OPINIÓN

Paula López

Detrás de cada llaga de dolor, hay un milagro de gestación

El milagro es aquello que el ser humano puede llegar a hacer con el dolor, pues incluso cuando no podemos cambiar las circunstancias, conservamos la libertad de elegir nuestra actitud y nuestra respuesta ante ellas.
17 de agosto de 2026 a las 10:10 a. m.

La herida puede convertirse en un lugar de transformación, encuentro, solidaridad y sentido.

Hubo 2 terremotos en simultáneo, el terremoto exterior y el terremoto interior, porque hay terremotos que derrumban edificios y otros que derrumban las certezas con las que habíamos construido nuestra vida.

Una persona que pierde su casa no pierde solamente paredes, pierde recuerdos, fotografías, rutinas, seguridad, proyectos. Y quien pierde a alguien amado siente que el mundo conocido dejó de ser el mismo.

Hay momentos en los que la tierra deja de sostenernos bajo los pies y tenemos que aprender a sostenernos unos a otros, ese es uno de los milagros más profundos que nacen de cada llaga de dolor.

Cuando no podemos elegir lo que nos sucede en las circunstancias más extremas, al ser humano puede quedarle una última libertad: decidir quién quiere ser frente a aquello que no puede evitar.

Este es precisamente el principio de la más grande de las libertades; la libertad de escoger la actitud ante las circunstancias, especialmente ante el sufrimiento inevitable.

Si la vida tiene sentido, también debe tenerlo el sufrimiento.

En el libro El hombre en busca de sentido, podemos encontrar la respuesta al sufrimiento inevitable, cuando le encuentras un sentido y un propósito al sufrimiento, puedes abrazarlo y convertirlo en un llamado o una misión. Y esa es tu victoria espiritual.

No siempre podemos encontrar inmediatamente un sentido a lo que nos ocurre. Pero podemos impedir que el sufrimiento tenga la última palabra.

La llaga, puede ser una herida física y una herida emocional y existencial, en este caso estas son las llagas sangrantes que están padeciendo los sobrevivientes del terremoto.

Una herida duele porque algo se rompió. Pero el organismo y también el alma comienzan inmediatamente un proceso silencioso de reparación y de recuperación y esto es resiliencia pura, pues la fuerza que brota del espíritu es indestructible.

“Detrás de cada llaga de dolor hay un milagro en gestación”. El milagro no necesariamente significa recuperar exactamente lo perdido.

A veces significa descubrir una fuerza que no sabíamos que teníamos. A veces significa que un desconocido extienda la mano. A veces, que una comunidad entera decida reconstruirse y acompañarse.

El dolor individual empieza a transformarse en solidaridad colectiva, cuando esto sucede empieza a tejerse una cadena de milagros que se van entrelazando entre cuerpos, vidas y corazones.

Colombia después del terremoto

Colombia no puede devolverles a las familias a quienes perdieron. No puede borrar las horas de angustia. No puede hacer que quienes quedaron sin casa despierten mañana y encuentren intacto lo que tenían.

Pero sí puede decidir qué hará con esta tragedia.

Puede reconstruir casas, sí.

Puede reconstruir carreteras, hospitales y escuelas.

Pero, sobre todo, puede reconstruir esperanza, fraternidad y solidaridad, lo que estamos viviendo en Colombia es la gestación del milagro mas lindo, estamos siendo testigos de cómo la poderosa fuerza del espíritu humano; habitada por la presencia de Dios, que sostiene cada alma en medio del desastre y la devastación.

Quizás el milagro que Colombia está esperando no sea que nunca vuelva a temblar la tierra. Quizás sea descubrir que, cuando la tierra tiembla, todavía somos capaces de permanecer de pie por el otro.

Viktor Frankl hablaba de “optimismo trágico”: no un optimismo ingenuo que niega la tragedia, sino la posibilidad de afirmar la vida a pesar de aquello que duele y desgarra el alma.

No se trata de decirle a Colombia “no llores”. Se trata de decirle “llora, pero no pierdas el sentido ni la fe, llora con miedo, llora con dolor, llora con rabia, pero a la vez llora con esperanza”.

Yo hoy levanto mi voz y mis manos al cielo para orar, una voz con una reflexión propia sobre la vida, la esperanza y la transformación del sufrimiento, por eso hoy rescato el mensaje de mi libro, “transforma tu dolor en sabiduría” - para que puedas comprender aquello que vino a enseñarte.

Para mí uno de los milagros más hermosos es ver la solidaridad de todo un pueblo, la de mi familia, mis hijos y mis sobrinos que han sumado esfuerzos incansables, para ayudar y entregarse a la más profunda solidaridad con las víctimas en medio de la desolación, estamos saliendo de nosotros mismos al encuentro del otro, eso es existir, eso es trascender la llaga de dolor y convertirla en sabiduría, en transformación y en iluminación en medio de la oscuridad.

Algunos partieron a la casa del Padre celestial y se nos adelantaron en el camino, pues al final ese es el destino que todos tenemos, otros nos quedamos, porque aún tenemos la oportunidad de seguir viviendo, por eso debemos preguntarnos hoy, ¿cómo quiero seguir viviendo? ¿Estoy viviendo cada día, como me toca? ¿Cómo me cambia? ¿Cómo me transforma?

A los colombianos los está transformando para sacar la mejor versión de ellos mismos, una versión que es invencible y que es capaz de levantarse de las cenizas, como el ave Fénix.

Vamos Colombia querida!

Que aunque tus llagas estén sangrando, detrás de cada herida, de cada vida que lucha, cientos y miles de milagros se están gestando y eso es lo que nos hace más fuertes y más valientes.

Dios está con nosotros. Somos una nación creyente y de fe y eso es lo que nos sostiene.