OPINIÓN

Jefferson Mena Sánchez

Dr. Luis Gilberto Murillo, ¿es en serio lo del “negro respetable”?

Que le quede claro, Dr. Murillo, negro “respetable por ser de izquierda”: lo que soy yo, no apoyo a los que me humillan. No vuelvo donde me ofrecen migajas.
25 de mayo de 2026 a las 12:31 p. m.

Siglos atrás, los hombres y las mujeres de mi raza huían hacia las periferias de este país buscando algo elemental: dignidad. Esos llamados cimarrones, que escapaban de los latigazos, de la humillación y del sometimiento que pretendía convencerlos de que su valía era la de una mercancía, no solo construyeron comunidades, sino que también construyeron la columna vertebral de lo que hoy llamamos Colombia. No me cansaré de repetirlo: cualquier semilla de libertad que nació en la Nueva Granada surgió del ejemplo de los negros de buscar su libertad escapando de los que, en ese momento, pretendían ser sus amos. La historia oficial, en su afán de invisibilizarnos, rara vez lo reconoce con la propiedad que merece. Pero nosotros sí lo sabemos.

Ser negro, en este país, es más que un dato racial o una categoría del censo. Es una herencia que implica ser memoria de una raza que ha aportado y que no destruye, es una responsabilidad que algunos asumimos con honor y valor, la responsabilidad de luchar por la dignidad propia y la del pueblo, y es una postura de la cual muchos nos sentimos orgullosos. Eso lo entendieron los cimarrones. Aparentemente, no lo ha entendido Luis Gilberto Murillo, quien utiliza su color para la demagogia y el oportunismo, el cual busca disfrazar de reivindicación.

El excandidato declaró que “negro que se respete no vota por la derecha”. Una frase que dice mucho de quien la pronuncia, desafortunadamente, nada bueno. No porque sea osada —en política la osadía puede ser virtud—, sino porque es profundamente irrespetuosa, nada extraño en él si revisamos la prepotencia con la que le ha hablado siempre a su propia gente, con un halo de superioridad que no entiendo muy bien de dónde proviene, pero además, es profundamente irrespetuosa con la inteligencia y la libertad de millones. El dos veces destituido gobernador del Chocó reduce a muchas personas a ejercer un voto tutelado, como si el pensamiento crítico fuera un lujo, el cual los negros no merecemos ejercer por el simple hecho de tener un color de piel distinto a los que él hoy sirve.

Las palabras del negro “respetable” que vota por la izquierda me hacen recordar lo aprendido en las lecturas de historia sobre mi raza, que obviamente él no ha leído, en las que se indica cómo en ciertos lugares del país, durante la esclavitud, los amos blancos nombraban capataces de las haciendas a negros, y estos, embriagados de poder y de sentimiento de superioridad, se convertían en los flagelantes de los otros negros y desconocían sus raíces, llegando al punto de denunciar cualquier intento de escape: eran negros humillando a negros, negros esclavizando a negros, los negros perpetuando sus cadenas.

Esa lógica se repite. Es la misma que han usado durante décadas los caudillos de todo pelaje para amarrar comunidades a proyectos políticos que las usan y las abandonan.

Mi mamá, que tenía esa sabiduría de nuestros ancestros, decía: “Usted no puede ser claridad para la calle y oscuridad para su casa”. Estoy seguro de que el Dr. Murillo sabe a qué me refiero, y si no, se lo aclaro: usted, Dr. Murillo, está siendo oscuridad para los suyos con el único propósito de agradar a los que no son los suyos. Preocúpese, excanciller, en ser útil para los suyos, preocúpese por ser luz para un pueblo que lo necesita y que necesita a todos sus hijos, para que entre todos salgamos del hoyo en el que estamos.

