OPINIÓN

Juan Camilo Caicedo Chaparro

Petro y la medida del hampa

Para mí, por ejemplo, es impensable matar a alguien.
9 de septiembre de 2026 a las 11:00 a. m.

Para nadie es un secreto que uno de los rincones más infames en Colombia es el perfil de X —antes Twitter— de Gustavo Petro. Ahí, cual muro del horror, reposan los absurdos, desafueros, vulgaridades, excentricidades y, en general, toda la podredumbre propia y ya bien conocida del expresidente. También el reflejo de su pobre formación: frases deshilvanadas, con errores de ortografía y sin seguir las más elementales reglas de la sintaxis. Un holocausto idiomático.

En ese recoveco del horror, en el que siempre hay espacio para disparates novedosos y de perversidad creciente, se lamentó Petro por el operativo en el que la Fuerza Pública dio de baja a alias Bendito Menor. Escribió que “Alias ‘Bendito menor’ Wayúu de nombre Naim Peres era un delincuente menor en la Guajira que se ganó el odio de Abelardo antes de ser presidente” (transcribo con horrores).

No deja de ser curioso el concepto de delincuente menor del expresidente. A mí, por ejemplo, si me preguntan por un delincuente menor, hablaría de personas que cometen delitos de poca monta. Ladronzuelos, pillos, pequeños estafadores o malandrines de esquina que se dedican a cometer delitos de bagatela: conductas tan insignificantes que parecen hasta risibles cuando se llevan ante la administración de justicia. Repito: ese es mi concepto. Lo que se me viene a mí a la mente, que no debe ser lo que se le viene al señor expresidente.

Pero veamos, pues, el prontuario de alias Bendito Menor, a ver qué tan “menor” era su delincuencia. Y empecemos por decir que, según información de prensa, sobre el muchacho en cuestión recaían la friolera de cinco órdenes de captura y una circular roja de Interpol. Dichos requerimientos eran por los siguientes delitos: homicidio agravado, secuestro, extorsión y concierto para delinquir agravado. Como por no decir que también se le vinculaba con conductas de narcotráfico, lavado de activos y amenazas a la Fuerza Pública. Vaya delincuente menor.

Se me viene a la mente el filósofo español José Ortega y Gasset con su frase aquella de “Yo soy yo y mi circunstancia”. Porque, al final, nuestra idea de lo bueno y de lo malo, de lo tolerable y de lo intolerable, también se construye a partir de aquello que nos rodea. Y no puedo evitar preguntarme qué circunstancias llevaron a Petro a considerar “menor” a un delincuente acusado de homicidio, secuestro y extorsión. Qué tuvo que ver, escuchar y normalizar durante su vida para que semejante prontuario le parezca poca cosa.

Creo que ahí está la diferencia.

Para mí, por ejemplo, es impensable matar a alguien. A pesar de que en mi antiguo trabajo de fiscal me tocó convivir a diario con la muerte, jamás se me ha pasado por la cabeza empuñar un arma para hacerle daño a persona alguna. Tampoco he robado, extorsionado, secuestrado o realizado conductas similares contra nadie. La sola idea de que un conocido mío realice alguna de estas conductas me parece repugnante. Sería incapaz de sentarme en una mesa, en tono amistoso, con una persona que hubiera cometido alguno de estos delitos. Simplemente, mi moral no da para eso.

Pero el caso del expresidente Petro es distinto. Él pasó toda la década de sus 20 años compartiendo con los peores delincuentes de Colombia. Sus ídolos y jefes eran personas de la catadura moral de Iván Marino Ospina, Carlos Pizarro Leongómez, Álvaro Fayad y Luis Otero. De hecho, según sus memorias, nombró a su primer hijo Andrés, en homenaje a Andrés Almarales, el sujeto que, según varias versiones, ordenó ejecutar a varios magistrados en la toma del Palacio de Justicia. Un asesino a sangre fría.

Las personas que acabo de nombrar se pasaban sus días maquinando secuestros, extorsiones, masacres, homicidios selectivos y torturas. Estaban especializadas en arrasar contra todo aquel que disentía de su estúpida revolución. En pocas palabras, eran unos vulgares sectarios que arreglaban sus asuntos a punta de muerte. Unos sicarios bien cotizados que dizque luchaban por el pueblo.

Y de ahí que, en la mente de Petro, un sujeto de la categoría delincuencial de Bendito Menor sea un bandido de poca monta. Como quien dice que el que no conoce a Dios, a cualquier santo le reza. Cuando alguien anduvo entre los gigantes del hampa, un asesino con cinco órdenes de captura le viene pareciendo cualquier hijo de vecino. Un pistolero más, que en nada se compara con los delincuentes mayores que sí pasaron a la historia.

Imposible no pensar que en manos de ese sentido de la moral estuvo el país durante los últimos cuatro años. Y que hoy ese mismo criterio lidera la oposición. ¿Qué podría salir mal?