La acusación de la Corte Penal Internacional contra Benjamin Netanyahu de ser “presuntamente responsable de crímenes de guerra” y de “lesa humanidad”, de genocida, no frenó la maquinaria bélica. El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos inició la operación “Furia Épica” para atacar a Irán. Esta alianza reedita la tragedia de Gaza que dejó un saldo desolador: más de 72.000 palestinos y de 2.000 israelíes muertos, cerca de 165.000 y 6.700 heridos, respectivamente, y 1,9 millones de personas desplazadas tras la respuesta al ataque extremista de Hamás del 7 de octubre de 2023 ().
El imperialismo estadounidense e Israel se fusionaron y, como señalan Mearsheimer y Walt, “el lobby proisraelí tiene una influencia desmedida en la política exterior” (Revéiz, 2025), que los convierte a los dos en primer factor de desestabilización global.
Esa amalgama, que vincula también al poder de Wall Street, con los Rothschild a la cabeza, busca el control del golfo Pérsico y el estratégico estrecho de Ormuz, que es uno de los cinco grandes sistemas marítimos que se pretende controlar, este mediante la expansión del “Gran Israel” (Revéiz, 2025). “No me importaría que se lo llevaran todo”, dijo Mike Huckabee, embajador de Estados Unidos en Jerusalén, aunque el plan en curso pueda anexar zonas de Egipto, Irak, Jordania, Líbano, Arabia Saudita, Siria y toda Palestina.
Tras 50 días de guerra, falló el cálculo de Netanyahu de que la “acción militar conjunta” degradaría en Irán “las capacidades nucleares y balísticas” y que incitaría “un cambio de régimen”. Trump y los suyos pagan el precio de este error estratégico: un golpe que, más que un bumerán, ha resultado ser un ‘bumeirán’. Los costos económicos, políticos y militares que Estados Unidos paga por ese paso en falso son enormes y está encartado para solucionarlo.
Al 15 de abril, los fallecidos son casi 6.000, con 3.375 iraníes, 2.167 en Líbano, 26 israelíes, 13 norteamericanos y los 170 restantes en diez países del golfo. Los heridos pasan de 42.000, hay 26.500 iraníes, 7.693 en Israel, 7.061 en Líbano, 200 norteamericanos, docenas en Irak y Kuwait, 224 en Emiratos Árabes Unidos y los demás en naciones árabes.
De 19 instalaciones que Estados Unidos tiene en el golfo con entre 40.500 y 50.000 tropas para operaciones navales, logística, inteligencia y protección, el New York Times informa que 17 han sido atacadas, con daños en radares, edificios y servicios básicos. El costo de reparación estimado es de 800 millones de dólares, pero algunas quedaron “inhabitables” y los militares se movieron a hoteles lujosos en Doha y Bahréin.
El desangre económico es insostenible. Roger Pielke (AEI) estima que el costo de la guerra contra Irán en combustible y fertilizantes es de 75 dólares al mes para cada hogar norteamericano, y “que ascenderá a los 150”. En total, lo “que los estadounidenses están pagando son alrededor de 1.400 millones de dólares diarios”, incluidos los gastos públicos, lo que impelió al Pentágono a pedir una partida adicional de 200.000 millones.
En el terreno militar, al 10 de abril, las pérdidas aéreas eran 24 MQ-9 no tripulados destruidos, junto con cuatro aviones F-15, dos MC-130J, un E-3G, tres tanqueros, un A-10C, un helicóptero CH47F y cuatro más MH-6M. Otros seis tanqueros fueron averiados, así como un E-3G, dos helicópteros HH-60W y un avión F-35 (TWZ).
Estados Unidos gastó una producción anual de misiles e Israel lanzó más de 10.000, lo que destruyó infraestructura energética iraní por 58.000 millones de dólares. Esa victoria es un espejismo. Carga con un desastre porque, además de los golpes recibidos, el botín, el estrecho de Ormuz, lo controla la Guardia Revolucionaria. El barril de petróleo en los 100 dólares pone la sombra de una inflación global y de una recesión cada vez más real (FMI).
La debacle política es absoluta. Los aliados de Europa le dieron la espalda a Washington, no prestan sus bases, apoyan las peticiones de armisticio inmediato y se unen al clamor de paz del papa León XIV, quien pregona que “el mundo está siendo devastado por un puñado de tiranos”. En casa, la popularidad de Trump se desploma y se augura una derrota a los republicanos en las elecciones a mitad de mandato (The Economist).
Trump todavía titubea entre amenazas no cumplidas y decidió extender el alto al fuego con Irán, mientras vociferaba con destruirla con bombas. Como sentenció el Wall Street Journal: Trump es “demasiado orgulloso para admitir el error hasta que la economía le quebró la mano”.
