Los resultados de las pruebas Pisa deben haber provocado una sacudida nacional. Cuando niños, niñas y adolescentes no alcanzan las competencias básicas en lectura y matemáticas, no hablamos simplemente de una mala calificación: hablamos de su futuro y de lo que ello representa para el país. Por eso esperaba, al menos, una dosis de autocrítica de Fecode. No ocurrió.
La respuesta del gremio fue la de siempre: buscar culpables afuera. Señalan a la inteligencia artificial, las nuevas tecnologías y el supuesto fantasma de la privatización, con el que siguen arremetiendo contra los colegios en concesión. Una postura insostenible. Cuando un niño se enferma y su EPS lo remite a la Fundación Santa Fe o al San Ignacio para una cirugía, la atención es gratuita, el Estado cubre la cuenta y nadie dice que se “privatizó la salud”: simplemente se acudió al mejor especialista para salvarle la vida. Con la concesión pasa exactamente lo mismo: el colegio es público y gratuito, pero administrado por expertos para ofrecer una educación de máxima calidad. Los resultados hablan por sí solos: en Bogotá, este modelo llega a sacarle hasta 20 puntos de ventaja en las Pruebas Saber a la educación oficial tradicional. La autocrítica es nula y la responsabilidad siempre es de alguien más.
Basta leer la declaración de la XXII Asamblea General Federal de Fecode, emitida a principios de este mes, para entender las prioridades de sus directivas. En el documento hubo espacio para Trump, Milei, Netanyahu y Bolsonaro; para Palestina y Cuba; para el “fascismo”, el “imperialismo”, el neoliberalismo y la supuesta “ofensiva oscurantista contra la educación pública”. No lo hubo para lo fundamental: evaluar cómo mejorar la calidad de la educación oficial para que el gran reto nacional sea que los niños alcancen los niveles necesarios y tengan verdaderas herramientas para la vida. Tampoco para resolver la atención en salud de los maestros. En su lugar, prefieren anunciar oposición y movilización.
Fecode tiene todo el derecho a fijar posiciones políticas. El problema es que hace rato dejó de defender a los docentes y mejorar la educación, para convertirse en una organización política, burocrática y nefasta. Y mientras tanto, las verdaderas urgencias siguen abandonadas.
Los maestros padecen un sistema de salud desastroso. Directivas de Fecode participaron en la aprobación y puesta en marcha de ese modelo a pesar de las advertencias, y dos de ellos enfrentan cargos disciplinarios en la Procuraduría por presuntas irregularidades. Uno pensaría que semejante desastre ocuparía buena parte de una Asamblea y que la salud de los docentes y sus familias sería la prioridad absoluta de quienes dicen representarlos, pero nada de eso importó.
El terremoto también dejó miles de colegios afectados. ¿Cuánto espacio mereció semejante tragedia en su declaración? Una frase. Fecode le exigió al Gobierno la reconstrucción de la infraestructura educativa. ¿Y ellos? Ni una propuesta concreta, ni un compromiso, ni una acción. Eso sí: para el imperialismo, el neoliberalismo y sus batallas ideológicas hay párrafos enteros.
Hay algo todavía más grave. Mientras las pruebas Pisa vuelven a poner en evidencia las fallas de aprendizaje, Fecode rechaza en esa misma declaración el proyecto que busca modificar la evaluación de competencias de los docentes. Amparados en su poder político y en su capacidad para paralizar los colegios, han logrado mantener un esquema sin exigencias. Una complacencia que se profundizó durante el gobierno Petro, que prácticamente les entregó el Ministerio de Educación para que hicieran y deshicieran. Los resultados de esa alianza están a la vista.
Colombia necesita mejores colegios, tecnología, conectividad y maestros bien remunerados, pero también necesita saber quién está enseñando bien y quién no. Exigir rigor no es perseguir a los maestros: es defender la educación.
Muchísimos docentes hacen un trabajo extraordinario y merecen una organización que realmente los represente, proteja su salud y luche por una educación de calidad. No unas directivas concentradas en la geopolítica, el “fascismo”, el neoliberalismo y sus intereses particulares y partidistas.
Los niños sin aprender, los maestros padeciendo por la salud y las directivas de Fecode hablando de todo menos de lo que deberían. No hay derecho.
