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Opinión

  • | 2020/05/31 15:27

    Matarife o la exaltación de la cloaca

    Lo triste, y muestra de lo desorientado que debe andar este país, es que a un personajillo de su talante lo vuelvan oráculo.

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Es un hombre cegado por un obsesivo afán protagonista, que hizo de su vida de drogas y promiscuidad un canto a la malentendida libertad absoluta. Rasgos que fascinan a ciertos sectores de izquierda y a quienes disfrutan vomitando excrementos en las redes sociales.  

Lo único rescatable que encuentro de Daniel Mendoza, el creador del popular serial Matarife, es haber dejado el consumo de estupefacientes, todo un logro; pero desconocemos el número de jóvenes que el abogado empujó al vicio y siguen en el infierno de la adicción por sus mensajes tipo: “Eso que la droga mata es pura mierda!!!” o “Sin drogas puede que un joven adolescente exista, pero no vive”, entre otros. Los escribió en un libro que publicó con una editorial importante, pero le debían parecer tan fascinantes y dignos de difusión que los replicó en Twitter.

Peor aún son sus comentarios soeces y machistas sobre mujeres. Después del rechazo generalizado a la repugnante entrevista del guajiro Zuleta al que decía ser palabrero, no estaría de más que repasaran el comportamiento de Mendoza frente al género femenino.

En una carta que mandaron veintitantas socias a la Junta Directiva del Club El Nogal, al que él también pertenecía, protestaban porque semejante degenerado, cuando iba al gimnasio, las acechaba y “mientras lo hacía, se tocaba sutilmente sus partes íntimas”.

El ahora héroe de la barra brava antifuribista negó en su día –año 2016– las acusaciones. Finalmente era su palabra contra la de un nutrido grupo de mujeres. Yo les creo a ellas, dadas las apreciaciones de Mendoza sobre el sexo opuesto y por unas fotos vulgares con dos jovencitas que el orgulloso machista difundió. “La esposa es pa drogarla y después culearla”, rezaba una de sus máximas. “Una mujer penetrada por delante y por detrás, viva imagen de Jesucristo Redentor, adorado, crucificado, subiendo al cielo, salvándonos a todos”, afirmaba en otra.

Lo triste, y muestra de lo desorientado que debe andar este país, es que a un personajillo de su talante lo vuelvan oráculo.

Nada relevante ocurrió entonces ni nada pasará ahora, ni siquiera tras la portentosa campaña feminista del “MeToo”, que arruinó tantas carreras famosas. Lo triste, y muestra de lo desorientado que debe andar este país, es que a un personajillo de su talante lo vuelvan oráculo. Encuentro descorazonador observar que para una parte de la sociedad sea perfecto enaltecer tanto a un machista irredento como a un remedo de periodismo, solo porque hoy ataca a Uribe, quizá el político que genera más odio entre sus incontables detractores. Lo que parece que la gente ignora es que mañana ese Mendoza o cualquier sujeto de pelaje parecido puede irse lanza en ristre contra Petro, que despierta idénticas pasiones cruzadas, o contra un candidato presidencial al que quieran desacreditar a cambio de plata. Incluso contra una persona del común, sin proyección pública, con el mero fin de acabarla.

Ese abogado ya lo intentó en el pasado con un ciudadano canadiense iraní, socio de El Nogal, al que, además de otros falsos señalamientos, llegó a tildar de peligroso islamista, difamación que le generó problemas. Y eso que era amigo de su papá. Ahora, con Matarife, Mendoza abrió la puerta a una nueva modalidad de telebasura a la que, por desgracia, auguro un futuro brillante en ese universo mediático sin límites profesionales ni éticos.

Uno puede advertir que el odio no solo hacia Uribe, sino el irracional que hacen extensivo hacia todos sus seguidores, lo azuzan productos como el mencionado. Por tanto, el éxito en número de seguidores del citado serial, que Mendoza y sus fans consideran apoteósico, solo indica que el método funciona y da igual que tenga o no rigurosidad periodística, si es verdad o mentira, la clave es lograr entrar al nuevo Olimpo de las Tendencias y las grabaciones Virales para volverse los reyes de las alcantarillas.  

Debe sentirse orgulloso al conocer trinos como los de un joven médico del Huila, advirtiendo que dejaría agonizar uribistas que se contagien de covid-19.

“A gente como usted debería uno dejarlos morir al caer enfermos, no se imagina lo incómodo que es tener que obligarse a tratar como un ser humano a un uribista”, escupió en Twitter. Luego pidió disculpas, pero la virulencia de otra diatriba, que prefiero no reproducir, esconde un preocupante odio desbordante, visceral, cada día más común y que aflora por todas partes. Recuerden que ya hubo otro médico con amenazas similares.

Tal vez más adelante serán ellos mismos u otros de su entorno los que caigan en unas redes igual de podridas. Lo que abunda hoy en día son los ataques de odio hacia quien sea y siempre aparecerán Mendozas para espolearlos.   

NOTA: Hablando de odio. Aterradora imagen del policía blanco asfixiando a un ciudadano negro indefenso en USA. Increíble que aún crean que el color de la piel hace la diferencia.

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