Desde cuando nació María Camila, hace cinco años, la relación sentimental entre María del Carmen Arango y el sacerdote católico Francey Díaz Toro comenzó a deteriorarse. El esfuerzo del párroco por tratar de ocultar que sostenía relaciones de concubinato con la mujer desde hacía 15 años se le fue agotando después del nacimiento de la niña y sólo pensaba en el peligro de perder su orden sacerdotal si se llegaba a conocer la verdad.
Ambas desaparecieron el pasado lunes 12 de febrero. Tres días después, las autoridades identificaron dos cadáveres con sus características que fueron arrojados a la orilla de un camino intransitable cerca de Anserma, Caldas. Pero el pecado no terminó ahí. Ambos cuerpos estaban incinerados. Nueve meses después, las pruebas de los investigadores del CTI los llevaron a capturar, el pasado jueves, al sacerdote. Al parecer, la noche del crimen hubo una fuerte discusión dentro de la casa cural y una pelea a golpes. Las dos fueron brutalmente asesinadas. Nadie los oyó ni tampoco vieron quién cargó sus cuerpos sin vida y los montó en un carro.
El presunto asesino siguió su vida normal. Tan normal, que a los mismos feligreses de la parroquia de Mistrató, en Risaralda, les queda difícil aceptar la frialdad con que su párroco, de 50 años y a quien conocían desde hacía seis años, celebró 15 días después la Semana Santa fingiendo una paz interior y una calma profunda, mientras la familia de la madre y la niña asesinadas vivía un verdadero calvario. "La última llamada que nos hizo fue para contarnos que había encontrado a Francey (el sacerdote) con otra mujer. Ella nos dijo que lo amenazó con denunciarlo a la curia. Nosotros como católicos no estábamos de acuerdo con esa relación, pero ella se enamoró", le dijo a SEMANA Wilson Arango, hermano de la víctima.
Quienes los conocieron aportaron su testimonio a la Fiscalía, que adelantó una silenciosa investigación hasta reunir las pruebas. Ebered Palacios y Eduardo Bohórquez, los jefes del CTI en Anserma y Caldas, fueron los acuciosos investigadores. Cuando encontraron los cuerpos incinerados, hallaron también la que sería la 'prueba reina'. Al lado de María del Carmen, de 31 años, había un negativo de fotografías que al compararlas con otras de un álbum que conservaba la mujer en su casa, permitieron identificar al sacerdote. En otras, aparecía una panorámica de Mistrató, y en otra, una mujer desconocida. Palacios comenzó a indagar con los vecinos sobre la identidad de las personas que aparecían en las fotos, mientras en Medicina Legal de Bogotá practicaban las pruebas genéticas de ADN con los familiares de la madre y la niña.
La investigación iba por buen camino. Los hombres del CTI examinaron la habitación del párroco durante 15 horas seguidas con la misma técnica que se utilizó cuando ocurrió el asesinato en Bogotá de la monja Luz Amparo Granada. Luego de esparcir en el piso de la habitación y en las escaleras que conducen al garaje un químico utilizado en investigación forense conocido como 'luminol' (que brilla ante una luz ultravioleta en la oscuridad cuando encuentra rastros de sangre), determinaron que había serios indicios de que la muerte de María del Carmen y María Camila hubiera sido en la casa cural. Había sangre en el colchón, en el piso y el rastro los llevó hasta el primer nivel de la edificación. Así mismo, los médicos forenses pudieron establecer que ambas recibieron fuertes golpes y la niña tenía fracturas en el cráneo. La empleada de la casa cural y el sacristán también dieron su testimonio. Y algunos vecinos declararon que vieron salir el campero del sacerdote, el día del crimen, a las 9 de la noche y regresar a las 2 de la madrugada.
El jueves pasado, cuando fue capturado por orden de un juez de garantías de Anserma, el sacerdote lo negó todo. Se declaró inocente, pero quedó recluido en una cárcel y el fiscal tiene 60 días para presentar la acusación formal. "Nos parece horrible la noticia del crimen. La Iglesia también tiene sus pecadores y tenemos que esperar el juicio. Si llegara a resultar culpable, le fue infiel a su sacerdocio, a la Iglesia y a la comunidad. Nosotros le aplicaremos también la ley eclesiástica", dijo monseñor Tulio Duque, obispo de la Diócesis de Pereira, quien se mostró conmocionado, como lo está también la población mistratense a la que sólo la fe puede ayudar a superar esta terrible y macabra noticia.
judicial
Pecado mortal
La Iglesia está conmocionada por la detención de un sacerdote católico a quien acusan de golpear a su amante y a su hija hasta dejarlas sin vida. Luego incineró sus cuerpos.
Siga las noticias que marcan la agenda del país en Discover y manténgase al día
23 de noviembre de 2007 a las 7:00 p. m.
