Los colombianos conservan en su memoria la sonrisa de Luis Eduardo Garzón la noche de su victoria a la Alcaldía mayor de Bogotá. Al lado, su madre, y todo el equipo de colaboradores que lucían chaquetas amarillas, mientras del cielo caían serpentinas y se escuchaba la música bailable. Todo era fiesta en el Centro de Convenciones, aunque en otros sectores de la ciudad muchas personas observaban con inquietud, a través de la televisión, la escena.
Era el fin de una travesía dolorosa. La mayoría de compañeros de generación y amigos de militancia de Lucho -como le gusta que lo llamen- habían sido asesinados, pero él no sólo había sobrevivido, sino que había alcanzado el segundo puesto en importancia del país. La izquierda al poder, sin embargo, más que un triunfo de la democracia, en algunos sectores el hecho era visto con temor. ¿Cómo iba a gobernar? Cuatro años después, está claro que la sociedad ganó, el país avanzó democráticamente y se demostró que en los tiempos modernos se puede acceder al poder por la vía de las urnas y no de los fusiles.
Ahora, cuando su gestión está a punto de terminar y las insólitas inquietudes de los sectores más reaccionarios quedaron en el olvido, es la hora del balance administrativo de la eficacia de su trabajo.
Luís Eduardo Garzón fue elegido alcalde de Bogotá por lo que en ese entonces se conocía como Polo Democrático Independiente (Hoy Polo Democrático Alternativo), con más de 700.000 votos, en octubre de 2003, para el periodo 2004-2007. Como mandatario estuvo dedicado a brindarles protección y seguridad alimentaria a los sectores deprimidos de la capital, para lo cual diseñó el Plan de Desarrollo ‘Bogotá sin Indiferencia’, con base en estrategias como:
Bogotá sin hambre: El programa ‘Bogotá Sin Hambre’ (BSH), puesto en marcha en enero de 2004, se crea como una estrategia para garantizar a todos los habitantes del distrito el acceso a por lo menos una ración diaria de comida con contenidos nutricionales básicos. Como resultado de esta gestión, la ciudad obtuvo mejoras en el índice de desarrollo humano y calidad de vida, según los datos del programa de desarrollo humano del Pnud, los cuales, dice el ex alcalde Antanas Mockus, son dignos de toda confianza.
El programa ‘Bogotá cómo vamos’, en su último informe a 2007, califica esta gestión como un gran acierto social en la capital, sin embargo, el concejal Carlos Baena considera que para su debida continuación, se debe analizar a qué sectores de cada localidad se les debe dar prioridad mediante la declaración de emergencia alimentaria, sin dejar de atender a los demás, visión que es compartida por el ex alcalde Mockus, quien además opina que está sucediendo algo contradictorio, ya que si hay reducción de pobreza, el cubrimiento de la política asistencialista del Distrito debe decrecer, pero lo que está ocurriendo es todo lo contrario.
Salud a su hogar: Mediante esta estrategia se quiso beneficiar a los ciudadanos de escasos recursos, quienes, por los altos costos en los que en ocasiones deben incurrir, les es difícil acceder a este servicio.
El desarrollo del programa ‘Salud a su Hogar’ tuvo un gran lunar y fue la salida de Román Vega de la Secretaria de Salud, pues debido a que fue él quien lo instaló, tenía claro cuál era la línea a seguir y la manera como se debía proceder, según lo que opina el candidato al Concejo de Bogotá por el Partido Verde Opción Centro Eduardo Arias, quien comenta además que aunque el programa quedó instalado durante el primer año, su presupuesto no quedó ajustado para los siguientes, lo que provocó que esta gestión quedara en el limbo.
Bogotá, una gran escuela: Esta gestión tenía como fin ampliar el cubrimiento escolar para los estudiantes de escasos recursos y evitar que estos abandonen las aulas. Los indicadores del Programa ‘Bogotá cómo vamos’ muestra que la inasistencia escolar pasó del 7 por ciento en el 2004, a un 4 por ciento a junio de 2007; en cubrimiento escolar la encuesta Bogotá cómo vamos, a 2007 dice que mientras la educación pública en 2004 fue de 56 por ciento, en junio de 2007 tuvo un leve incremento, al pasar a un 59 por ciento, y en el sector privado, que en 2004 tenía un cubrimiento del 39 por ciento, en junio de 2007 pasó a tener el 37 por ciento. Con estos datos se podría concluir que posiblemente el leve aumento en el número de estudiantes en colegios distritales estuvo dado por el cambio de institución de una privada a una pública o por el retorno de quienes se vieron obligados a abandonar los estudios.
