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| 11/3/2002 12:00:00 AM

"Soy un economista de alcantarilla". Entrervista con Juan Luis Londoño.

Dos de cada 10 colombianos reciben pensión, el déficit pensional acumulado vale 13 veces el presupuesto nacional del año 2002, la mitad de los colombianos en edad de trabajar en el campo están desempleados y uno de cada cinco de ellos, que vive en las 13 principales ciudades, está desocupado. A esta bomba social se le midió Juan Luis Londoño, ministro de Salud y Trabajo y ganador del Premio Fundación Alejandro Angel Escobar, 1996. ¿Quién es y cuáles son sus teorías económicas?

Cifras es lo que tenemos: sólo 2 de cada 10 colombianos en edad de pensionarse, reciben mesadas; el déficit pensional acumulado vale 13 veces el presupuesto nacional del año 2002; la mitad de los colombianos en edad de trabajar en el campo están desempleados y 1 de cada 5 de ellos, que vive en las 13 principales ciudades, está desocupado; 28 millones de personas viven hoy en Colombia en situación de pobreza, es decir el 64 por ciento de la población; la tasa de desempleo nacional es la más alta de Latinoamérica: 17,8 por ciento. Y las propuestas de reforma están sobre el tapete: eliminar los regímenes de excepción a la hora de pensionarse, aumentar las cotizaciones y la edad de jubilación, incentivar la contratación de personal en lugar de mantener los recargos por horas extras, crear un fondo con un porcentaje de las cesantías aportadas para sobrellevar el desempleo por seis meses, ser incluido en un listado con su historia laboral, permanencia en una caja de compensación familiar.

Sin embargo, poco sabemos sobre el hombre que está al mando de las carteras que tienen la tarea de hacer prosperar estas reformas sociales de la mejor manera: Juan Luis Londoño, ministro de Salud y Trabajo. Es carismático y acelerado. Habla con enorme propiedad y serenidad. Ennumera sus ideas, como buen organizador, meticuloso y lleno de rigor. Su visión sobre la economía es clave para analizar al hombre detrás de las decisiones.

Dominique Rodríguez: Usted ha pasado por la Universidad de Antioquia, por los Andes y por Harvard. ¿En qué han cambiado sus intereses sobre la economía?

Juan Luis Londoño:Se dice que economista que no fue marxista a los 20, que no fue keynesiano a los 30, que no fue clásico a los 40 y que no sea pragmático a los 50, ni pragmático, ni marxista, ni keynesiano, ni clásico será. Yo he pasado por estas cuatro fases en la vida, a veces de extremos ideológicos, que ahora me tienen en un pragmatismo que me lleva a la única teoría en la que ahora creo: una teoría importada, se llama LQF, Lo Que Funcione, ninguna de ellas está en los libros.

D.R.:María Isabel Rueda en una de sus columnas dice que "los economistas nos tienen 'mamados' por su falta de compromiso para hacer una proyección a futuro". ¿Qué piensa de ello?

J.L.L.:En primer lugar, la ciencia de adivinación del futuro no tiene bases firmes ni en economía, ni en ninguna otra disciplina. Segundo, el conocimiento humano es limitado, por lo tanto es inevitable que haya tantas diferencias de opinión, entre economistas, como las hay entre abogados, entre médicos, o incluso en ingenieros.

D.R.: Usted dirige dos carteras que se fundamentan en la buena salud económica para cumplir con sus objetivos, meramente sociales. ¿Cómo equilibrar esta balanza cuando los números deben tener rostros humanos?

J.L.L.:Para ponerlo de otra forma. La combinación que hay que armar es darle salud a la economía y economía a la salud. ¿Qué ocurre en el campo de la salud? Hay plata, ahí se está haciendo un esfuerzo enorme por sacar adelante su sistema de salud. Los últimos siete años fueron de esfuerzos financieros que no se vieron reflejados en suficientes resultados, sobre todo porque no basta con esa plata, hay que tener la plata bien asignada, hay que tener los objetivos correctos, hay que tener la plata orientada a donde pueda tener un mayor impacto. Y en eso hemos fallado. La segunda tarea, más que levantar plata, es utilizarla con mejor respaldo, es hacer una buena economía en la salud.

Por supuesto, pasa en salud como pasa en empleo, no se puede tener salud ni empleo sin una buena economía. Y la economía tiene falencias, tiene enfermedades tan grandes como las que tuvo el sistema de salud en otra época. Es un sistema que está amodorrado, que está enclaustrado, que está sin innovación y lo por tanto la tarea es cómo logro generar buena salud al tiempo que buen trabajo y buena economía, y eso hace que tengamos una mirada económica al tema social y una mirada social al tema económico.

D.R.:¿Cree que esa combinación de sicología con economía tiene algo que ver con el Nobel de este año de economía Daniel Kahneman y Vernon Smith?

