OPINIÓN

Camilo Noguera Pardo

Cancelación y censura: la expulsión de lo conservador en la “academia”

El movimiento antiintelectual de cancelación de los clásicos se extiende desde la escuela hasta las editoriales.
19 de marzo de 2026, 9:00 a. m.

El progre-liberalismo y su tiranía woke se expanden globalmente en universidades y colegios y, al hacerlo, crean una tendencia en los modos de sentir y de pensar de la comunidad académica (y política), que expulsa todo lo conservador de las aulas.

Su táctica es la censura, que opera de múltiples maneras: cancelación pública, persecución reputacional y hasta judicialización de posiciones que se apartan del consenso del régimen cultural hegemónico.

En el texto La cultura de la cancelación en Estados Unidos, Constanza Rizzacasa expone este fenómeno que abarca la censura de autores, textos y películas, apoyándose en premisas artificiales fundadas en la corrección política:

“Mark Twain, Harper Lee, Flannery O’Connor… cancelémoslos a todos. Cancelemos a Homero, como hizo un centro de secundaria de Massachusetts que prohibió la Odisea porque, en el siglo IX a. C., promovía ideas no conformes con los modernos códigos de comportamiento (…)“.

El movimiento antiintelectual de cancelación de los clásicos se extiende, desde la escuela, hasta las editoriales. Una censura democrática: desde Francis Scott Fitzgerald hasta Mary Poppims, no se salva nadie.

A continuación, me limito a sintetizar cinco testimonios de cancelación a lo conservador, por parte de la ‘dictadura’ woke.

El filósofo británico Roger Scruton, reconocido por su defensa de posturas conservadoras sobre la modernidad y la posmodernidad, sufrió ostracismo intelectual y fue cancelado en la academia y en los medios. En concreto, sufrió censura por haber escrito una puntillosa investigación contra los pensadores de la nueva izquierda.

En palabras de Scruton: “El libro citado fue publicado en tiempos del reinado de terror de Margaret Thatcher, cuando yo todavía impartía clases en la universidad, y se me consideraba entre los británicos de izquierdas como un destacado oponente a su causa, que era la defensa de la gente decente, como en todos lados. El libro fue recibido con burla e indignación, y quienes lo reseñaban caían unos sobre otros buscando su oportunidad de escupir sobre el cadáver”.

Harold Bloom, crítico literario estadounidense que insistió en mantener los estudios literarios y la literatura lejos de la contaminación de los estudios culturales, que defendió el canon occidental y se opuso a la politización de la literatura, terminó como blanco de ataques en el ámbito académico.

En diferentes pronunciamientos criticó la creciente influencia del feminismo, el marxismo y la teoría poscolonial en la crítica literaria, argumentando que estos enfoques reemplazaban el juicio estético por criterios ideológicos.

Por estas posturas, Bloom fue acusado de ser elitista y perpetuar una visión excluyente de la literatura, y a pesar de su enorme prestigio y su innegable dominio de la literatura universal, enfrentó marginación en ciertos círculos universitarios progresistas que lo consideraron un obstáculo para la “deconstrucción” del canon literario tradicional.

Jordan Peterson, psicólogo clínico e intelectual conservador de reconocimiento global, denunció en 2016 que fue objeto de presión institucional tras su oposición pública al proyecto de ley canadiense C-16 sobre identidad de género.

Aunque no fue despedido formalmente en ese momento, alegó un clima de hostilidad académica y restricciones indirectas a su libertad de expresión. Años después dejó la universidad. Sus críticos sostienen que no fue censurado, sino “cuestionado” por su postura pública.

Abigail Shrier, periodista de The Wall Street Journal, fue acusada de transfobia por su juiciosa investigación sobre la tendencia transgénero en la educación. Shrier es autora del libro Un daño irreversible. La locura transgénero que seduce a nuestras hijas, que establece rigurosamente los hechos de la exposición transgénero en las instituciones educativas y las consecuencias derivadas a nivel familiar y clínico.

Aunque fue el libro del año por The Times y The Economist, el trabajo de Shrier resistió persecución y censura.

Finalmente, John Finnis, jurista y filósofo australiano, ha sido criticado en la academia por sus posturas sobre la ley natural, la moral y la sexualidad. Profesor emérito de la Universidad de Oxford, Finnis ha argumentado en contra del matrimonio homosexual y a favor de la moral sexual tradicional, lo que le ha valido acusaciones de homofobia.

En 2019, estudiantes de Oxford lanzaron una campaña para que se le retirara su estatus de profesor emérito debido a sus escritos sobre la ética cristiana. Sin embargo, la universidad defendió su derecho a la libre expresión y no cedió ante la presión. Este episodio reflejó la creciente tensión en el mundo académico entre la libertad de pensamiento y la censura ideológica.