OPINIÓN

Pedro Mauricio Gutiérrez

Ningún pasaje vale una vida

La muerte de un joven guarda de seguridad no puede convertirse en una cifra más ni en una noticia pasajera. Detrás de esta tragedia hay una reflexión urgente sobre la violencia, el respeto por las normas y la manera como hemos llegado a normalizar conductas que terminan poniendo en riesgo la vida de quienes trabajan para proteger a los demás.
23 de septiembre de 2026 a las 10:00 a. m.

Hay noticias que conmueven. Y hay otras que obligan a preguntarnos qué estamos haciendo como sociedad. La muerte de Cristian Garzón pertenece a esa categoría.

Cristian tenía 27 años. Era guarda de seguridad y salió de su casa para cumplir con su trabajo: proteger una estación y ayudar a que las normas se respetaran. Pero no regresó.

Dos heridas con arma blanca recibidas durante un procedimiento para evitar el ingreso irregular a la estación Terreros, en Soacha, terminaron arrebatándole la vida y dejaron una pregunta: ¿en qué momento una conducta se convirtió en amenaza para quienes trabajan?

Esta historia no habla únicamente de evasión. Habla de la dificultad para convivir bajo reglas comunes y de una violencia que se normaliza hasta que una discusión por un ingreso irregular termina en tragedia.

Las cifras dimensionan el problema. Entre enero y septiembre de este año se han registrado 332 vigilantes agredidos. En 2024 fueron 265 y en 2025, 651. Pero detrás de las estadísticas hay personas: guardas, policías, gestores y trabajadores que salen cada día a cumplir su labor y tienen derecho a regresar a sus hogares. Ninguno debería arriesgar su integridad por proteger una regla.

Por eso quiero ser claro: ningún guarda de seguridad debería arriesgar su vida para impedir que una persona evada el pago.

Desde TRANSMILENIO S.A. trabajamos para que el control de la evasión no dependa de la confrontación. El Plan Estratégico Antievasión, vigente desde 2024, articula tecnología, infraestructura, control, cultura ciudadana y coordinación institucional. Incluye cámaras, barreras, vigilancia y operativos.

La infraestructura también es parte de la solución. Las obras de la Primera Línea del Metro obligaron al retiro temporal de puertas y barreras en sectores de la troncal Caracas, mientras algunas estaciones provisionales operan sin mecanismos suficientes para mitigar la evasión. Los nuevos controles avanzan.

Sin embargo, podemos instalar más cámaras, puertas y controles. Ninguna tecnología será suficiente si creemos que incumplir una norma no tiene consecuencias y que la violencia es una respuesta aceptable. Ninguna puerta será suficiente si decidimos seguir saltándola.

La convivencia comienza cuando cumplir una norma es cuidar al otro. Pagar el pasaje contribuye a la sostenibilidad del Sistema, pero respetar las reglas significa reconocer que ningún trabajador debe ser agredido por cumplir su labor.

La respuesta no puede ser únicamente institucional. Es una responsabilidad compartida. No normalicemos la evasión, pero tampoco la violencia. Si una situación escala, no la alimentemos. Si somos testigos de una agresión, reportémosla.

A la familia de Cristian, nuestro respeto, solidaridad y acompañamiento. Pero sí podemos asumir una responsabilidad colectiva: que su muerte no sea reducida a una estadística más.

Porque la evasión no comienza cuando alguien salta una barrera. Comienza cuando justificamos que las reglas son opcionales, creemos que la norma solo obliga a los demás y dejamos de reconocer a quien cumple.

Cristian no murió defendiendo un pasaje. Murió intentando cumplir con una responsabilidad que la sociedad le había confiado. Detrás de cada guarda, policía, gestor y trabajador del Sistema hay una persona que salió de su casa todos los días con una expectativa sencilla: regresar a casa.

Desde las instituciones debemos fortalecer prevención, pedagogía y seguridad. Desde la ciudadanía debemos asumir el compromiso de respetar las normas y proteger la vida. El Sistema es de todos. Y cuidarlo también lo es.

Que la muerte de Cristian no sea una noticia más. Que sea un límite. Que sea un punto de inflexión. Que nunca más tengamos que pagar con una vida las consecuencias de la evasión. Ninguna confrontación, diferencia o infracción justifica perder una vida humana.