El cambio de modelo económico es uno de los principales objetivos del presidente Petro. Esto implica que al igual que en Cuba, su admirada dictadura, los empresarios son uno de sus principales blancos y con certeza los atacará sin cesar.
Petro ha enviado hasta ahora todas las señales. El debilitamiento del sector privado, así como de la Fuerza Pública hace parte de su estrategia de “cambio”.
Es sorprendente ver a empresarios crédulos en un Petro que actúa de buena fe y que quiere que el país marche bien. Un presidente que como estadista desea un mejor vivir para todos los colombianos dentro de las reglas que todos conocemos.
Se les olvida a los empresarios que para Petro las reglas no existen y que está dispuesto a romperlas todas con tal de conseguir sus objetivos. En este momento, una de sus metas principales es el cambio de modelo económico y la implantación de un régimen como el cubano o el venezolano.
El debilitamiento paulatino de sectores como el energético hace parte de la receta socialista de estatización como pilar para mantenerse en el poder. Lo vimos en Argentina con la nacionalización de la petrolera YPF, y en México con la compra por parte de la administración de López Obrador de 13 plantas eléctricas de la española Iberdrola.
En Colombia, la estrategia es la misma, añadiendo un elemento adicional, como lo es la permisividad con el uso de la violencia para atacar al sector energético. Información confidencial de dos empresas emblemáticas, registra ataques a varias torres de energía, sin que esto haya podido ser comunicado a la opinión pública.
A nivel nacional, se registran 19 atentados entre enero y septiembre de este año, la mayoría ocurridos en los departamentos de Nariño, Cauca y Santander. La mitad de estos ataques son clasificados como información reservada por parte de las empresas y no han sido informados al público.
La poca o nula publicidad de algunos atentados realizados a las torres de energía se habría dado por solicitud del Ejército, de acuerdo a lo que revela una de las fuentes consultadas. La permisividad con los grupos ilegales es total.
El permitir ataques a la red eléctrica, aunado al fenómeno de El Niño y las políticas estrambóticas del Gobierno con el sector energético, desencadenarían la tormenta perfecta que eventualmente acabaría con ese sector. Esta es solo una muestra de lo que puede ocurrir con otras empresas en el país.
Es claro que el desmantelamiento del sector industrial de Colombia es objetivo fundamental de esta administración. Pero quizás lo más grave de esta guerra que se le ha declarado al empresariado colombiano, sea la inacción del mismo. Muchos dirigentes frente a lo que podría denominarse el fin de sus empresas han decidió tomar una postura acomodada, indolente e incluso complaciente.
El reciente trino de Petro en el que menciona que no entiende por qué si hay tanto sol en la Costa Caribe las tarifas son tan caras, no es nada distinto que el ambientar la estatización de las empresas que operan en esta zona del país y de paso las de todo el territorio nacional.
Es urgente que las empresas del sector energético, y en general de todos los sectores, reaccionen y tomen medidas legales y a nivel de cambio de narrativa en su defensa. De lo contrario, más temprano que tarde llegará su fin.
Nota final: En su columna de ayer, la cual recomiendo, Diego Santos, columnista de El Tiempo, insta al empresariado para que reaccione y sea un muro de contención frente a las agresivas políticas del Gobierno que buscan su destrucción. Este clamor me resulta similar al que ya han hecho otros columnistas y miembros de la sociedad civil, que desafortunadamente hasta ahora no han sido oídos.
Ojalá los empresarios reaccionen e inicien acciones legales y tomen las decisiones adecuadas para la defensa de su sector. Es mucho lo que está en juego.
