OPINIÓN

Alberto Donadio

Rodrigo Lara Restrepo

De los nuevos ministros, el del Interior es a los 51 años el que más experiencia tiene en el Gobierno.
4 de julio de 2026 a las 4:13 a. m.

Un miembro del Congreso que conoció a Rodrigo Lara Restrepo cuando fue presidente de la Cámara de Representantes hace diez años me dijo que Lara es metódico, trabajador, organizado, al estilo de Germán Vargas Lleras. De los nuevos ministros, el del Interior es a los 51 años el que más experiencia tiene en el Gobierno.

Rodrigo Lara Restrepo fue víctima del narcotráfico desde los 8 años. Los escoltas que facilitaron el asesinato de Rodrigo Lara Bonilla

el 30 de abril de 1984, en lugar de llevar prontamente al ministro de Justicia a la Clínica Shaio, que era el hospital más cercano, lo condujeron primero a su casa en el barrio El Rincón de los Frailes. Esa decisión no tenía sentido. Nancy Restrepo, la esposa del ministro de Justicia, no estaba en la casa. Había salido a comprar un regalo para un cumpleaños. De los tres hijos del ministro que estaban en la casa con la empleada, Rodrigo Lara Restrepo era el mayor. En 12 días cumpliría 9 años. Él salió a la puerta y vio a su papá en el Mercedes-Benz. Entró a la casa y buscó en su botiquín de Fisher-Price una pastilla. Se la puso a su papá en la boca. Estuvo con él hasta que llegaron finalmente a la Clínica Shaio. Allá arribó luego Nancy Restrepo. Este trauma adicional al del asesinato –llevar a un niño con su papá muerto– corrió por cuenta de los escoltas del DAS y del conductor, que era funcionario del Ministerio de Justicia. Esos escoltas nunca fueron investigados ni castigados.

Conozco este detalle del botiquín de Fisher-Price, que no está publicado en ninguna parte, porque me lo contó la exgobernadora del Huila Cecilia Lara Bonilla, la hermana, ya fallecida, del ministro.

El presidente Belisario Betancur dictó un decreto reconociendo una pensión a Nancy Restrepo: “Artículo 1. Reconócese a favor de la viuda de Rodrigo Lara Bonilla una prestación de viudedad equivalente al 75 por ciento de la remuneración que por concepto de sueldo y gastos de representación devengue un ministro del despacho”. Ella fue cónsul en París y tuvo otros cargos en Europa y solo reclamó la pensión 20 años después. Tenía derecho a un pago equivalente al 75 por ciento del sueldo de un ministro. Le liquidaron una pensión de 123.187 pesos, utilizando el sueldo de los ministros en el Gobierno Betancur. En 2004, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, se opuso a la reclamación de la viuda. Consideró que era una “dádiva”. El magistrado Fernando Coral Villota ordenó pagarle una pensión superior a los 5 millones de pesos. La prestación que Carrasquilla calificó como dádiva “es poco ante el sacrificio, ante el dolor, ante los daños morales y materiales, ante el lucro cesante y demás perjuicios que padeció y padece la familia de Lara Bonilla”, concluyó el magistrado.

Este año, el país conoció y admiró al constitucionalista Mauricio Gaona. Su padre, Manuel Gaona Cruz, sacrificado en el Palacio de Justicia, fue amigo de Rodrigo Lara Bonilla en el Externado y lo recordaba así: “Rodrigo fue avasallante desde tierna edad. Era siempre cordial y espontáneo, llano y abierto como su sonora risotada. Era directo, no tenía pliegues, miraba de frente. Andaba pendiente de todo, menos de él. Andaba pendiente de su causa, de su patria, de su gente, de su ideario, de su ética, de hacer el bien, de deshacer entuertos, de su implacable crítica. La mejor arma de Rodrigo, con la que él más correspondió el sentir y querer de su pueblo, con la que más irradió carisma, de miedo o de atracción, de censor o defensor, era su oratoria”.

En 1981, Rodrigo Lara Bonilla afirmó en el Senado: “Yo quisiera solicitar una especie de estado de sitio moral para salvar a Colombia de la corrupción que desquicia al Estado. Más grave que la subversión de los alzados en armas es la delincuencia que se apropia de las oficinas públicas. Cuántos daños se le han causado a Colombia con la impunidad, cuánto daño se le causa a nuestra sociedad con esos negociados que se hacen permanentemente en los cargos públicos”.

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Esta semana afirmó Petro que al Clan del Golfo le faltó sinceridad. Qué injusticia la de Noticias Caracol, que no se dio cuenta de que lo que había entre Petro y estos caballeros era un noviazgo en el que el presidente fue engañado. Más respeto, señores periodistas, por el dolor de una novia.