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A la salida nos vemos

Las peleas entre estudiantes de prestigiosos colegios en Cali han pasado a mayores. Sus directivas están en jaque, mientras la ciudadanía observa aterrada.

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29 de enero de 2005, 7:00 p. m.

Una noche de septiembre del año pasado dos hermanos, estudiantes del Colegio Jefferson de Cali, paseaban por una de las calles de su barrio cuando fueron atacados desde una camioneta 4x4. Unos jóvenes desconocidos les dispararon con una pistola de jugar paint ball. La munición había sido congelada y en vez de explotar cuando hizo impacto, le destrozó la retina al menor de ellos. Un mes después, en el parqueadero de una discoteca de moda, una veintena de estudiantes de los colegios Colombo Británico y Bolívar se enfrascaron en una riña por un lío de faldas que ocasionó destrozos en los vehículos y sólo se detuvo cuando intervino la Policía.

En noviembre un partido de fútbol entre el Pío XII y el Berchmans terminó en una pelea en la que también resultaron involucrados varios padres de familia y profesores que intentaban disolver la riña. La gresca cesó cuando un escolta hizo dos disparos al aire, "para calmar los ánimos", según dijo. También en las celebraciones de fin de año en un reconocido club social, alumnos del Británico y el Bolívar se trenzaron a puños y botellazos. Algunos padres autorizaron la participación de sus escoltas, y unos muchachos intentaron despojar del arma de dotación a uno de los celadores del club. Milagrosamente no hubo una tragedia.

Estos son sólo algunos de los incidentes que han empezado a hacerse frecuentes entre colegiales de clase alta de Cali, que se han seguido repitiendo este año y que tienen preocupados a padres, directivos y autoridades. Estudiantes de estos colegios consultados por SEMANA coinciden en que esto "se ha vuelto como una moda", y que cualquier motivo es válido para irse a los golpes. Algunos se han metido tanto en el cuento, que "lo que están armando son verdaderas pandillas".

Para Miguel Yusty, secretario de Gobierno de Cali y especialista en temas de violencia, las raíces de lo que se vive están en "la herencia de la cultura mafiosa" que pudo haber calado en el imaginario de los muchachos, "por eso ahora las peleas comienzan a puños, pero terminan a bala entre los escoltas". Apoya sus afirmaciones en las cifras del Observatorio Social de Cali que indican que en 2004, hasta octubre, el 76 por ciento de las riñas callejeras se presentaron en el estrato 6 y particularmente en los sectores que frecuentan estos muchachos.

La semana pasada el diario El País convocó a un foro donde representantes de seis colegios analizaron el tema. La permisividad de los padres frente al consumo de licor y la poca atención que les prestan a las actividades de sus hijos fueron quejas recurrentes. "Mientras les vaya bien académicamente, lo demás no les importa tanto", dijo a SEMANA Néstor Acevedo, rector del colegio Juananbú. Juan Carlos Arana, director de bienestar estudiantil del Berchmans, y Gloria de Hincapié, rectora del Jefferson, coinciden en que no debe estigmatizarse a los muchachos y que las autoridades deben controlar el ingreso a los sitios nocturnos y la venta de licor a estos. Otros directivos de colegios como el Colombo Británico y el Bolívar prefirieron no referirse al tema.

Sin embargo, poco se habla de lo que van a hacer los colegios, a los que los padres han encargado en buena parte la formación de los muchachos. El Bolívar anunció que ha comenzado a sancionar a sus estudiantes por mal comportamiento fuera de la institución. Pero esa medida ha generado polémica y hay muchas dudas sobre su efectividad. Lo preocupante es que esta tendencia a la violencia juvenil en Cali, de no recibir la debida atención, más que narices rotas y ojos morados podría cobrar vidas muy pronto.