Tendencias

Home

Opinión

Artículo

opinión

Francisco Santos Columna Semana
Francisco Santos - Foto: Lupi Herrera

Rusia, China, Irán y… ¿Colombia?

El proyecto del canal chino en Nicaragua sigue vivo, pero aplazado. Y Maduro, el criminal de lesa humanidad según la ONU, es el garante de la paz total. ¿Dónde queda nuestra soberanía?.

Por: Francisco Santos

El elogio del dictador ruso Vladímir Putin a Colombia como gran socio de su país no es casual. Forma parte de una estrategia continental que además está enmarcada en una disputa geopolítica en la región, donde juegan muy duro con Rusia, China e Irán contra Estados Unidos y las democracias liberales del continente. Colombia tiene un papel estratégico en esta disputa. Veamos por qué.

Con la invasión de Ucrania, que puso fin a la etapa de la posguerra, se destapó un mundo bipolar con China y Estados Unidos como los dos pilares. Pero el trasfondo va más allá y es una guerra política y económica entre las democracias liberales y las dictaduras autoritarias. En el continente, el eje dictatorial es claro: Cuba, Nicaragua y Venezuela. El resto aún está en disputa. De ahí la importancia de Colombia, la joya de la corona, pues no solo es la puerta de conexión de Centro y Suramérica, es el aliado estratégico más importante de los Estados Unidos en la región y es la democracia más antigua y estable del continente después de la de los Estados Unidos.

En esta lucha, cada país tiene su propia estrategia. Rusia, desestabilización. Irán, a través de Hezbollah, obtención de recursos en industrias ilegales. Y China, ventajas comerciales que luego utiliza como una herramienta de influencia política.    

La Embajada rusa en Colombia es más grande que la que tienen en Inglaterra. No es en razón de las magníficas relaciones económicas o políticas que hay entre ambos países. Colombia hoy es epicentro de una batalla de inteligencia y Rusia sabe de esto. Ya Duque tuvo que expulsar a un diplomático y se logró encontrar cómo agentes rusos alquilaban cuentas para financiar a la primera línea. Cuba, por cierto, que tiene en Colombia no una embajada, sino una oficina de inteligencia, forma parte de este proceso de desestabilización. Hoy Rusia está más activa en el continente que durante la Guerra Fría y lo de Ucrania solo va a incentivar al Gobierno autoritario, en manos de agentes de la antigua KGB, a hacer lo que sabe con gran eficacia y bajo costo, generar caos y disrupción. 

Irán, mediante Hezbollah, tiene su propia estrategia, conseguir recursos para su lucha en el Medio Oriente. Hezbollah tenía presencia en la triple frontera, Brasil, Paraguay y Argentina, e hizo el atentado a la Amia en Buenos Aires, con más de 85 muertos y 300 heridos. Pero su huella ha crecido. Utilizan las distintas comunidades libanesas para entrar y salir, y desarrollar su trabajo ilegal. Hoy tienen minería ilegal de oro y coltán en Venezuela. En Colombia se han encontrado ya minas ilegales de ellos y controlan gran parte del narcotráfico en Bolivia. Como si fuera poco, en Venezuela, Irán hoy entrena a las Fuerzas Armadas venezolanas en guerra asimétrica naval, con lanchas rápidas y con drones, los mismos que hoy usa Rusia en la invasión de Ucrania.

Y China, que quiere ser poder hegemónico en el mundo, tiene una estrategia comercial y política. En menos de 20 años se convirtió en el primer socio comercial de casi todos los países de la región. Colombia, Paraguay y México son las excepciones. A ese poder económico se suma la deuda que tienen países como Argentina, Ecuador y Venezuela con ellos. Deuda impagable que, por cierto, Ecuador tuvo que renegociar y que le da gran poder político a China.

Ya ese poder blando, como se le dice, comienza a mostrar los dientes. Exigen contratos, como sucedió con la hidrovía del Paraná, en Argentina, o la actitud de embajadores como el que tenían en Brasil, que hizo sacar al canciller Araújo por oponerse a la vacuna Sinovac. En Brasil, todos saben que el embajador chino es más poderoso que el gobernador de São Paulo y se hace sentir. A Macri, quien pidió renegociar el regalo de los Kirchner de una estación satelital, le dijeron que claro, pero primero renegociaban la apertura comercial. Hasta ahí llegó. Y los barcos de pesca chinos, que destruyen ecosistemas frágiles, pescan a sus anchas en aguas territoriales de los países de la región. Cuando uno de ellos se quejó por la pesca en un parque natural, le recordaron el acceso a ese mercado. Fin de la queja.  

No hablemos de los proyectos fallidos que se hicieron con su financiación y cuyo ejemplo primordial es la hidroeléctrica en Ecuador que no se ha podido entregar. O la corrupción con la que obtienen contratos. La lista es interminable. En Colombia, una empresa china está de socia de la empresa portuguesa que dejó botados los colegios del Gobierno de Santos y están a punto de ganarse la segunda línea del metro de Medellín.

Lo anterior muestra lo que está en juego en la región y principalmente en Colombia. Y nuestra Cancillería, que abraza a Maduro y abraza a Ortega, ¿dónde va a estar? El proyecto del canal chino en Nicaragua sigue vivo, pero aplazado. Y Maduro, el criminal de lesa humanidad según la ONU, es el garante de la paz total. ¿Dónde queda nuestra soberanía?

O tocará recordarles a Petro y a Leyva lo que le contestó ese grande de la política, el expresidente Pepe Mujica, de Uruguay, a unos muchachos cuando le preguntaron sobre el imperialismo de Estados Unidos. Les dijo, palabras más, palabras menos, ¿se preocupan por el imperialismo americano? Esperen que tengan que vivir el de los chinos.