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Opinión

  • | 2020/03/28 02:53

    Maduro, el presidente de las Farc

    Quizás Maduro corra la misma suerte que el dictador Manuel Antonio Noriega y termine tarde o temprano en las frías y desoladas paredes de una prisión gringa.

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La justicia de Estados Unidos dejó al descubierto una realidad escandalosa: Nicolás Maduro era socio de las Farc en el macabro negocio del narcotráfico durante el proceso de paz de La Habana. Es prácticamente imposible que el Gobierno Santos no lo supiera. Si lo sabía, ¿por qué permitió que Maduro metiera sus narices en las negociaciones? ¿Esa fue la razón por la cual el presidente Juan Manuel Santos se distanció de Maduro tras la firma del acuerdo?

¿Lo usó para llegar a la paz con el grupo armado sin importar el costo de la influencia como facilitador de un narco en la mesa? Nadie nos contó nada. Lo cierto es que el narcotráfico fue beneficiario indiscutible del proceso de paz en Colombia. Santos dejó 200.000 hectáreas de coca sembradas, aunque al iniciar su primer período presidencial recibió menos de 50.000 hectáreas. Aún hoy no sabemos la verdad relacionada con la estructura narcotraficante de las Farc y los que siguen en el proceso no aceptan públicamente ni en la JEP que fueron narcos. Tampoco han delatado a los grandes capos con los que se aliaron para traficar con cocaína. Esa verdad en Colombia está dormida y tiene muchos cómplices que pensaron que en la lucha por la paz el fin justifica los medios.   

Pero las acusaciones van más allá y plantean que Maduro, como cabeza del régimen venezolano, es el líder de una organización criminal narcotraficante y que entre sus socios hay dos colombianos: alias Iván Márquez y alias Jesús Santrich, quienes se rearmaron y traicionaron los acuerdos. Hoy son prófugos de la Justicia de Estados Unidos. A decir verdad, la Justicia de Colombia los dejó escapar y no fue capaz de ponerlos tras las rejas y extraditarlos. En Venezuela han estado protegidos y eso aquí todo el mundo lo sabe.

El indictment contra Nicolás Maduro es desolador y se convierte en un duro golpe para la confianza en el proceso de paz con las Farc. Según el documento, Márquez, siendo jefe y vocero del grupo terrorista, seguía comerciando cocaína, armas y entrenamiento militar con Maduro y su organización delictiva. Los seguimientos de Estados Unidos a Maduro durante 20 años parecen milimétricos, especialmente entre 2013 y 2017, en los que hay registro de reuniones entre Maduro y Márquez en Venezuela y grabaciones de terceros muy cercanos que los delatan y comprometen. Sí; según los investigadores estadounidenses, mientras Maduro fungía como facilitador de los diálogos perfeccionaba una estrategia criminal para seguir traficando cocaína junto con los capos de las Farc que jugaban a dos bandas en la mesa de conversaciones. Insisto, ¿el Gobierno Santos nunca supo?

No podemos olvidar que en 2010, en los últimos días de gobierno, el entonces presidente Álvaro Uribe denunció ante la comunidad internacional la alianza entre el Gobierno de Hugo Chávez y los grupos armados colombianos. Los computadores de los jefes de las Farc incautados en operaciones de nuestras fuerzas en el país son prueba irrefutable de que Chávez y su gente protegían en su territorio a las Farc y al ELN siendo organizaciones terroristas y narcotraficantes. Teníamos información verificada hasta de las coordenadas de ubicación de los campamentos y sabíamos cómo operaba el cartel de los Soles, la temible organización de generales venezolanos narcos. Muerto Chávez,  Maduro, el heredero, se atornilló en el poder con su dictadura y Venezuela se consolidó como un santuario del narcotráfico. Pero el Gobierno Santos fue ciego y sordo y cuidó con esmero las relaciones con el jefe del Palacio de Miraflores. ¿Qué pasó con toda la información y la evidencia que descubrió la inteligencia colombiana en el Gobierno Uribe? Simplemente se guardó, se escondió o se desapareció. Santos en alguna declaración ante la prensa, pocos meses después de llegar a la Casa de Nariño, aseguró que nada de lo denunciado se pudo confirmar. Hoy sabemos que todo era cierto.

El fiscal general de la división criminal del departamento de Justicia de Estados Unidos, Brian Benczkowski, el mismo que llevó el caso del ‘Chapo’ Guzmán, será la cabeza de las investigaciones contra Nicolás Maduro. Un funcionario conocido por ser mano de hierro y estoy segura de que no descansará hasta ponerlo preso. Por ahora la cabeza de Maduro tiene precio. Vale 15 millones de dólares. Cualquiera podría traicionarlo. Sus días en libertad parecieran contados y lo que viene para él y para Venezuela es incierto. En Colombia, inevitablemente, sufriremos consecuencias graves y más en medio de la pandemia del coronavirus.

Quizás Maduro corra la misma suerte que el dictador Manuel Antonio Noriega y termine tarde o temprano en las frías y desoladas paredes de una prisión gringa.

Esta es una alerta determinante de Washington. Maduro está cercado y seguro tomará como trinchera su silla presidencial. ¿Qué país o qué político se la jugará por un narco?, eso está por verse. Mientras tanto, estoy convencida de que las relaciones de Maduro con Colombia incluyen muchos y sorprendentes nombres, más allá de Márquez y Santrich. Ojalá se los lleven presos a todos a Estados Unidos. Y a todas estas, ¿qué pasó con las grabaciones sobre el proceso de paz con las que Maduro chantajeó a Colombia cuando Santos le hizo el feo?... 

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