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Óscar Ramírez Vahos
Óscar Ramírez Vahos - Foto: SEMANA

Ministra Irene Vélez, ¡nos va a dejar en la olla con su retroceso energético!

En su campaña de 2018, el entonces candidato Petro había dado unas puntadas de cómo veía el futuro de la transición.

Por: Óscar Ramírez Vahos

Aunque la olla con leña había sido llevada por la oposición al recinto del Congreso, la ministra Irene Vélez no resistió la tentación y se hizo una foto con ella, posando orgullosa con la sonrisa tranquila de quien sabe que la aplanadora del Gobierno no iba a dejar prosperar moción de censura alguna.

Pero más allá de la frivolidad que esto encierra, lo que debería despertar toda inquietud es el mensaje que puso en su cuenta de Twitter a raíz de la foto: “Con la fuerza de las ollas comunitarias que alimentan a los barrios populares y veredas de Colombia, ratificamos que la Transición Energética será justa, segura y con la gente”.

¿A qué “fuerza de las ollas comunitarias” se refiere? ¿Es que de verdad supone que las personas de estratos 1 y 2 se alimentan en ollas públicas en su día a día? En realidad, 36 millones de colombianos en casi 11 millones de hogares utilizan gas natural para cocinar. Lo de prender a leña una olla en medio de la calle, además de insalubre y contaminante en grado sumo, es un hecho cultural puntual de organizaciones de izquierda, pero en ningún caso obedece a la cotidianidad de quien cocina con gas y paga a fin de mes un recibo por ese servicio. Así de dramática es la desconexión de la ministra con la realidad.

Irene Vélez no dijo absolutamente nada concreto sobre la transición energética en los 40 minutos de su intervención. Sorprende mucho, pues la disciplina filosófica acostumbra a los filósofos a ser concretos y certeros en sus ideas.

En cambio, lo que vimos fue a una ministra divagando y hablando con rodeos sobre una abstracción, una quimera: la realidad es que hoy, de la tan cacareada transición energética, se conocen las nefastas consecuencias que desencadenaría; porque de cronogramas, planes, flujos financieros, reemplazo tecnológico o complementariedad, no se dijo, no se sabe, y no se tiene absolutamente nada de parte de la ministra y del Gobierno.

En su campaña de 2018, el entonces candidato Petro había dado unas puntadas de cómo veía el futuro de la transición: taxis que se movilizan impulsados por paneles solares instalados en los techos de los vehículos, con lo que el conductor, según Petro, rompería las cadenas que lo “esclavizaban” al patrón y al petrolero. Tal esfuerzo de imaginación es digno de la ciencia ficción de Julio Verne, pero no de la realidad colombiana ni de lo que hay detrás del afán petrista por avanzar en la transición energética.

Los pasos han sido claros: extinguir a Ecopetrol, espantar a las empresas petroleras con impuestos acumulados del 75 %, estrechar la relación con Venezuela y, en un futuro, depender del vecino país que nos venderá gas y gasolina mientras se adelanta la pantomima de ponerle paneles solares futuristas a los techos de los taxis. De la anterior lista, los tres primeros pasos ya están hechos.

Sería más exacto hablar de retroceso energético, en lugar de transición energética: depender de Venezuela, un país sociopolíticamente inestable, es condenar al país a pagar más por el gas y la gasolina mientras se salvan las finanzas chavistas. Y en ese retroceso, cualquier inestabilidad binacional nos llevaría, sin mentir ni exagerar, a la leña de nuevo.

De hecho, eso sucede hoy en Europa en los países que dependían del gas producido en Rusia, cuyo suministro se vio interrumpido por la guerra en Ucrania. La calefacción en invierno será a leña, pues por los tubos ya no sale gas ruso.

La designación de Irene Vélez en un cargo para el que no poseía ni remotamente las calidades técnicas necesarias no es gratuito: su labor, al no conocer el sector mineroenergético, es destruir ese sector.

En honor a la verdad, hay que precisar que una transición energética sí se venía realizando en el país desde el gobierno pasado. La gran diferencia es que se estaba adelantando sin sacrificar ni un ápice de la soberanía energética de Colombia y avanzando en la eficiente explotación de todos los recursos disponibles, que además de energía generan riqueza para el país. Desde el año pasado, Colombia ya aparecía destacada en rankings internacionales por su ruta para la producción de hidrógeno verde. ¿A qué hora se desvió tanto el camino?

Lo cierto es que Irene Vélez seguirá atornillada en el cargo cumpliendo con alta eficiencia su misión de acabar con nuestra capacidad de no depender de Venezuela en lo concerniente a la energía. El futuro que nos espera como nación no es nada halagador: vamos a quedar en la olla.