vocero cívico del occidente boyacense, se sentaran a negociar no como cabecillas de grupos de muerte sino como ejecutivos y accionistas de una empresa.

Quienes saben dicen que esa fue la jugada maestra de Victor Manuel Carranza Niño para llevar la paz a la región. Tanto así que un año después fue llamado a lograr la paz en la región de Rionegro donde consiguió desmovilizar las autodefensas de Pacho, del extinto Rodríguez Gacha. Carranza, un minero nato que tiene fama de que cuando llega a algún sitio de la mina aparece una veta, nació el 8 de diciembre. de 1935 en Guateque, Boyacá. No bien acabó la primaria, a los nueve años era ya todo un negociante de las esmeraldas. Paseó a sus anchas por las grandes minas como San Juan en el 54, Buenavista en el 56 Peñas Blancas en el 59, Mundo Nuevo (su primer contrato con el Estado) y Las Cruces en el 63. En este último sitio encontró en 1969 la esmeralda "Emilia" considerada como la más grande del mundo que, sin embargo, resultó ser una simple morralla, es decir, sin uso gemológico. Hace 15 años adquirió acciones de las empresas concesionarias del Estado y hoy por hoy es el magnate mundial de las esmeraldas.
Aseguran los conocedores que antes de la aparición de los carteles de la droga, Carranza era el hombre con más dinero en Colombia. La revista Forbes lo incluyó este año como precandidato para su edición especial sobre los billonarios. Es decir las personas que tienen más de mil millones de dólales.

Pero Carranza no se quedó sólo con la paz, aunque sí con muchas acusaciones a cuestas. Aunque él asegura que no, muchos lo acusan de sus vínculos con el narcotráfico. Los organismos de inteligencia han asegurado que trabajó con Gilberto Rodríguez Orejuela y en alguna ocasión la Policía anunció haberle ocupado una hacienda en los Llanos Orientales en donde encontró una gran fosa común llena de cadáveres. El envió cartas a las autoridades y pidió que le permitieran demostrar su inocencia.
Aclaró que se oponía a la alianza narcossmeralderos y por eso fue que los socios de las minas de Boyacá sacaron a Benito Méndez y Julio Roberto Silva de sus eompañías cuando aparecieron como extraditables.

Ahora Víctor Carranza considera que después de tanta bala y tanta sángre ha llegado el momento de limpiar de una vez por todas su imagen y la de su negocio. Como se encuentra a paz y salvo con la justicia está en condiciones de hacerlo y la cosa es en serio. Acaba de anunciar que está tramitando la creación de la primera bolsa mundial de esmeraldas. Será al estilo de la bolsa de Beers, en Inglaterra, que ordena y regula el mereado mundial de los diamantes. Estimaciones de las mismas autoridades concluyen que la producción total de esmeralda alcanzó el año pasado un valor comercial de 300 millones de dólares (nada menos que 180 mil millones de pesos), de los cuales aproximadamente el 50 por ciento se registró en Mineralco S.A. como producto de exportación. La otra mitad pertenece a transacciones del mercado interno o doméstico y especialmente a exportaciones no registradas. Esto significaría que las piedras verdes constituyan el tercer renglón de exportación después del café y el petróleo. Las reservas para explotación privadas abarcan 800 mil hectáreas.
Cuatro de las principales seis explotadoras mundiales de esmeraldas son colombianas (ver recuadro).

Pero además del hecho de fondo de querer limpiar la imagen de los esmeralderos y de la esmeralda misma, Carranza y su gente lo que quieren es acabar con dos hechos singulares que vienen perjudicando el mercado. Primero, que los japoneses, quienes compran en las calle y las minas, dominan la comercialización del negocio y por supuesto se quedan con la mayor parte de las utilidades. Y segundo, que gente inescrupulosa, por medio de tratamientos artificiales, manipula la piedra y deteriora el negocio. Una esmeralda puede ser sometida a baños con aceites minerales y vegetales para darle apariencia más fina. Esos procesos han llevado a que las esmeraldas estallen durante los vuelos a los sitios de compra o a que se ennegrezcan pasados pocos meses.

Por eso Germán Bernal, gerente de Tecminas, la mayor productora mundial, apoya la idea de instalar la primera bolsa de esmeraldas del mundo en Colombia. Allí se controlaría casi que todo el mercado y se conseguiría la eventual desaparición de los comerciantes de la calle 14. La calidad, tallado, mercadeo, precio y garantía de cada piedra correrían por cuenta de la bolsa. En principio las autoridades respaldan la iniciativa privada. Incluso se aprobó preliminarmente que el 10 por ciento del IVA del sector se dedique a una Escuela de Gemología y a traer talladores japoneses, israelíes e hindúes para aprovechar el valor agregado de la piedra tallada.

La sola expectativa de esta bolsa ha afectado ya el mercado.
Los grandes esmeralderos colombianos no volvieron a venderle a los japoneses que ahora deberán acudir a la bolsa. En 1989 celebraron una subasta en el Hotel Cosmos de Bogotá que vendió medio millón en gemas y Carranza contactó a los productores de Zambia, Zimbabwe y Brasil que ya dieron el visto bueno a una bolsa mundial. La sede de la bolsa colombiana sería el vistoso edificio redondo situado en la carrera séptima con calle 127, al norte de la capital. Colombia, que controla el 55 por ciento de la produccion, está conversando con la C. T. Hughes Limited que explota el depósito de Kafubu en Zambia, segundo productor.
Los dos controlan cerca del 75 por ciento del mercado. El presidente zambiano recibirá a Víctor Carranza y a Juan Beetar la próxima semana para concretar todos los detalles. Este evento ha sido considerado tan importante que el viaje de los dos "gemólogos" al Africa va a ser cubierto por un corresponsal de la revista Time.

Lo cierto es que hoy comerciantes y esmeralderos buscan que la esmeralda sea la piedra preciosa número uno de la década. Buscan asumir el papel que nunca pudo desempeñar el Estado en este asunto y creen que con la reinserción del negocio al sector empresarial podrán recuperarse parte de los 1.500 millones de dólares que dejaron de ingresar al país en la última década por concepto de exportaciones. La filosofía es dejar a los diamantes, hasta ahora los número uno, verdes de la envidia.

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