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| 2/23/2008 12:00:00 AM

Las viudas del chance

En seis años fueron asesinados 18 empresarios y promotores de apuestas en Barranquilla en medio de una puja por el control del negocio.

Las viudas del chance Las investigaciones que avanzan por la guerra del chance no han tenido mayores resultados. Por lo menos cinco de ellas, contra Uniapuestas, ya han precluido. Enilse López, 'la Gata', una de las socias de la empresa y una de las protagonistas de la historia, está detenida por otros hechos y recibió recientemente la casa por cárcel
Acomienzos de 1999 llegó la guerra del chance a Barranquilla. En ese entonces llevó al borde de la quiebra a la mayoría de las 28 casas de apuestas de la ciudad y hasta 2005 dejó por lo menos 18 mujeres viudas.

Hoy están en curso más de siete investigaciones: desde una acción de grupo que denuncia los daños sicológicos y las torturas infligidas a los chanceros, hasta una investigación de la Fiscalía delegada ante la Corte contra los ex gobernadores Rodolfo Espinosa (1998-2000) y Ventura Díaz (2000-marzo de 2003) que otorgaron las licitaciones del chance.

Ahora, cuando se alistan los pliegos para una nueva licitación que otorgue el monopolio del chance, SEMANA reconstruye la historia nunca antes contada de esa guerra.

La gente comenzó en 1999 a apostar en masa por números que aparecían en la pata de una rana, en el caparazón de una hicotea o en la aleta de un bocachico. Lo curioso es que acertaban. "Duramos tres días pagando a los que hacían fila una vez que cogieron el número de la Virgen del Carmen (el 716, por el 16 de julio)", contó un empresario.

Promotores de apuestas atribuían esa absurda racha de suerte a la llegada a la capital del Atlántico de la casa de apuestas de Enilse López, la 'Gata'. Para chanceros con hasta 20 años de experiencia no se trataba del azar, sino de una estrategia para arruinarlos y sacarlos del mercado. A los números que eran apostados masivamente los llamaron los "números asesinos" porque los llevaban a la ruina. "Nosotros nos sobregirábamos cuando eso pasaba, pero les cumplíamos a los clientes", dicen Gloria Díaz viuda de Martínez y Judit Jassir viuda de Llerena, esposas de dos promotores de venta muertos en esos años.

La irritación entre los curtidos chanceros creció cuando la 'Gata' incrementó los premios para los apostadores, y las comisiones a los vendedores: los 400 pesos que pagaban al ganador por cada peso apostado los subió de un día para otro a 500. Personas cercanas a la polémica empresaria dicen que ella les dio un poco de su propia medicina a los barranquilleros que ya venían con esa práctica.

Para tratar de ponerle freno a la competencia desleal que los estaba acabando, pensaron en hacer un pool. Pero muchos empresarios no aceptaron porque lo consideraban desventajoso. Hubo protestas, reclamos, altercados y apareció el primer muerto. El 8 de julio de 1999 fue asesinado en la puerta de su negocio Dagoberto Enrique González Martínez, dueño de apuestas El Carpintero. Dejó dos viudas y cuatro hijos. Una vive en Barranquilla, alejada del negocio, y la otra se fue para España. Cuatro días después fue asesinado Efraín Carrascal Dumas, de apuestas Cargar. Ambos se oponían a la creación del pool. La familia de Carrascal salió del país.

En medio de esta puja, y con la idea de ponerle el tatequieto a las amenazas entre chanceros y darle algún orden al negocio, el gobierno decidió otorgar el monopolio del chance a una única empresa para que esta, a su vez, retribuyera al departamento el 13 por ciento de la venta neta con destino a la salud.

La licitación en Atlántico fue ganada por una comercializadora recién nacida, Uniapuestas, que agrupaba cinco de las casas de juego. Entre los integrantes estaba Enilse López y muchos de los pequeños empresarios que no estuvieron en la licitación terminaron uniéndose. La primera licitación tenía vigencia hasta diciembre de 2003. Pero en marzo de 2003, y justo antes de que tuviera que dejar el cargo por fraude en la elección, el gobernador Ventura Díaz convocó a una que fue adjudicada una vez más a Uniapuestas, con vigencia hasta 2008.

Cuando mataron a 'Carpintero', los planes de premios no se les estaban cumpliendo a los apostadores, dice Jacinto Molina, su socio. "Nosotros sabíamos que los empresarios estaban jugando con libretas clonadas (talonarios de chance falsos por los cuales luego no les pagaban a los ganadores) y ellos nos echaban la culpa a nosotros. En esa

reunión, Renato Fabián Pardo Donado, socio de Uniapuestas, sacó un arma y nos amenazó. Un mes después mataron a Dagoberto. En las reuniones, el grupo de empresarios liderado por Renato Pardo decía que el 'pool' se haría a las buenas o a las malas. A los promotores y los empresarios asesinados, presuntamente los asesinan por oponerse al 'pool' o por seguir jugando de manera clandestina".