J.L.L.:La semana pasada estuve en el Centro de Salud Hospitalaria, un buen lugar que reúne a los directores de hospitales, y me hicieron un comentario muy sarcástico: "Ministro, se ha dado cuenta que el premio Nobel de economía de este año, no se lo ganó un economista, sino alguien del sistema de salud?". No más comentarios.

D.R.: En su tesis doctoral para Harvard, hizo un estudio sobre la distribución del ingreso, el desarrollo económico y la desigualdad de estos factores en Colombia. ¿Por qué se interesó por ese tema ?

J.L.L.: Yo he tenido una trayectoria grande en temas sociales, yo me llamo un economista de alcantarilla, porque estoy preocupado por los problemas de desempleo, de pobreza, de desnutrición, y le he gastado 20 años a eso. Encontré en Harvard dos cosas: una muy buena orientación teórica que me permitió tener instrumentos analíticos para problemas que yo había pensado desde antes, y segundo uno paradójico, me encontré allá más datos que en Colombia. En las bibliotecas de Harvard habían comprado la vieja biblioteca del Gimnasio Moderno, que después fue la biblioteca de la Universidad de los Andes y que está ahora en la Universidad de Harvard.

Me encontré la colección más completa de información básica en bruto, de qué era la Contraloría en los años 30, de qué era el Banco de la República en los años 40, y me engolosiné enormemente por coleccionar información sistemática. Entonces, lo que antes de mi doctorado eran preocupaciones de corto plazo, descubrí que era tiempo de pensar en períodos largos, que no podía a riesgo de resultar engañado pensar en temas distributivos si no pensaba en períodos largos.

D.R.:¿Qué encontró interesante con el desarrollo de la tesis?

J.L.L.:Me encontré dos sorpresas grandes. Primero, que no era cierto que Colombia fuese estructuralmente desigual, que era hasta esa investigación el lugar común, que éramos la tercera economía más desigual del mundo y que siempre había sido así. Y segundo, que eso era por razones estructurales, que cuando alguien dice estructurales es porque nadie entiende qué son. Y me encontré que a diferencia de una estabilidad muy alta en la desigualdad, Colombia había tenido una enorme fluctuación en su desigualdad, que al comienzo de su período de desarrollo, Colombia era un país muy pobre, pero no muy desigual, que la desigualdad había crecido brutalmente en los años 40, 50 y 60, había llegado a un pico al final de los 50 y 60 y había tenido un progreso enorme a partir de entonces.

Lo que caracterizaba a Colombia era que 70 años tuvimos la fluctuación distributiva o el cambio distributivo que tuvo Inglaterra en un período cinco veces más largo, en 250 años. La paradoja es que la tesis presentaba que el problema que hay que explicar no es por qué somos tan desiguales, sino por qué cambia tanto la desigualdad. Y al buscar explicaciones encontré dos razones de fondo que creo que siguen siendo válidas.

Estudié con la forma como los países acumulan, la forma como los países invierten, como Colombia distribuyó sus escasos recursos entre máquinas. Encontré que cuando el país no invirtió en educación ni en mejoramiento de tierras, el esfuerzo ahorrador de inversión fue muy asociado con más concentración del ingreso. Pero cuando en los años 50 decidió invertir en serio en educación tomó un par de décadas mientras cambió brutalmente la distribución del ingreso. Y el esfuerzo grande en inversión en zonas rurales en los años 60 tuvo un salto grande. La conclusión es que las grandes fluctuaciones tienen fácil explicación vista en un perspectiva larga. Que los debates de corto plazo: que si es el Fondo Monetario, que si es la liberación o si es la tasa de interés, eso no importa. Hay un poco de variables más de fondo, y visiones más críticas y más estratégicas para manejar la economía.

D.R.:¿Cómo se puede interpretar ese cambio de la curva?

J.L.L.:Yo digo que fue un período en el cual no progresamos entre los dos generales: Santander y Rojas Pinilla. En 170 años la expectativa de educación de los niños colombianos no cambió nada, no creció nada. Sin embargo, durante el Frente Nacional, y esto es un hecho no reconocido en la historia del país, además de acabar con la violencia era un acuerdo político, de hallarle recursos a los niños de las escuelas urbanas, que eran los niños que estaban emigrando y se les dio educación. Eso fue una revolución, cambiarlos de lugar y darles educación básica, cosa a la que no habían estado acostumbrados por 150 años. Y ese esfuerzo de educación muy fuerte en los años 60 se manifestó después. El problema que ocurrió es que después se dilató el esfuerzo. Los colombianos somos muy buenos para innovar y somos muy malos para persistir. Somos tal vez el país con mayores innovaciones en política social, y con mayores discontinuidades de las mismas. Si nosotros hubiéramos seguido en los 70, en los 80 el esfuerzo educativo que comenzó en los 60 estaríamos en un país radicalmente distinto.