Cabe destacar los esfuerzos que ha hecho el Distrito por el retorno a las aulas y el no abandono de las mismas, para lo cual retomó la tarea iniciada por la administración de Enrique Peñalosa de construir colegios distritales, pero además les dio mejor infraestructura a los ya existentes en las zonas de escasos recursos de la capital del país, tarea aplaudida por el representante a la Cámara David Luna, a quien le parece maravilloso que el alcalde Garzón haya tomado la decisión de ampliar los colegios con excelentes condiciones físicas, cumpliendo con el objetivo de contribuir desde el sector educativo a la construcción colectiva y progresiva de una ciudad moderna, humana e incluyente.
En esta línea, el ex alcalde Jaime Castro asegura que ‘Bogotá una gran Escuela’ y ‘Bogotá sin hambre’, sin duda alguna ayudaron a ponerle el sello social a la administración de Luis Eduardo Garzón en Bogotá, opinión que es compartida por el candidato al Concejo de Bogotá por el Polo Democrático Antonio Sanguino; el ex alcalde Mockus ve con buenos ojos el que se haya dado gratuidad para la educación básica primaria, y aunque él, como primer mandatario de la ciudad, defendió el pago de las matriculas en la educación pública, y con esos recursos, que no eran muy significativos, se les garantizaba el acceso a los colegios a quienes no tenían recursos económicos para ingresar a las aulas, reconoce que es mejor acogerse a la norma dada por la Constitución Nacional que dice que la educación pública debe ser gratuita.
Inclusión Social: En la parte de inclusión social, la administración de Luis Eduardo Garzón centró sus esfuerzos en garantizarles seguridad y trato digno a personas de la comunidad Lgbt, habitantes de la calle, personas en situación de prostitución, y desplazados por la violencia. Con la comunidad Lgbt la Alcaldía dispuso una casa de asesoría sicológica, con la que se inició una ruta de atención a esta población como política pública del Distrito Capital, en lo que el candidato al Concejo Antonio Sanguino se muestra en acuerdo, por considerar que la ciudad necesitaba comenzar a reconocer como ciudadanos a los grupos poblacionales que de una u otra forma han sido marginados de las políticas pública que se han ejecutado.
En general se puede decir que el éxito de la administración Garzón está en la inversión social desarrollada en lo que va de su gobierno, lo que permitió visibilizar este flagelo que más adelante se podría convertir en una bomba de tiempo si no se le prestaba atención y que además trazó una nueva ruta para las próximas Alcaldías.
Movilidad vial: Si la inversión social fue el punto por el cual sobresale la administración Garzón, la movilidad vial es su talón de Aquiles.
Con el manejo del TransMilenio, empresa de transporte que comenzaba a ser el símbolo insignia de la capital de Colombia, no se obtuvo muy buena calificación de parte de los ciudadanos, pues pasó de 4,1 en 2003, a 3,4 en 2007, con el agravante de que es el sistema de transporte peor calificado de la ciudad. Sólo el 29 por ciento de los bogotanos cree que TransMilenio es mejor que el transporte público colectivo corriente. El representante a la Cámara David Luna dice que los problemas de sobrecupo, de demoras en las frecuencias y de inseguridad son evidentes, y que necesariamente la próxima administración debe empezar a resolver.
Según las cifras de ‘Bogotá cómo vamos’, el uso del transporte público tradicional (Buses /Ejec.) pasó de un 22 por ciento en el año 2004 a un 28 por ciento a junio de 2007, mientras que el uso de busetas, que en el año 2004 estaba en un 16 por ciento, mantuvo la misma cifra a junio de 2007, lo que quiere decir que el TransMilenio aún no logra convencer a los capitalinos de sus beneficios, lo que provoca que el transporte público tradicional siga imponiendo las reglas de juego en materia de tránsito.
Andrés Hernández, secretario de Tránsito de Bogotá durante el gobierno de Mockus, asegura que: para que la movilidad vial no se viera afectada, era necesario continuar con campañas de cultura ciudadana, pues quedó demostrado que no basta con la acción que pueda desarrollar la Policía de Tránsito, hizo falta explicar a la gente que cuando se parquea sobre una vía, no sólo pone en riesgo la vida del transeúnte, también se aumentan los tiempos de desplazamientos de un lugar a otro, pero además pone también a la autoridad a colocar comparendos, lo que distrae su atención de cosas que realmente son importantes como evitar accidentes automovilísticos.
El ex alcalde Jaime Castro considera que fue un error el haber puesto como Secretaria de Movilidad a la misma persona que con Garzón fue Directora del Idrd primero, y luego Secretaria Privada. Según él, para uno de esos tres cargos seguramente tenía calidades, pero no para los tres.
El próximo alcalde de Bogotá debe centrar sus esfuerzos por resolver todo el tema de movilidad y tránsito en Bogotá, pues hoy día el transporte público tradicional continúa con la mayor demanda en la ciudad, y los tiempos de desplazamientos aumentaron por la invasión a los andenes de parte del vehículo particular y por el creciente aumento en ventas del parque automotor.
