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Aprender de las experiencias

Como los seres humanos debemos hablar a partir de la experiencia acumulada o de nuestras propias experiencias de vida, con todo respeto considero que el presidente Petro, su equipo económico y demás integrantes de su Gobierno, antes de tomar la decisión de rebajar en 20 billones de pesos el presupuesto del 2024, deberían explorar otras posibilidades.

Angelino Garzón
13 de junio de 2024

Las declaraciones del Ministro de Hacienda y Crédito Público de Colombia, Dr. Ricardo Bonilla, avaladas públicamente por el presidente Petro en la reciente reunión nacional de Asobancaria, realizada en la ciudad de Cartagena, de recortar en 20 billones de pesos el presupuesto nacional,  aprobado por el Congreso de la República en 503 billones de pesos para el año 2024, me recordó lo que personalmente me pasó a finales del 2003 cuando ya había sido elegido gobernador del Valle del Cauca en octubre del mismo año.

Recuerdo en ese entonces que, en una reunión de la denominada “junta de salvación” conformada por representantes de los bancos con los cuales la gobernación del Valle del Cauca tenía varios créditos pagaderos a mediano y largo plazo, incluyendo en algunos casos el pago de intereses sobre intereses, conocido como anatocismo, la delegada del Ministerio de Hacienda, junto con los voceros de los bancos, me solicitaron muy amablemente que una vez me posesionara como gobernador del Valle del Cauca, el primero de enero de 2004 le solicitara a la plenaria de la Asamblea Departamental del Valle del Cauca una disminución en el monto del presupuesto aprobado en 720 millones de pesos para el 2004, a fin de que el mismo quedara en 640 millones de pesos, porque de acuerdo a sus proyecciones financieras, el Departamento no tenía capacidad de lograr dicho  monto de dinero.

Además, la anterior solicitud estaba acompañada de la iniciativa de eliminación, durante mi periodo de gobierno, de cuatro importantes instituciones culturales para el Valle del Cauca, como son: el Instituto de Bellas Artes, la Biblioteca Departamental, la Institución Educativa Técnica de Ballet, Incolballet y el Museo de Ciencias Naturales, INCIVA, los cuales han sido y siguen siendo un verdadero patrimonio para la promoción de la cultura en el Valle del Cauca.

A tan descabellada solicitud me limité a responderles de manera sincera y amable que el gobernador del Valle del Cauca no era empleado del gobierno nacional y menos del sector bancario; que la gente me había elegido libre y soberanamente con más de 700.000 votos, para que defendiera la cultura como parte integral de la educación y para encontrar  los mecanismos legales, de transparencia y austeridad, que permitieran  mejorar los ingresos sin tener que recurrir a la insostenible figura de crear nuevos impuestos.  Por lo tanto, no la iba a acatar.

De esa manera actué como gobernador del Valle del Cauca, tal como también lo he hecho en las diversas responsabilidades estatales, sociales y políticas que he tenido en la vida, lo que en el caso del Valle del Cauca nos permitió no solo fortalecer las cuatro instituciones culturales, sino también mejorar los ingresos del Valle del Cauca, tal como quedó plasmado en el proyecto de presupuesto aprobado por 1.250 billones para el año 2008.

El presidente, junto con su gabinete, deberían avanzar en mecanismos que afiancen y hagan realidad la cero tolerancia con la corrupción, el despilfarro y para que eviten decirle  Sí, a lo que luego no se puede cumplir.

En ese mismo camino, sugiero que deberían hacer un compromiso público de no crear más impuestos o alzas en los precios de los combustibles como el diésel, porque una cosa es como administran los impuestos o las alzas las personas con buenos ingresos y otra muy diferente las personas de a pie, cuyos ingresos muchas veces no llegan ni siquiera a un dólar diario.

Como el Estado no es una máquina para emitir billetes, es importante anotar que en el camino de mejorar los ingresos y reducir los gastos, el presidente Petro con la colaboración de su equipo económico debería contemplar la diferencia que existe, en Colombia, entre grandes contribuyentes y declarantes. Por ejemplo, y sin ser un experto en materia tributaria, un tema que siempre me ha llamado la atención es ¿qué pasa en la cadena productiva y comercializadora de aquellos productos sobre los cuales los consumidores pagamos el IVA y si los grandes comerciantes y productores también lo pagan? ¿Al final, lo que recauda el Estado es un triple pago del IVA o solamente se recauda el 19 por ciento que pagamos los consumidores?

Iguales preguntas deberíamos hacernos sobre los tributos que pagan anualmente los grandes contribuyentes y los que por ley tenemos que pagar, los que anualmente presentamos declaración de renta.

Anoto que la respuesta pública, al igual que los resultados obtenidos en la lucha contra la evasión y elusión, solo los puede dar el gobierno nacional a través del Presidente Petro, su Ministro de Hacienda o su Director Nacional de Impuestos.