Por milenios hemos medido la riqueza y el poder a través del control del territorio. Desde los conquistadores como Gengis Kan y Alejandro Magno, pasando por los romanos e históricos navegantes como Cristóbal Colón, hasta llegar a visionarios como Elon Musk, la conquista territorial ha estado ligada al concepto de poder.
Al explorar el mapa nocturno de la Tierra a través de Google Earth vemos otra representación del poder y la riqueza. Encontraremos pequeños puntos de luz que indican dónde la demanda energética es mayor.
Estos puntos son ciudades, centros del desarrollo económico que atraen a millones de personas en busca de oportunidades e innovación tecnológica. Las ciudades tienen más probabilidades de experimentar cambios radicales que los Estados y países en su conjunto. ¿Por qué? A medida que estos últimos crecen, regiones enteras quedan rezagadas.
Lo vemos en Colombia y sus diferencias entre el centro y sur del país; en Estados Unidos, su costa oeste desarrollada y su interior poco habitado; e incluso en Brasil, donde sus ciudades costeras producen el 70% de su PIB.
Las ciudades son capaces de prosperar y seguir creciendo, son adaptables, flexibles y absorben los cambios radicales de manera más eficiente que las entidades políticas más grandes. Además, al ser diversas, cuentan con una mayor reserva de talento y recursos.
Ejemplos destacados de ciudades que han sobrevivido a cambios radicales y mantenido su relevancia son Pekín, actual Beijing, con más de 3000 años de antigüedad; Roma, centro del Imperio Romano; Moscú, la vivió el colapso del Imperio Ruso y de la Unión Soviética y sigue siendo una ciudad relevante hoy.
¿Cómo entender mejor estas ciudades? A través del archipiélago de ciudades, el cual nos permite ver los cambios y necesidades que definirán el futuro.
En este punto, la globalización desempeñó un rol clave al permitir el aumento del comercio, inversión y al crear flujos constantes de intercambio económico, cultural y tecnológico.
No obstante, esta ha terminado. La convergencia de un nuevo conjunto de tecnologías (inteligencia artificial, nuevas energías y computación cuántica, entre otras) las que harán posibles nuevos sistemas de producción.
Ahí es dónde las ciudades serán la clave, al ser la interacción entre territorio, población, recursos y tecnología.