La adjudicación del negocio a un monopolio no detuvo el desangre. El 11 de enero de 2001 fue asesinado Manuel Salvador Caro y el 30 del mismo mes desapareció Antonio Echeverría, el presidente de Sintraapuestas, a quien bajaron de una buseta. Nunca más se supo de él, pero sus hijos han recibido ayuda de Uniapuestas, que paga su seguridad social.

Aunque a algunas viudas parece que se las hubiera tragado la tierra, otras aceptaron hablar. María Maza, viuda de Caro, quedó con dos niños y estaba embarazada de su hija. No tiene trabajo, sus hijos no van al colegio porque no tienen ni para la merienda. Vive con su padre en una vereda a 50 minutos de Barranquilla. A la hija que nació póstuma no pudo registrarla con el apellido de su compañero. A los cinco días de muerto Manuel Caro, un directivo de Uniapuestas, Gabriel Cerra Mass, la mandó a llamar. "Yo fui. Tenía un revólver encima de la mesa. Me dijo: 'Viuda de Caro, hay un millón de pesos para ti'. Yo le dije: con un millón de pesos no lo voy a regresar a la vida. Se los regalo".

La mayoría de las familias de las víctimas no ha podido superar la tragedia. La hija y la madre de Álvaro Llerena fueron testigos del crimen a la luz del día en la terraza de la casa. Judith Jassir de Llerena vive con sus cuñados, no tiene trabajo fijo, su esposo tuvo que vender su apartamento para pagar unos premios. "Lo arruinaron y lo mataron, pero él fue un hombre valiente que no se dejó arrodillar Mi hija mayor sufre depresiones, yo sufro de pánico. Mi hija menor me ha dicho varias veces que quiere suicidarse".

En 2002 fueron asesinados otros tres chanceros: Albeiro Mutelf Merino, el 5 de febrero; Manuel Antonio Rojas Rangel, el 12 de marzo, y Mario Leguizamón

desapareció el 6 de diciembre y hallaron su cadáver cuatro días después.

En 2003 fueron asesinadas dos personas de Uniapuestas, Fresney Ramírez Bustos, oficial en retiro del Ejército, y Renato Pardo Donado, socio de la empresa, con una diferencia de seis días, el 7 y el 13 de marzo. Un informe de Policía dice que Fresney habría sido asesinado por orden de Pardo para evitar que su víctima ejecutara una orden de asesinarlo a él (al parecer, de un socio de Uniapuestas).

Por el crimen de Pardo estuvo detenido Jorge Luis Alfonso, hijo de la 'Gata', pero la Fiscalía precluyó el proceso. La familia vive en el exterior e insiste en acusar a los directivos como autores intelectuales. Lo cierto es que Pardo era jefe de la banda Los Alcatraces, un grupo dedicado al sicariato y narcotráfico. Las relaciones de Pardo con sus socios se deterioraron en 2003, cuando siendo socio de Uniapuestas, licitó con otros empresarios.

El 28 de enero de 2004 el presidente de la Asociación de Promotores, José Moreno, se

reunió con el representante legal de Uniapuestas, Lisandro López Pastrana, y acordaron desmontar una marcha que tenían los chanceros para protestar por la suspensión de unos pagos por parte de Uniapuestas. Al día siguiente fue asesinado Gustavo Martínez Valdés. "Esa fue la respuesta que dieron a nuestros reclamos y no nos volvieron a atender", dice Moreno.

Gloria Diaz, la viuda de Martínez Valdés, acusa a los directivos de Uniapuestas de la muerte de su esposo. "Nos vigilaban para ver si estábamos planteando otra vez (vendiendo chance ilegal) y nos amenazaban. A la casa fue dos veces Renato Pardo con 'guachimanes'. Le decía a Gustavo que entregara el negocio o se moría. El día que lo mataron lo fueron a buscar dos hombres que le ofrecieron un contrato de transporte de frutas y verduras. Yo malicié y les pregunté si en Barranquilla no había más camionetas. Le dije a Gustavo que no se fuera con ellos, que habían ido a matarlo. Discutimos durante dos horas, llamé a la Policía, no llegaron. La camioneta no prendía y compró una batería fiada, todavía me la cobran. Se le metió llevarse al hijo menor, que tenía 6 años. Cuando estuvieron en una zona solitaria por Granabastos, el sicario le disparó dentro de la camioneta, delante del niño". Gloria quedó con tres hijos, vive de la venta de minutos de celular y de rifas esporádicas.

Para los vendedores mayoristas del chance fue tal la intimidación, que algunos se atrevieron a denunciar ante la Defensoría del Pueblo, pero allá, dicen, "nos aconsejaban que lo mejor era que hiciéramos negocio por las buenas". Ante el DAS también denunciaron las amenazas y las muertes de los compañeros, pero el entonces director les habría dicho que se quedaran quietos si no querían que les ocurriera lo mismo.

Unos chanceros hablan de 18 y otros de 21 muertos. En la Fiscalía los procesos no han avanzado: por falta de pruebas precluyen.

Las ocho viudas con las que pudo conversar SEMANA tienen claro que a sus esposos los mataron por estar en el negocio. Este año se abrirá una nueva licitación y quieren volver a un negocio que conocen, para que las muertes de sus maridos no queden impunes.

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