Quiero iniciar esta columna haciendo una aclaración: soy fan de María Corina Machado, y aspiro que más temprano que tarde, pueda obtener los votos necesarios para que se convierta en la próxima presidenta de Venezuela.
Dicho lo anterior es necesario comprender la situación que se está viviendo políticamente en el país vecino. Veamos un poco la historia: la crisis económica en Venezuela alcanza su nivel más alto en los 80 con la devaluación de la moneda en lo que se conoce como el viernes negro; para ese mismo año Lusinchi llega a la presidencia y, con el objetivo de darle vía libre a las reformas que se necesitaban para salir de la crisis, convocó el “pacto social venezolano”. Este pacto tenía como principales protagonistas a las empresas, los sindicatos y desde luego al gobierno. Este experimento no salió bien y para el final de su gobierno la crisis continuaba.
Su remplazo fue el expresidente Carlos Andrés Pérez, quien había sido presidente durante la bonanza petrolera, y con la esperanza de repetir los resultados de su primer gobierno en los 70, ilusionó y ganó. En su gobierno se lanzó la política conocida como ‘el gran viraje’ en el cual introdujo los conceptos neoliberales y de libre mercado que estaban en boga en la región.
La implementación de estas políticas causó un gran impacto en el pueblo venezolano y pronto se convocaron manifestaciones en contra del gobierno, las cuales llegaron hasta la capital y en su recorrido dejó centenares de personas muertas, a este episodio se le conoce como el Caracazo.
El inconformismo crecía y el pueblo venezolano exigía cambios de todo orden, especialmente en lo político; puesto que acusaban a los partidos de la corrupción que los llevó a esta situación, fue así como nació el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, el cual estaba conformado por miembros de la fuerza pública que apoyaban las manifestaciones; este movimiento intentó dar un golpe de Estado, el cual resultó fallido; este grupo estaba liderado por el teniente coronel Hugo Chávez Frías.
Tres meses después se volvió a presentar el intento de golpe, el cual fue nuevamente neutralizado, pero esta vez el teniente coronel terminó preso.
Paralelo a esto, un juez de la República destituyó y sentenció a Carlos Andrés Pérez y a varios de sus miembros de gobierno a la cárcel, acusándolos de malversación de fondos en un juicio que se antojaba bastante discutido; todo parecía indicar que se trataba de un intento por mermar el ímpetu de las protestas.
Como consecuencia de lo anterior, llega al poder Rafael Caldera, el cual toma la decisión de indultar a Chávez y a sus compañeros, pero no fue solo el indulto, también les dio la posibilidad de poder participar en política y con esta oportunidad el coronel se lanza a la presidencia y gana las elecciones.
Desde 1999 Venezuela dio un salto a lo desconocido. Lleno de la esperanza en una mentira, escogió al buen muerto de Hugo Chávez como presidente del país; este, con el objetivo de lograr el éxito de su plan, en ese mismo año cita a una asamblea constituyente y logra cambiar la constitución con la cual transforma, casi de manera total, la estructura del Estado. Cambia el nombre del país, crea mayores regulaciones, aumenta el poder del presidente, centralizando el poder de forma grosera; en pocas palabras, Chávez se convierte en el dueño de la soberanía, arrebatándola de las manos de la nación.
El relato histórico tiene como objetivo explicar por qué es lógico que los Estados Unidos no entreguen el poder al legítimo presidente de Venezuela, Edmundo González; la razón es obvia, al dejar en la presidencia a González, la misma estructura del Estado en Venezuela, la cual aún está en manos del chavismo se encargaría de hacer imposible su gobernabilidad.
Por otro lado, es importante saber que hoy por hoy María Corina no cuenta con ninguna representatividad política, más allá del reconocimiento por su lucha, más allá de la admiración, no solo de la mayoría de los venezolanos, sino también de los millones de ciudadanos de otros países que la admiramos y que nos ilusiona la idea de verla dirigir su país; pero la verdad hoy es que el presidente es Edmundo González, no María Corina; en Venezuela, el presidente postula a la persona que ocupará la vicepresidencia y lo hace ante el congreso y esta instancia es dominada, en su mayoría, por el chavismo.
Pero el mayor detalle que debemos comprender para entender que este no es momento de la líder venezolana, es el hecho que hoy el ejército continúa en manos del régimen. Instalar a Edmundo o a María Corina en Miraflores sería semejante a sentenciarlos a muerte; solo tenemos que indagar en los sucesos que se presentaron el 6 de enero de 2026 en la noche, en donde de acuerdo con información de personas con muy buenas fuentes en la Casa Blanca y en Venezuela, lo que se presentó fue la primera escaramuza entre los colectivos armados y la Guardia Bolivariana.
Así que después de tan brillante operación realizada por los Estados Unidos en cabeza de su presidente Donald Trump y de su secretario Marcos Rubio, lo que debe pasar ahora es limpiar la casa, pero se debe tener mucho cuidado de no cometer los mismos errores que se cometieron en la Irak de Sadam Huseín, en donde la improvisación, mezclada con la inmediatez llevaron al traste el logro del derrocamiento del dictador.
Rubio tiene razón, Venezuela no es el Medio Oriente y la forma como debe tratarse el problema requiere una mirada diferente; no se trata de apurar el final que ya inició, se trata de administrar con inteligencia el importante paso que se dio. Quizás las cosas no pasen con la rapidez con la que quisiéramos, pero como dicen por ahí, vístanme despacio que llevo afán.
No es el tiempo para María Corina, ella debe ser preservada. La transición debe ser sin ella, pero debe dirigirse hacia ella y a lo que representa. Rubio lo tiene claro y estoy seguro de que así se dará; lo que debe ocurrir ahora es que los criminales se comporten como criminales y se canibalicen entre ellos, se devoren. No va a hacer fácil que el delincuente de Diosdado se aguante otra “usurpación”, recordemos que él era el llamado para reemplazar a Chávez.
Estoy convencido de que Cabello será el próximo en caer, creo que dentro del plan estructurado de Trump, el no recoger a este personaje en el mismo viaje en el que recogió a Maduro va más allá de la excusa de que no se podían hacer cinco operaciones al mismo tiempo, eso no se lo cree nadie. Confío en Dios que el plan de Estados Unidos funcione, y que el sol brille en la democracia, hoy inexistente de Venezuela.










