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Opinión

  • | 2019/02/06 21:52

    Colombia al trasero del perdedor

    Si el negocio de Venezuela le sale mal a Bulton, el presidente Duque tendrá que asumir una porción de las pérdidas.

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El colombiano Augusto Ramírez Ocampo, excanciller colombiano del Partido Conservador, con su talento y decoro consiguió que los Estados Unidos salvara los muebles del naufragio centroamericano. Guatemala, El Salvador y Nicaragua eran un río de sangre. Ramírez Ocampo, galardonado con el Príncipe de Asturias, tenía gracia de estadista, una facultad de la que carecen la mayoría de los actuales políticos colombianos. Hay una diferencia entre un estadista y un operador político. El estadista está pensado en cómo evitar una catástrofe en el continente. El operador político está pensando en cómo hacerse de cualquier manera a la alcaldía de su pueblo.

Algunos han confundido a John Bulton con el doctor Chapatín, el personaje interpretado por Roberto Gómez Bolaño, más conocido como el Chavo del 8. Se parece pero no es él. Bulton es el Consejero de Seguridad de los Estados Unidos que amenaza con emplear la fuerza contra Venezuela. Bulton es un pirómano que incita guerras para que otros las peleen. Respaldó la ocupación de Vietnam pero no quiso ir al combate cuando los llamaron a filas. Instigó la invasión a Irak que acabó en fracaso. Trató de encubrir el escándalo Iran-Contras pero La Haya le dio la razón a Nicaragua. John Bulton es un perdedor.

El presidente Iván Duque tenía dos alternativas ante Venezuela: seguir el ejemplo de su compatriota Augusto Ramírez Ocampo o pegarse al trasero de John Bulton. Emular a un ganador o inmolarse junto a un perdedor. Actuar como protagonista o aparecer como mera comparsa. Si el negocio de Venezuela le sale mal a Bulton, el presidente Duque tendrá que asumir una porción de las pérdidas. La política exterior colombiana corre el peligro de salir dañada de este vergonzoso episodio.    

Hasta el momento el gobierno de Guaidó es mero cartón piedra. En las barriadas de Caracas la cosa pinta distinta a como lo ven las burocracias de los Estados. “Nadie sabe quién es Guaidó en Catia; en lugar de representar a la gente de estos barrios, está esperando a que vengan a ayudar desde Estados Unidos”, dice un lugareño a Andy Robinson enviado especial de La Vanguardia de España. La altisonante “ayuda humanitaria” es un caramelo envenenado. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y Naciones Unidas no quieren saber nada de ese caramelo envenenado. A los niños de La Guajira esa “ayuda humanitaria” les caería bien.

Desde los acuerdos de Chapultepec que llevaron la paz a Centroamérica, los latinoamericanos hemos convivido en paz. Sin intervenciones foráneas. Sin guerras entre países. Mientras que Europa padecía carnicerías humanas (Los Balcanes y Ucrania), Latinoamérica  era un territorio de paz. Aún lo es. Su sostenido crecimiento económico permitió que millones de familias salieran de la pobreza. Varios jefes de Estado se han interesado por la integración de la región. Todos los gobiernos del continente americano de alguna manera han contribuido para que Colombia supere su conflicto interno. Sería muy triste que Colombia, peón de brega de la Casa Blanca, se quede con la fama de haber propiciado una guerra en la región.

Venezuela necesita una salida a su crisis. Pero esa salida tienen que encontrarla los venezolanos mediante el diálogo y la mediación de países amigos. Según una investigación periodistica del Washington Post, las operaciones abiertas realizadas por los Estados Unidos en las últimas décadas para derrocar a gobiernos contrarios a sus intereses, han fracasado. Sería conveniente que el presidente Iván Duque y su canciller Holmes Trujillo repasaran la historia de estos fracasos. El Gobierno colombiano ha apostado todo a lo que se vislumbra como un grande fracaso.   

Yezid Arteta Dávila

* Escritor y analista político

En Twitter: @Yezid_Ar_D

Blog: En el puente: a las seis es la cita

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