OPINIÓN

Luis Carlos Vélez

Hora de votar

O somos una sociedad como Irán o Venezuela, o tratamos de ser la mejor versión de una Colombia competitiva y libre.
7 de marzo de 2026, 7:07 a. m.

Este fin de semana comienza la lucha final por el modelo de país que queremos. Entre todos escogeremos si profundizamos por el camino del socialismo del siglo XXI o viramos hacia la defensa de las verdaderas libertades y la lucha contra el narcotráfico. Son unas elecciones determinantes. Me explico.

Las elecciones al Congreso son el primer round de un momento decisivo para el país. Colombia no es ajena a la coyuntura internacionalque ha dividido al mundo entre quienes apoyan la lucha contra el narcotráfico, el abuso a las mujeres, el terrorismo, las teocracias y los Gobiernos gigantescos que hunden las economías nacionales, y quienes no.

De un lado están quienes creen que la solución a los problemas de las naciones está en ampliar el aparato estatal para que este regule lo que decimos, hacemos y producimos; del otro, quienes están convencidos de que la mejor manera de progresar es generar incentivos para que la sociedad compita y produzca la mayor prosperidad colectiva posible. Unos creen que lo mejor es que todos seamos iguales aunque seamos pobres; otros, que todos tengamos la oportunidad de prosperar y generar un beneficio social. Se los pongo de la manera más sencilla posible: o somos una sociedad como Irán o Venezuela, o tratamos de ser la mejor versión de una Colombia competitiva y libre.

El Congreso tiene un papel fundamental en esa transformación. El tridente de poder que nos da la Constitución otorga al Legislativo un valor tan importante como el presidencial. Un jefe de Estado es prácticamente una figura decorativa si no logra pasar sus proyectos por el Legislativo. Por eso, la elección de una mayoría de congresistas que entienda y comparta un plan de progreso para Colombia es esencial: para acompañar, ojalá, a un presidente que pueda poner en marcha el cambio o –en ausencia de un mandatario con la misma visión– para servir de freno a los impulsos de la izquierda radical, que busca anquilosarnos en un modelo que elimina las libertades, exacerba el narcotráfico o pretende implementar las ideas rígidas del socialismo latinoamericano de los setenta o su versión más perversa y reciente del socialismo del siglo XXI.

La presidencia de Trump volvió a poner en evidencia esos dos mundos. Aunque su forma de implementar cambios en defensa de las libertades puede ser criticada, no cabe duda de que resulta difícil oponerse a la liberación de Venezuela de las garras de Maduro y su círculo corrupto, a la retirada de autoridades que abusaban de las mujeres en Irán o al combate contra el peligroso y destructor narcotráfico a nivel global.

La región ya está tomando partido: Chile con Kast, Argentina con Milei, Honduras con Asfura, Ecuador con Noboa y Paraguay con Peña. Todos son mandatarios que entienden este mundo binario y creen que avanzar como país significa marcar un parteaguas con los Estados grandes y derrochadores, con la narcopolítica incrustada en nuestra sociedad y con las alianzas internacionales con China, Irán y Rusia, que, más allá de créditos muy costosos y de la posible presencia de organizaciones al margen de la ley en la región, poco o nada representan para sus ciudadanos.

Los colombianos también debemos observar cómo Cuba, otro germinador de las ideas comunistas en la región, está por caer, no solo por la presión económica de Estados Unidos, sino también por el fracaso económico de su modelo.

Como ven, Colombia está frente a un momento determinante. O nos subimos a la ola del cambio hacia la libertad, con todos los riesgos que ello supone (además de enfrentar a sus poderosos, corruptos y asesinos contradictores), o seguimos en la senda rígida de quienes hoy gobiernan, se presentaron como un cambio y terminaron siendo peores que los políticos de siempre. Es hora de votar.