En algunas ocasiones miembros de las familias presidenciales, a la sombra del mandatario de turno aprovechan su condición para asegurar una proyección política futura. Otros prevalidos de una influencia real o ficticia, incurren en actos que los ponen al borde de los códigos penales.
En nuestro continente se recuerdan varios casos en gobiernos dictatoriales.
En Nicaragua, el General Anastasio Somoza García aseguró que él y su familia detentaran el poder desde 1932 hasta 1979. Su hijo el general Anastasio Somoza Debayle, se constituyó en el dueño de la mitad del país. Actualmente para adelantar cualquier negocio, se requiere el previo “visto bueno” de Daniel Ortega o de su vicepresidenta y esposa Rosario Murillo.
En República Dominicana, el caso del “Generalísimo” Trujillo fue similar. Su hijo Ramfis, que asumió inicialmente el control del país, con sus hermanos Angelita, Flor de Oro y Radhamés, eran multimillonarios y hacían todo tipo de lujosas excentricidades. Radhamés, murió años después del asesinato de su padre, en una finca cerca de Cali, en manos del cartel de los Rodríguez Orejuela.
En Haití el presidente François Duvalier, ungió a su hijo Jean Claude, no sólo como su sucesor, sino como presidente vitalicio del país. “Nené Doc”, como le decían, aprovechó la oportunidad para amasar una gran fortuna y comprar lujosas propiedades en la costa azul francesa.
Pero ha habido casos de otra índole. En Argentina, Evita, la esposa del general Juan Domingo Perón no fue presidenta, porque murió a los 32 años en medio de la conmoción de los argentinos que todavía la lloran. En cambio, su segunda esposa y antigua secretaria, Isabel Martínez, si asumió la presidencia después de la muerte de Perón.
En Colombia, para no mencionar a Alfonso López Michelsen ni a Andrés Pastrana, hijos de dos expresidentes, se dieron los casos de candidatos presidenciales como María Eugenia Rojas, hija del general Rojas Pinilla y Álvaro Gómez Hurtado, hijo del expresidente Laureano Gómez. Incluso de los nietos de Rojas Pinilla, uno fue alcalde de Bogotá y otro de Bucaramanga.
En Panamá, Martín Torrijos, hijo de Omar Torrijos el hombre fuerte de Panamá durante muchos años y autor de la hazaña de la devolución del Canal y de la Zona por parte de los Estados Unidos, fue elegido presidente por el voto popular en el 2004, años después de la muerte de su padre.
Algo parecido ha sucedido en el Perú, en Uruguay, en Chile, en Costa Rica y en otros estados. En Honduras, la actual presidenta, Xiomara Castro, es la esposa del derrocado presidente Manuel Zelaya, que impulsó su candidatura.
En Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, fue nominada como candidata presidencial por su esposo Néstor cuando este ejercía la presidencia. Obtuvo la mayoría en la primera vuelta.
En los Estados Unidos, Hillary Clinton esposa del presidente Clinton, fue candidata del partido demócrata a la presidencia. Incluso logró numéricamente la mayoría de los votos dentro del complejo sistema electoral de ese país. Muchos sugirieron que fuera nuevamente candidata para enfrentar a Trump.
Es evidente que ser miembro de una familia presidencial, tiene sus ventajas, siempre y cuando éste no se constituya en un lastre para el primer mandatario, como ha sucedido en algunas partes del mundo.
