OPINIÓN

Salud Hernández-Mora

Ecopetrol, una finca del patrón Petro

Cada vez que un hecho aterrador o corrupto ocasiona algún terremoto, rara vez provoca réplicas, enseguida se pasa la página.
11 de abril de 2026 a las 6:13 a. m.

No tienen vergüenza, son lacayos de tiempo completo, capaces de gangrenar el prestigio de la principal empresa pública colombiana. Todo lo necesario con tal de agradar a su despótico patrón y seguir aferrados a un puesto que les proporciona millones.

La inmoral decisión que adoptaron pasará a los anales de las perversas prácticas corporativas. Jamás se había visto en el mundo occidental serio, moderno, decente, que una empresa estatal importante acepte que su máxima cabeza se vaya ¡51 días de vacaciones! y, a continuación, se tome el siguiente mes de licencia no remunerada. Y que una decisión tan enrevesada solo responda a fines espurios.

Está comprobado que este Gobierno infecta todo lo que toca y, si no consigue derruir más organismos, empresas, entidades, principios democráticos, se debe en exclusiva a que en Colombia aún funciona la división de poderes que proclama la Constitución. Serán débiles, con frecuencia corruptibles, temblorosos, pero existen e imponen su criterio. Por eso quieren cambiarla, para carcomer y derruir, como termitas, los pilares que la sostienen. Otra cosa no pretende la asamblea constituyente que promueven Petro y Cepeda.

La ultraizquierdista Ángela María Robledo, que nunca debió presidir la junta de Ecopetrol por su absoluta falta de preparación profesional, experiencia y conocimiento en la materia, es la máxima responsable de una medida propia de república bananera de estilo chavista. Después de ella, recae en los otros miembros que la secundaron y votaron a favor de Ricardo Roa y Gustavo Petro, y en contra de los intereses de la compañía.

Porque salvar al íntimo del jefe de Estado, imputado por volarse los topes electorales, parece ser condición sine qua non para cerrarle la boca. Roa guarda secretos inconfesables que dejarían mal parado al presidente, igual que a Armando Benedetti y Laura Sarabia. Lo advirtió hace rato el ministro del Interior cuando hablaba de los malos manejos de la pasada campaña: si soltara la lengua, se irían todos para la cárcel.

Por mucho que intenten desechar las acusaciones del CNE, es indudable que cometieron irregularidades y que Ricardo Roa también está envuelto en otras tramas oscuras. Baste anotar la singular compra de su apartamento y la lujosa y costosísima reforma, preñadas ambas de espinosos cuestionamientos que no han podido aclarar.

Aparte del daño infligido a Ecopetrol, que la junta gestiona como si fuese la finca de Petro, también agrietan la confianza en la Bolsa de Bogotá.

En Colombia apenas existe cultura de inversión bursátil, una carencia que perjudica tanto al emprendimiento y el crecimiento empresarial como a la ciudadanía, que solo ve en tierras, TES de raquítica rentabilidad y apartamentos para arrendar la cesta donde poner sus ahorros.

Las acciones de Ecopetrol eran una magnífica alternativa, un supuesto destino seguro, prudente, igual que comprar deuda de Estados Unidos, Alemania o Gran Bretaña. Pero, con todos los ruidos que la envuelven, devaluaron su atractivo y su imagen de marca segura. Porque subir el valor del dividendo sin un sustento técnico que lo justifique puede poner en mayor peligro su futura solvencia.

Aparte de dañar la marca Ecopetrol, compañía bandera colombiana, propiedad de todos los ciudadanos, lo triste es que este Gobierno caótico y populista ha conseguido que en este país ya todo dé igual. Nos acostumbraron a tanta sinvergonzonería, corrupción, mediocridad, mentiras, calumnias, irrespeto por la carta magna, desinterés por los crímenes diarios, que ya casi nada escandaliza.

Cada vez que un hecho aterrador o corrupto ocasiona algún terremoto, rara vez provoca réplicas, enseguida se pasa la página. Son tantos escándalos y de tan variado pelaje que apenas pueden procesarse. Estamos aterrados por uno y enseguida aparece el siguiente.

Y recuerden que también la fiscal general se tomó 40 días de vacaciones el año pasado sin importarle las innumerables carencias de su organismo. Porque para Luz Adriana Camargo, como para Ana María Robledo, debe ser que el objetivo último no consiste en mejorar nada, sino en echar una mano a Gustavo Petro. Y están coronando sus misiones con creces.

Day Vásquez, por ejemplo, destapó la robadera del hijo de papi en febrero de 2023 y el caso sigue en lista de espera. Entretanto, Nicolás se mueve por todos lados con insultante descaro y el papá lanza dardos contra Vicky Dávila por hacer bien su trabajo.

NOTA: En redes difundieron que el citado corrupto pasó unos días de vacaciones en el Club Militar San Fernando de Santa Marta. Nicolás robó el espacio a uniformados que merecían estar allá, un abuso presidencial para agraviar a los oficiales. Igual que la supuesta y muy grave “nivelación salarial” de las Fuerzas Militares. Una muestra del veneno que anida en el decreto: cabo tercero ganará 2.482.834 pesos y un sargento segundo, que necesita diez años para alcanzar ese grado, 2.545.974. Es decir, unos ridículos 63.140 pesos más. No es meritocracia, es vulgar petrismo.