Espacio público: Hoy día el 63 por ciento de los bogotanos considera que el nivel de invasión al espacio público es provocado por los automóviles, y el 56 por ciento cree que por las ventas ambulantes, lo que hace entender que la recuperación del espacio público es otro lunar de la Alcaldía de Luis Eduardo Garzón, pues los andenes de la ciudad volvieron a ser invadidos por los vendedores ambulantes y el vehículo particular. Actualmente se han vuelto a ocupar los andenes de las zonas comerciales de las localidades de Suba, Kennedy y Chapinero, los alrededores de los parques Simón Bolívar y Salitre Mágico.
El concejal Carlos Baena considera que la solución no fue la más eficaz, pues la gente, al no vender, vuelve a los andenes, pero si hubo voluntad política del alcalde por tratar de dar una solución o asumir el tema con una perspectiva diferente a la de los ex alcaldes Peñalosa y Mockus.
Seguridad: El manejo que se le dio a la seguridad de los bogotanos tuvo una gran falla, comenta el ex alcalde Paul Bromberg, pues no se lo resuelve solo con Policía, es necesario integrar más a la autoridad con la comunidad y entre ambos buscar soluciones integradas.
Esta explica el aumento en los delitos de mayor impacto como: lesiones comunes, que pasaron de 4.451 a 5.226, lo mismo que el hurto a residencias, que para el mismo lapso pasó de 2.932 a 3.426, y que el hurto a personas haya tenido poca reducción, pues duramente el mismo período en 2006 la tasa, que estaba en 8.342, a 2007 paso a 7.850, mientras que las cifras en homicidios se han mantenido en 902, como lo demuestra el Sistema Unificado de Información de Violencia y Delincuencia de Bogotá en el período comprendido entre enero y agosto de 2006, a enero y agosto de 2007.
En cuestión de prevención de la delincuencia juvenil, el alcalde Garzón decretó el toque de queda para menores en la localidad de Suba, acción que es aplaudida por el ex alcalde Bromberg, pues durante su período también acudió a esta medida.
Manejo tributario y administrativo:
En manejo tributario y administrativo la ciudad no sólo mantuvo la calificación AAA de Bogotá en las calificadoras de riesgo, sino que además se logró superar la meta en recaudo tributario, según las cifras de la Secretaria de Hacienda de Bogotá. 8,4 billones de pesos fueron recaudados en los tres años de Garzón, lo que supera la meta, que fue de 7,7 billones.
El concejal Carlos Baena destaca la labor del Secretario Pedro Rodríguez, pues dice que aunque varió el esquema de indicadores de Mockus, que era presupuesto inteligente a presupuesto por resultado, ha sido un manejo responsable.
Uno de los mayores logros de la Secretaria de Hacienda fue recuperar la cartera morosa, gracias a los programas de antievasión y gestión de cobro mediante facilidades de pago, tema en el cual el ex alcalde Bromberg considera que fue muy arriesgado porque entonces el incumplimiento en el pago se puede volver repetitivo, lo que pondría en riesgo la cultura tributaria que ha destacado a los bogotanos.
Lo que nadie se explica en el momento es por qué la decisión de no hacer efectivo el cobro de la valorización aprobada por el Concejo de Bogotá. El burgomaestre dice que por razones de la coyuntura electoral es mejor no hacerlo todavía, razón que es discutida por los ex alcaldes Castro, Mockus, y Bromberg, lo mismo que el representante David Luna, quienes aseguran que la gobernabilidad y la ejecución de los planes no deben estar condicionados a los tiempos electorales
La administración de Luis Eduardo Garzón en Bogotá pasará a la historia como un gobierno enfocado en mayor proporción a las soluciones de los sectores vulnerables de la ciudad y aunque trató de no descuidar los temas en los que Bogotá se había logrado destacar, la falta de una buena gerencia y dirección en temas como la movilidad vial, la laxitud en el manejo del espacio público y el abandono del programa de Cultura Ciudadana, y los pocos resultados en materia de seguridad, han puesto en riesgo el desarrollo de una política urbana gestada desde administraciones anteriores.
El autor de este reportaje, Óscar Fernando Sevillano, es investigador y periodista.
sevioscar@hotmail.com
BALANCE
En el ocaso de su gobierno, los bogotanos se preguntan ¿pasó la prueba Lucho Garzón?
El balance es favorable en lo social, pero deja sinsabores en el manejo de movilidad vial, cultura ciudadana y espacio público. Una mirada con lupa a la administración del Alcalde Mayor, el primer gobierno de izquierda que manda en Bogotá. Informe Especial.
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Óscar Fernando Sevillano
25 de septiembre de 2007 a las 7:00 p. m.
