opinión

Luis Carlos Vélez Columna Semana
Luis Carlos Vélez. Bogotá Diciembre 11 de 2019. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana. - Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO

Ciudadanos corruptos

Votemos a conciencia, no justifiquemos la compra de votos, no comulguemos con la corrupción. No seamos tan corruptos como los políticos que queremos cambiar.


Por: Luis Carlos Vélez

La más reciente visita que hizo Joe Biden a Colombia fue en 2018. Estuvo en el marco de la Cumbre Concordia de las Américas y dio una conferencia en Bogotá. En un encuentro informal que tuvimos algunas personas con él, el entonces vicepresidente hizo una reflexión que no es muy común oír en nuestro país. Dijo, palabras más palabras menos, que el peor problema de Colombia era la corrupción. Aseguró que no solamente los políticos, que lo son, eran corruptos, sino que la corrupción está acuñada en gran parte de la manera en que opera nuestra nación. A algunos les parecieron duras sus palabras.

Biden usó como ejemplo la manera en que había visto cómo los colombianos tenemos la costumbre de colarnos en las filas, el hábito de pedir favores para evitar el trámite normal que tienen las cosas, la manera en que como sociedad nos aproximamos a la policía y las instituciones y el proceder que asumimos de manera constante para “cortar las esquinas” y hacer las cosas rápidamente y de manera incompleta. Todo, según él, señales claras de corrupción. De lo micro hasta lo macro.

En momento de elecciones todo el mundo se acuerda del tema. Con hipocresía vemos cómo los candidatos, sin vergüenza alguna, dicen que lucharán contra el flagelo de la corrupción. Pero mientras con la lengua nos mienten, con sus manos firman acuerdos y estrechan puños para traer a su mesa a cuanta organización política de mala reputación exista y cuanto megacontratista, dispuesto a invertir millones en la campaña, para recibir proyectos de infraestructura amañados, pesquen. 

Por estos días, los candidatos que vomitan autoridad moral también rebuznan cada dos frases cómo acabarán las malas prácticas de la política y juran que durante su gobierno no habrá entrega de puestos ni ferias de burocracia. Sin embargo, sus alfiles, por puñados de votos, hacen fiesta con corbatas de las oficinas locales de Fiscalía, Contraloría, Defensoría y demás galerías de puestos innecesarios.

Pero los ciudadanos también tenemos velas en este asunto. Tal y como lo mencionó Biden en su momento, el tema de la corrupción es uno de oferta y demanda. Los políticos con apetito voraz de poder y billete saben que hay muchos dispuestos a tranzar el voto por una ayuda económica o un puesto. Como las serpientes del edén, saben que el país está lleno de “Adanes y Evas” prestos a asumir una transacción de corto plazo. Conocen que poco importa la construcción de país en el mediano plazo y que, para muchos, más valor tienen unos cuántos miles de pesos, un almuerzo o una fiesta con guarapo y son, que el actuar con honestidad y razón.

Ya me sé el contraargumento: descarado, indolente. Cómo se nota que tiene todo y que no tiene la necesidad de vender el voto. Como es rico y tiene trabajo, habla desde el privilegio y por eso se atreve a condenar a quien lo necesita. Pues no. Robar y asesinar por necesidad tampoco está bien. Repetir el cuento del “pobrecito” y justificar la corrupción en cualquiera de sus manifestaciones, incluida la de los menos favorecidos, por quedar bien, ser políticamente correcto o usufructuar la miseria, es otra de las razones por las que no podemos salir de donde estamos. Además, esa conveniente e hipócrita afirmación es un gigantesco insulto para la mayoría honesta que intenta salir adelante en el país.

Transparencia Internacional reveló la semana pasada los resultados de su Índice de Percepción de Corrupción 2021. De acuerdo con la ONG, Colombia es una de las naciones estancadas en temas anticorrupción. Nuestra nación obtuvo 39 puntos sobre 100 en el IPC, ubicándose en el puesto 87 entre 180 países evaluados. El año pasado estábamos en el notable puesto 91. Vergonzoso. Hace diez años nada que mejoran los datos.

Así las cosas, es importante que todos asumamos el papel que nos corresponde frente al peor flagelo que nos azota. Los políticos son corruptos porque saben que tenemos una sociedad que justifica al ciudadano corrupto. Romper ese ciclo empieza por casa. Todos tenemos una tarea que hacer y el primer examen estará en estas legislativas que funcionan con la asquerosa gasolina de los clanes políticos, los contratistas y las maquinarias.

Votemos a conciencia, no justifiquemos la compra de votos, no comulguemos con la corrupción. No seamos tan corruptos como los políticos que queremos cambiar.