OPINIÓN

Juliana Londoño

La medicina como arma política

La atención médica se ha constituido en un importante medio de acción política que pasa desapercibido.
8 de julio de 2022 a las 11:59 a. m.

A raíz de las informaciones de que Iván Márquez se encuentra en un hospital en Caracas, se recuerda que la atención médica se ha constituido en un importante medio de acción política, que muchas veces pasa desapercibido.

Es especialmente evidente en Cuba, en donde la medicina es el “arma secreta” de la Revolución. Los cubanos siempre se han ufanado de su medicina. Aunque no todo el mundo está convencido de ello, afirman que son descubridores de una vacuna contra el cáncer de pulmón, que pueden tratar el vitíligo, que son los líderes en ortopedia y en fisioterapia, de la cura del alcoholismo y la obesidad, entre otras muchas cosas.

Después de la caída del socialismo y como consecuencia del bloqueo norteamericano, Cuba optó por la medicina para “exportar la revolución”. Envió brigadas médicas a muchos países, especialmente a algunas regiones marginadas. Uno de los primeros proyectos se denominó “operación milagro”, para operar de cataratas a personas de bajos recursos, que no podían acceder a esa intervención quirúrgica en sus países.

Esa modalidad se extendió a otras especialidades. Es sabido que en un corto lapso el mejor cliente fue Venezuela, siendo el primer paso para su ‘cubanización’. Se enviaron también brigadas médicas a varios países en medio de protestas de las asociaciones locales. Además, estaban presentes para ayudar en medio de terremotos y huracanes.

Sin embargo, la atención médica se extendió a otros sectores. Varios jefes de Estado latinoamericanos han viajado a Cuba por diferentes dolencias. Hugo Chávez, durante toda su enfermedad, permaneció en Cuba. Fue la oportunidad para que allá, después de un cuidadoso análisis, le recomendaran que escogiera a Maduro como sucesor. Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa y Manuel Zelaya, y quien sabe qué otros, han sido pacientes de la medicina cubana.

No pocos ilustres colombianos han sido tratados en Cuba, en condiciones muy favorables. Los de derecha se vuelven amigos de Cuba y los de izquierda, incondicionales. Queda una perdurable gratitud.

Pero la acción se extiende también a otras áreas. Durante las negociaciones con el ELN, en los gobiernos de Pastrana y Uribe, varios militantes de ese grupo y de las Farc recibían atención médica en Cuba. Incluso, uno de los cinco miembros del Coce falleció en La Habana a causa de una dolencia crónica. El Gobierno de Colombia era informado discretamente de todo.

Esto para no hablar de la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas de La Habana, fundada por Castro en 1999 y en la que hay estudiantes de 125 países becados íntegramente por el Gobierno de Cuba.

Los candidatos son seleccionados por las embajadas cubanas en diferentes países. Los colombianos, desde el principio, han sido los más beneficiados. Después de cursar, entre otras materias, marxismo-leninismo, regresan al país siendo amantes y seguidores incondicionales de la Revolución cubana.

Es bien sabido que nuestro presidente electo también es cliente de la medicina cubana y que hace poco tiempo fue objeto de una intervención quirúrgica en La Habana. Seguramente, se dio cuenta de que en Colombia conseguir una cita con un especialista era más difícil que pagar el impuesto predial en Bogotá y que, muchas veces, cuando finalmente se la daban, el paciente ya había fallecido.