Murillo no es el primero en usar a los negros como ficha de tablero o palanca electoral. El presidente Petro, quien se ha autoproclamado defensor de los históricamente excluidos, y que en honor a la verdad ha hecho muy poco por los nuestros, ha tenido episodios vergonzosos al respecto: sus referencias despectivas a la “raza negra” en distintos contextos públicos no encajan con el discurso de reivindicación que predica. Cuando la defensa de un pueblo se ejerce solo en temporada de votos, no es defensa: es clientelismo con bandera.

Yo soy negro. Orgullosamente negro. Y voto por quien me dé la gana y lo hago porque pienso, porque razono, porque soy libre, no por obediencia a un líder que me señala a quién debo elegir para que me considere digno de mi propia raza. No por miedo a que me llamen traidor. No por las migajas de un puesto burocrático que me ata a un proyecto ajeno. Voto como voto porque tengo la misma capacidad de análisis político que cualquier ciudadano de este país, independientemente del color de su piel. Y esa libertad no me la da ningún partido ni ningún candidato, me la dieron mis ancestros cuando escaparon de las cadenas.

Dr. Murillo, quiero que sepa que son muchos los negros que nos sentimos indignados con el trato que este gobierno nos ha dado, con la humillación que hemos sentido a lo largo de estos cuatro años. Me imagino que usted dirá: las humillaciones son los incuplimientos de otros gobiernos. Pues imagínese que no, si usted le mermara un poco a la retórica y se concentrara más en las preocupaciones y necesidades de su raza, se daría cuenta de que este ha sido el gobierno que menos ha invertido en el Pacífico en los últimos veinte años, y esto no es solo una afirmación, busque o haga que se lo busquen en el mapa de inversiones de Planación Nacional.

Pero además, no solo nos hemos tenido que aguantar eso, sino que también nos hemos tenido que aguantar las insinuaciones del presidente sobre el supuesto derecho que él piensa tener sobre nosotros. O ¿qué me dice, Dr. Murillo, de la afirmación que le lanzó al presidente, en ese entonces, de la Corte Suprema? ¿O de la forma en que trató durante los cuatro años de mandato a Francia Marquez, la cual se vio llevada a reconocer el racismo de este gobierno? ¿O qué me dice del famoso “ningun negro me viene a decir...”? Pensándolo bien, Dr. Murillo, su expresión, que da pie a esta columna, no es ni siquiera novedosa, no es de su propia cosecha, lo que indica es que usted, Dr. Murillo, está haciendo un mandado, un mandado que le salió mal porque fue en contra de su propio pueblo.

Yo soy un negro de derecha y soy tan respetable como usted, Dr. Murillo; lo soy porque he encontrado que los mayores avances de las comunidades negras han venido de ese sector, así a usted y a muchos que piensen como usted les duela: la energía eléctrica en el norte del Chocó, la construcción de las vías que comunican a ese departamento con el interior, la viabilidad del proyecto Ánimas–Nuquí, la vía internacional Mataje–La Espriella en Tumaco, el inicio de la obra de construcción del puerto de Buenaventura, el puerto de Tumaco, solo por mencionarle algunos.

No caigo en el error de desconocer la responsabilidad que tienen todos los gobiernos en la actual pobreza y precariedad que se vive en nuestro territorio, eso se debe a la falta de visión y de vocación económica que no se le ha dado a este, pero reconocer las inversiones y también las faltas propias hace parte de la construcción.

Que le quede claro, Dr. Murillo, negro “respetable por ser de izquierda”: lo que soy yo, no apoyo a los que me humillan, no vuelvo donde me ofrecen migajas y no les debo respeto políticos a quienes usan mi color como moneda de cambio para sus propias aspiraciones.

Le escribo, señor Murillo, no como representante de los negros, no tengo esas ínfulas, sino como miembro de una raza a la que amo y respeto. Para mí, a diferencia de lo que sugieren sus palabras, todos los negros y negras de este país son respetables por el simple hecho de pertenecer a la raza más hermosa que Dios ha podido crear. Ninguna postura política debería convertirse en requisito para reconocer la dignidad de nuestra gente.

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