Terminando el año pasado, una de las inquietudes era el contexto en que se iban a generar las condiciones financieras globales en 2026, principalmente por el debate sobre las tasas de interés en Estados Unidos, tanto por la política monetaria como por las tasas de interés de los bonos del Gobierno americano.
Si bien los mercados descontaban algo de reducciones en las tasas de interés, también había un contexto de estabilidad en el crecimiento y un mercado laboral menos dinámico, pero no débil, que proponían alguna estabilidad en las tasas de interés. En sí la tendencia de desinflación se había ralentizado y la inflación se mantenía por fuera de la definición de estabilidad de precios. Dada la fuerte demanda de inversiones de capital de la inteligencia artificial –recientemente elevada a más de setecientos mil millones de dólares este año–, el déficit fiscal y las presiones políticas sobre la Reserva Federal, algunos contemplaban riesgos para las tasas de los bonos del Gobierno y posibles efectos para las condiciones globales.
Los mercados de capitales en esta década empezaron a experimentar fuertes cambios de la mano de los ajustes en las políticas públicas y en la transformación económica y productiva.
Este año, la redefinición geopolítica global elevó las secuelas sobre las cadenas de suministros, en especial sobre los mercados de petróleo tras la guerra con Irán que empezó el 28 de febrero. Una pauta que no se esperaba y que empieza a prolongarse. Precios de la referencia Brent sobre los cien dólares, presiones en el valor de los fertilizantes y otras materias primas parecen un episodio que trae a la memoria el año 2022. Los precios del petróleo y del gas han empezado a reflejarse en un repunte en los precios del consumidor y en los precios del productor, como ha sido confirmado esta semana en Estados Unidos.
Las sorpresas negativas para la inflación hace unos años golpearon los mercados de valores, tanto en acciones como en bonos, y hubo pocos beneficios favorables en la diversificación de portafolios de inversión.
Esta vez, y desde el inicio del conflicto en Oriente Medio, han profundizado la diferenciación y dispersión de retornos en los activos financieros.
Mientras los países exportadores de materias primas han sido ganadores, y en general la región Asia Pacifico ha sido golpeada por ser importadora de esos bienes, algunas naciones de la región como Corea del Sur y Taiwán sobresalen por sus altos retornos producto de la industria tecnológica vinculada a la inteligencia artificial.
Del mismo modo, las acciones y los mercados de crédito en Estados Unidos se mantienen resilientes, marcando una pauta de buena salud financiera de las empresas. Esto a pesar de lo que pasa en los mercados de materias primas y las crecientes presiones de inflación. Para que esto se haya materializado ha sido fundamental el fuerte crecimiento en las ganancias de las empresas tecnológicas.
Esas ganancias marcan un elemento distintivo frente a 2022. El desarrollo que viene teniendo la inteligencia artificial se observa en la creciente penetración y adopción, en las utilidades de las empresas dedicadas a su desarrollo y la velocidad de crecimiento en el valor de estas empresas. Las expectativas de ingresos apuntan a tasas de más del 160 por ciento.
La nueva versión en boga de la inteligencia artificial es capaz de definir el mejor curso de acción sin tener una previa guía secuencial. De manera independiente, esta inteligencia planifica tareas complejas y puede hacerlo utilizando limitada supervisión humana. Se adapta y trabaja en forma colaborativa con aplicaciones e internet para lograr ejecución de tareas con autonomía.
Frente a la inteligencia artificial basada en razonamiento, su prioridad no es generar texto sino pensamiento lógico multinivel. El año pasado el foco era lograr una inteligencia artificial capaz de responder consultas a través de análisis profundos; este año, es la forma en que el conocimiento se transforma en ejecución. Estas formas de inteligencia no compiten, sino que se complementan.
En ese sentido la adopción de la inteligencia artificial se profundiza y ha sido clave para la resiliencia de los mercados de capitales en general.
Sin embargo, otro elemento que no debe descuidarse es el cambio en la cabeza del banco central de Estados Unidos. Dicho cambio en relación con aspectos que han sido fundamentales para el manejo de las condiciones financieras en un contexto de mayores presiones de inflación podría afectar la resiliencia de los mercados. Aún es una incógnita si se va a cambiar la orientación prospectiva y la frecuencia de dicha orientación por parte de la Reserva Federal. Del mismo modo, qué tan relevantes serán los pronósticos del banco central para guiar al mercado. Lo anterior podría generar mayores deferencias entre los gobernadores que deciden la senda de las tasas de interés e impactar los niveles de las tasas de interés de largo plazo en Estados Unidos.
