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Opinión

  • | 1983/05/02 00:00

    NOTICIAS EN BANDEJA

    Estamos hablando, el lector ya lo habrá imaginado, de una cosa muy complicada que es la responsabilidad moral de periodista.

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Ronald Simmons, 30, y Gary Harris, 18, eran hasta hace pocas semanas dos camarógrafos prácticamente anónimos de una estación local de televisión en Jacksonville, Alabama, Estados Unidos. Habrían continuado siéndolo si Cecil Andrews, un obrero desempleado de 37 años, no hubiera resuelto llamarlos por teléfono para comunicarles que planeaba incinerarse frente a sus cámaras de T.V. Simmons y Harris salieron, por este motivo, del anonimato. Se han visto envueltos en una agitada polémica que ha encontrado hondas repercusiones en los principales medios de comunicación norteamericanos, porque aparentemente Andrews esperó su llegada para rociarse con un líquido inflamable y prenderse fuego, mientras los camarógrafos ponían sus cámaras a rodar. Sólo después de 37 segundos, cuando el hombre era ya una tea humana, se les ocurrió detenerlo, pero este descuido "voluntario" impidió que hubieran llegado con las manos vacías a la estación de televisión local. "Mi trabajo consiste en registrar los eventos a medida que se suceden, no en prevenirlos", afirmó enfáticamente Simmons a manera de defensa.
Si el lector, como es probable, ha condenado a los camarógrafos mediante un sencillo procedimiento de ética algebraica, es mejor que verifique el resultado. Más aún si resulta ser colombiano, y si se ha enfrentado alguna mañana, a aquella hora matutina en la que uno parece ser más sensible ante los acontecimientos (porque, qué se yo, el espíritu aún no ha desayunado la obligada dosis frita de realidad), con la fotografía de un secuestrado por algún grupo guerrillero que intenta sonreir enigmáticamente desde la página de un periódico, como sólo saben sonreir los sentenciados a muerte.
El dilema de los dos camarógrafos norteamericanos no es extraño en nuestro medio. En múltiples ocasiones se ha ventilado en Colombia la conveniencia de que la prensa hablada o escrita reproduzca reportajes, caras o fotografías que, en sí mismos susceptibles de constituir noticia, conllevan también una propaganda implícita para algunos grupos alzados en armas, que como el suicida de nuestra historia, recurren a métodos escandalosos ilegales o violentos para ventilar públicamente sus intereses y establecer sobre la prensa un sofisticado tipo de chantaje consistente en ofrecerles a los periodistas una noticia cuyo fondo es, por un lado, moralmente rechazable, pero por el otro constituye inevitablemente un foco de interés profesional.
Con este tema sucede algo semejante que con el desarme. No operan los buenos propósitos unilaterales.
Si un determinado medio de comunicación se niega a publicar, por ejemplo, la foto de Bishop portando el estandarte de un grupo guerrillero y más bien acude a la solución intermedia de describirla en términos generales, se arriesga a cometer el primer pecado capital del periodista que es el de dejarse "chiviar" por sus rivales. Mientras no exista un acuerdo general entre los medios de comunicación, en el que de ninguna manera podrá jamás intervenir el gobierno en aras de la conservación de la libertad de prensa, los grupos guerrilleros continuarán obteniendo la propaganda que buscan al poner en circulación la dolorosa imagen directa de su víctima, prisionera en el estrecho reducto de una lente fotográfica.
Estamos hablando, el lector ya lo habrá imaginado, de una cosa muy complicada que es la responsabilidad moral implícita en el ejercicio del periodismo. En el margen del impacto social de la noticia es, finalmente, donde el periodista deja de ser un autómata recolector de datos para convertirse en un profesional obligado a medir el poder que tiene de moldear la opinión pública.
Y si después de estas breves consideraciones es menester llegar a alguna conclusión, pues no la hagamos esperar: jamás podrá permitirse que sea más importante registrar la noticia de un hombre que resuelve prenderse fuego, que la labor, quizás anónima, de impedirle cumplir sus funestos propósitos de quitarse la vida.--
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