El vía crucis del tratado de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos terminó. A las 4:30 de la mañana, los colombianos se enteraron hoy de que voceros de ambos gobiernos se pusieron de acuerdo en temas como el arroz, el azúcar, los famosos cuartos traseros de pollo, entre otros.
Del tema se hablará todo el día. Por eso, el presidente de la República Álvaro Uribe, explicará esta noche, en alocución radio- televisada, los alcances del acuerdo que comenzará a regir el próximo 1 de enero.
Este es un punto aparte de una negociación que no ha sido fácil. Cuando se escriba la historia de las negociaciones del tratado de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos, posiblemente dos decisiones del pasado miércoles 22 de febrero quedarán enmarcadas como los hitos. Se adoptaron en dos oficinas de Washington D.C., separadas por varias cuadras. La primera fue pública y se conoció en la sede del representante comercial de Estados Unidos (USTR), Rob Portman. Durante una rueda de prensa con el comisionado comercial de la Unión Europea, Peter Mandelson, Portman dijo que creía que “estamos muy cerca de finalizar un acuerdo con Colombia”. Para muchos observadores, acostumbrados a la excesiva locuacidad de los ministros colombianos, la importancia de la frase pasó desapercibida. Desde hace varios meses el gobierno, desde el mismo presidente Álvaro Uribe hacia abajo, ha hablado de la inminencia de la firma del TLC. En septiembre 2005, Uribe dijo que "si le hacemos unos ajusticos que estamos pidiendo, especialmente en ese sector agrícola, lo vamos a firmar y los vamos a aplicar rapidito”.
Lo novedoso de la declaración de Portman, sin embargo, es que era la primera vez que el USTR se mostraba tan optimista ante los medios. Los negociadores comerciales gringos son reconocidos por la parquedad de sus comentarios y su discreción. El mensaje de Portman parece haber llegado a su destinatario principal: los negociadores gringos. Había llegado la hora de resolver los temas pendientes. Aunque no fue inmediato, eventualmente hubo la necesaria flexibilidad de parte de ellos para hacer posible el anuncio del TLC entre Estados Unidos y Colombia.
Ese mismo día, en una reunión en el séptimo piso de 1901, de la calle N- donde que la oficina comercial de Colombia- los ministros de Comercio, Jorge Humberto Botero, y de Agricultura, Andrés Felipe Arias, acogieron un cambio de táctica sugerido por el negociador Hernando José Gómez. Era evidente que el tema agrícola estaba en un punto muerto, debido a las continuas negativas de la negociadora norteamericana, Mary Latimer, a las pretensiones colombianas. Gómez propuso a los ministros celebrar negociaciones paralelas con los gringos: una técnica con Latimer encabezada por él y una más política, con el jefe agrícola de USTR, Richard Crowder. La estrategia funcionó. Se pudieron desempantanar los temas más espinosos y lograr un objetivo trazado inicialmente por el entonces presidente César Gaviria en 1993 y abordado como prioridad por Uribe en una reunión con el mandatario estadounidense George Bush en abril de 2003.
Ahora viene lo difícil. A pesar de la lógica euforia y los abrazos, al TLC le queda un camino repleto de obstáculos antes de volverse realidad. Hoy es apenas un documento de buenas intenciones entre las ramas ejecutivas de dos gobiernos amigos. Durante los próximos 90 días, se reunirán los abogados y técnicos para poner los puntos sobre las íes y definir los más mínimos detalles. Es un proceso tortuoso, ya que el acuerdo debe ser comprensible tanto en inglés como en español. Por eso la firma del tratado se haría en junio, posiblemente después de que se haya definido la presidencia de Colombia para el período 2006-2010.
En ese momento los gobiernos buscarán el mejor momento para buscar la aprobación del tratado en sus respectivos congresos. Para el presidente George Bush no será nada fácil: su popularidad sigue cayendo y los acuerdos comerciales son poco apetecidos por los congresistas en un año electoral como el actual. Y si por allá llueve, aquí no escampa.
Según las encuestas, a los colombianos no les gusta el TLC. Durante los últimos meses han escuchado que el acuerdo va a acabar el campo, agravar el conflicto, dejar millones de desempleados y aumentar el precio de los medicamentos. Y lo increíble, todo de voz de los ministros. Como lo dijo un dirigente político a SEMANA, la mayor oposición al TLC provino del mismo gobierno, especialmente de los encargados Agricultura y Protección Social. Sólo a este año, todos los funcionarios cambiaron el libreto y empezar a hablar de los múltiples beneficios del acuerdo.
Uno de las grandes incógnitas del álgido debate fue el silencio de muchos sectores favorecidos. Según conoció SEMANA, el gobierno pidió discreción a esos gremios con el fin de evitar conflictos internos y al mismo tiempo, debilitar la posición negociadora colombiana ante los gringos. No sirvió lo uno ni lo otro. Hace un año la mayoría de los colombianos apoyaba el TLC, hoy sólo una tercera parte. La demora en llegar a un acuerdo garantizó que el tema fuera central en la campaña electoral. Ya candidatos presidenciales como Horacio Serpa y Antonio Navarro volvieron el “no” al TLC el eje de sus campañas y en las elecciones legislativas de marzo, son pocos los aspirantes que profesan aprecio por el acuerdo. Esta antipatía hará difícil su trámite por ese Congreso que se instala en julio. Y aun, si se lograra su aprobación antes de finalizar el año, quedaría pendiente la revisión por parte de la Corte Constitucional en 2007. En otras palabras, de aquí a que el TLC sea algo más que un papel membreteado, queda mucho trecho.
tlc
Ahora viene lo difícil
Hoy en la madrugada, por fin, se llegó a un TLC con los gringos. Pero si el gobierno comete los mismos errores políticos de manejo que hizo durante las negociaciones, se le puede enredar la aprobación del acuerdo.
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26 de febrero de 2006, 7:00 p. m.