D.R.:¿A nivel de infraestructura, influyó en algo ese crecimiento?

J.L.L.:Dependía mucho en qué se invertía. En los momentos en los cuales había un sesgo de inversión en contra de la agricultura, la distribución fue más desigual. Cuando decidimos invertir en agricultura dependía del tipo de inversión que había. Mucha inversión en tractores sustituye mano de obra, mucha inversión en mejoramiento de tierras y en tierra complementa la mano de obra y mejora los salarios, entonces si uno quiere preguntarse qué va a pasar con los salarios y todo eso, pregúntese ¿en qué estamos invirtiendo? Si invertimos en petróleo y no en educación ni en tierras, no podemos tener buen progreso.

D.R.:¿En qué ha variado su posición frente al tema?

J.L.L.: Yo quisiera hacer otro doctorado, ya creo que va siendo tiempo para dedicarle otro añito a ver y explicar qué pasó en los 20 años siguientes. La tesis la hice con mucha fuerza hasta el año 86-87, por eso espero terminar este gobierno en el 2006 y poder actualizar la tesis en 20 años más. ¿Qué me he encontrado? Tal vez una dimensión que en la época no tenía clara. En Colombia no tenemos porqué tener la clave y es que las fluctuaciones económicas en un marco de inestabilidad, de falta de seguridad económica, conducen a mucha pobreza. No solamente hay factores de largo plazo que conducen a toda esa desigualdad sino que hay choques de corto plazo que desestabilizan el sistema social y conducen a pobreza persistente. Creo que lo que nos pasó en los últimos cuatro o cinco años, es que teníamos un sistema institucional que estaba acostumbrado a tener una economía estable, con un crecimiento estable, una inflación estable, y por lo tanto ni el gobierno ni las empresas, ni las familias tenían mecanismos de defensa. Nos cogió la crisis, que no es muy grande, una caída del PIB del 4 por ciento que le pasa a Brasil cada tres años, a Argentina cada cuatro, y los países las aguantan, pero a nosotros nos cogió esa crisis y nos acabó.

Tal vez es el tema en que ahora he avanzado mucho, es que las instituciones de protección son mucho más importantes de lo que visualicé hace 15 años. Paradójicamente a eso es que le he dedicado la vida. Nunca he podido tener tiempo de ser ni Ministro de Educación ni de Agricultura.

D.R.: Como investigador económico, ¿cuáles serían hoy los temas primordiales de investigación en Colombia?

J.L.L.:Sigo creyendo que la investigación en economía social está en una prioridad grande. Colombia tiene exceso de macroeconomistas, y exceso de economistas dedicados a entender la dinámica del tiempo de las series de la tasa de cambio, del déficit fiscal y su conexión con la masa monetaria. Yo no invertiría un solo peso más en financiar un macroeconomista adicional. Me parece que la mayor parte del esfuerzo investigativo tiene que estar orientado a saber utilizar mejor las instituciones y el esfuerzo de las familias y los incentivos. Por ejemplo, una buena economía para entender el comportamiento de la gente en la conducta reproductiva, ¿por qué Colombia hoy tiene la tasa de embarazo de adolescentes más alta del mundo? Segundo ¿por qué somos capaces de ser una sociedad que no es capaz de responder eficazmente contra el desempleo y más bien se acostumbra al mismo? Tercero ¿por qué nuestro comportamiento violento se reproduce y se genera? Cuarto ¿por qué no logramos meterle buena economía a nuestro sistema social? ¿Por qué le hemos permitido a la politiquería y a la corrupción que invada nuestro sistema social? y ¿qué nos impide tenerlo como un instrumento noble de progreso social y no de corrupción y politiquería?

D.R.:¿Cuáles caminos tomar a la hora de elegir y aplicar una teoría para los jóvenes investigadores?

J.L.L.: Puede parecer paradójico, tener pasión. A mí me parece que el pragmatismo es muy útil a los 40, pero es embobador a los 20 años. Yo añoro mucho de mi vida en la universidad pública, y después en la Universidad de Harvard en Estados Unidos. Que eran universidades en las cuales uno tenía visiones globales del mundo, la izquierda en la universidad obligaba a pensar en un mundo estructuralmente, obligaba a mirar todos los ángulos de un problema y todos pensábamos que todo estaba estrictamente conectado. Después, en el doctorado, yo entendí de otra forma que había muchas más interconexiones, que había muchas más formas de mirar problemas, y en ambas tuve un trabajo apasionado. En ambas tuve una añoranza o una ansiedad infinita de conocimientos globales. A mi me inquieta mucho tanto muchacho tan pragmático a los 20 años, porque no va a llegar muy lejos.

* Periodista

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