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| 1/19/2018 6:58:00 PM

El criminal más peligroso de Bogotá se la juega en la Corte Suprema

Pascual Guerrero Rincón se hizo conocido en el bajo mundo por hacer de su familia una de las bandas más temidas de la capital, y por ordenarle a un hijo que matara a su hermano.

Los Pascuales: caso en la Corte Suprema de Justicia El criminal más peligroso de Bogotá se la juega en la Corte Suprema Foto: Fotomontaje SEMANA

La casa de Pascual Guerrero Rincón, ubicada en la mitad del cerro del barrio Santa Cecilia, es como un fantasma de la cruda guerra que se vivió allí, y que se extendió a buena parte del norte de Bogotá. En las calles vecinas se rumora que en ese lugar hubo torturas y se cometieron crímenes crueles. Hoy, su dueño y el que fue uno de los delincuentes comúnes más peligrosos de la ciudad, se juega su última carta ante la justicia.

A la Corte Suprema de Justicia llegaron los 800 folios de la investigación y 49 cds en los que se detalla la cruenta historia de un clan familiar que se convirtió en una poderosa banda criminal, como muy pocas en Bogotá, y que terminó diezmada en medio de una guerra fratricida en la que derramaron su propia sangre.

Ahora, el jefe del clan espera que la máxima instancia de la justicia colombiana le rebaje su condena a 30 años de prisión. Esta se la impusieron no por conformar un grupo dedicado al homicidio, al tráfico de drogas, al robo, en dimensiones tan grandes que se llegó a sospespechar que tenían vínculos con otro clan familiar, el del Golfo, el que fundaron los hermano Úsuga. La condena que le impuso la justicia fue por el asesinato de su propio hermano.

Pascual Guerrero Rincón llegó a Bogotá junto a su familia, desplazado del Huila, y se asentó en ese barrio adonde entonces llegaban muchos de los que tenían que abandonar sus tierras por la violencia. La familia se dio a conocer por un puesto de fritanga que atendía la madre y desde donde su esposo y sus hijos empezaron a cuadrar los primeros crímenes.

Primero fueron asuntos pequeños, sobre todo robos de bicicletas. Pero escalaron hasta que, con el tiempo, la fritanguería se volvió una fachada para el expendio de drogas. A comienzos del nuevo siglo, varios de los integrantes de la familia conformaron una banda que empezó a conocerse como los Pascuales, y que amplió su repertorio criminal y su dominio territorial enfrentándose a fuego con otros criminales de la zona.

De Santa Lucía, los Pascuales pasaron a otros barrios de Usaquén, como El Codito, Villa Nidia y Cerro Norte. La zona se convirtió en la más conflictiva del norte de Bogotá. En 2008, un policía fue asesinado en la zona y se sospechó de ellos. Las autoridades también tuvieron la tesis de que la banda era un enlace en la capital del Clan del Golfo, el grupo criminal más grande del país.

Entonces la Policía y la Fiscalía lanzaron una ofensiva contra el grupo que llevó a la captura de varios de sus miembros. En ese momento, de la misma nómina de la banda, y del mismo clan familiar, apareció la mayor amenaza para los Pascuales. Luis Guerrero, sobrino de Pascual, quien había hecho carrera delictiva a su lado, aprovechó la debilidad del grupo para formar una disidencia, para disputar los negocios, que se conoció como Los Luisitos.

Comenzó una pugna que arreció en 2013, cuando los jefes de las bandas intentaron una negociación. El 6 de enero se citaron en un asadero de pollo a la entrada del barrio. Pascual Guerrero no se arriesgó a asistir, pero envió a dos de sus hijos. Luis Guerrero tampoco llegó, pero envió a tres de sus hombres de confianza.

La conversación dio paso a la confrontación y, hacia las 4 de la tarde, empezó la balacera entre los supuestos negociadores. Los dos hijos de Guerrero murieron, al igual que dos de los enviados de su sobrino. El patriarca del clan, furioso, quiso cobrar venganza. Entonces llamó a otro de sus hijos y lo envió matar al padre de Luis Guerrero, a su propio hermano. Esa misma tarde y en el mismo barrio se ejecutó el crimen.

Tras ese episodio, la situación se volvió tan pesada que el presidente Juan Manuel Santos organizó un consejo de seguridad en el barrio. Y luego de sus disposiciones, los dos jefes en confrontación fueron capturados. La paz, sin embargo, no llegó a esa zona, donde aparecieron bandas recicladas de esos grupos. En octubre de 2016, Pascual Guerrero fue condenado a 30 años de prisión.

Toda esta crónica roja ya la conoce la máxima instancia judicial. En los próximos días, el patriarca de los Pascuales asistirá a su primera audiencia ante la Corte Suprema de Justicia, donde espera reducir su pena.

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