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Opinión

  • | 2018/11/06 03:53

    Reficar

    Bolsonaro ganó las elecciones en Brasil con un discurso populista cargado de odio, amenazas y polarización.

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La gente votó, además, en contra del Partido de los Trabajadores porque está enfadada con la corrupción. Uno de los primeros actos como presidente electo fue la designación como ministro de Justicia del juez del caso Javo Lato que llevó a la cárcel a Lula, con lo que Bolsonaro envió un mensaje ambiguo: confirma su discurso en contra de la corrupción pero, al aceptar el juez el cargo, este deja claro el interés político de su condena al expresidente brasileño, generando un manto de sospecha sobre su propio accionar.

En todo caso, la rabia de los brasileños en contra de los corruptos es real. Así hayan llegado a las urnas empujados por el miedo y la mentira, el hecho de que tantos hayan votado en contra de los corruptos lanza un mensaje importante: no estamos dispuestos a permitir que nos sigan robando.

Guardando las debidas proporciones con Brasil, los montos de la corrupción en Colombia no son muy diferentes. Baste recordar los casos de Reficar, Odebretch, Alejandro Lyons en Córdoba, Hidroituango (¡ay, Fajardo!), la salud y un largo etcétera. Una de las causas del desfase financiero que está llevando a gravar la canasta familiar es, precisamente, toda esta corrupción (además de la evasión y del contrabando: los sanandresitos existen a la luz pública, pero al parecer al gobierno le asusta pisar los callos de esta mafia). Entre más roban, más grande es el hueco que dejan y más nos toca al pueblo restituir en impuesto lo que ellos han robado. Y mientras no haya al menos sanción social, seguro seguirán robando.

En Rusia, uno de los países más corruptos, se acaba de aprobar una enmienda al Código de Delitos Administrativos: si las empresas acusadas de soborno ayudan a descubrir e investigar a las personas involucradas en las conductas ilícitas, son eximidas de toda responsabilidad. En otras palabras, la ley incentiva a los rusos a que vomiten toda la podredumbre escondida bajo los cuellos blancos para que la ley del silencio no siga siendo cómplice de la corrupción que desangra el erario.

Por eso es importante una noticia que pasó desapercibida esta semana: Nicolás Isaksson, Jefe Jurídico de Reficar entre 2013 y 2017, recibió un principio de oportunidad y no será investigado por la Fiscalía por contar todos los detalles de cuatro nuevos hechos de corrupción, por los que se pagó el doble de su valor inicial, alrededor de la refinería de Cartagena.

Reficar es uno de los peores capítulos de la corrupción nacional. La obra costaba 3.700 millones de dólatres y al final se pagaron ¡7.400 millones de dólares! Sobrefacturaron hasta las grúas y se robaron hasta el espíritu de la compañía. Durante el proceso, Isaksson recordará los nombres de “ilustres” cartageneros involucrados en este desfalco mayúsculo: con lo que sacaron en la tula, seguramente no les importará pagar el IVA a los huevos.

Ojalá este ventilador realmente remueva las entrañas del caso y sean condenados los responsables, sea cual sea su apellido y “prestigio”.

@sanchezbaute

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