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Opinión

  • | 2003/04/28 00:00

    Seis claves

    El cambio de actitud consiste en que la Nación pase de enseñar a aprender y las regiones pasen de pedir a producir

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La mayorIa de los 1.097 municipios que tenemos fueron creados de arriba para abajo. Los creó el jefe político, para tener otra alcaldía y otro Concejo donde meter gente. O los creó la Nación, como simples aparatos que ejecuten sus políticas de educación, salud y similares.

Y sin embargo, el municipio que funciona es el que actúa de abajo para arriba: es la comunidad viva que elige a su líder como alcalde y se organiza para administrar los servicios locales.

Y como el municipio es el Estado en las regiones apartadas de Colombia, comunidad vendría a ser la clave de una política que en serio pretendiera lograr "la ocupación del territorio por parte del Estado".

Identidad es la segunda clave. El papel esencial de las élites locales es descubrir o construir esa comunidad imaginada o de sentido que haga de cada unidad territorial un talante, una historia, una vocación, un proyecto, y negociar el espacio que requiere ese proyecto en el tejido cambiante de las relaciones interterritoriales.

Diversidad es la tercera clave. La categorización actual de municipios es demasiado esquemática y corta en sus implicaciones. La Nación debe reconocer mejor la heterogeneidad y adelantar la descentralización de modo más flexible, concertado y gradualista. Flexible porque las situaciones son dispares; concertada, para sacar provecho y estimular la participación ciudadana; gradualista, para que las competencias transferidas y el margen de decisión aumenten a medida que vaya madurando el municipio.

Gestión diferencial sería la cuarta clave. Servicios como el acueducto o la educación pueden ser ofrecidos por el Estado, por el mercado o por la comunidad. En Colombia saltamos del Estado al mercado, de la burocracia a la privatización, de subsidiar la oferta a subsidiar la demanda. Pero este salto ha estado envuelto por más calor que luz, por ideologías y no por evidencias.

En vez de dogmas simplones y uniformes, necesitamos combinar los tres modos de organización -tres, no dos- según las ventajas que ellos tengan en contextos distintos. Para apretarlo en una fórmula muy corta: la privatización funciona en las grandes capitales, el Estado proveedor sigue siendo necesario en las regiones marginadas y la comunidad importa decisivamente en los pueblos pequeños. De este modo tendríamos un sistema de servicios sociales dividido en tres tramos:

-El primero, urbano, donde EPS, colegios y empresas privadas de agua o energía prestan el servicio bajo regulación y garantía de calidad por parte del Estado.

-El segundo, las regiones con población dispersa y pobreza extendida, donde funcionarían hospitales, colegios y electrificadoras estatales, bajo estricta supervisión nacional y veeduría ciudadana.

-El tercero, los municipios muy pequeños, donde puestos de salud, escuelas y acueductos se construyen y administran por la comunidad con recursos que el Estado les transfiere en ejercicio de su deber redistributivo.

Eficiencia es la quinta clave. Para evitar burocracia en el sector público y dispersión en las empresas comunitarias sería preciso hacer dos cosas. Una, usar tecnologías baratas y aptas para poblaciones dispersas (educación por radio, medicina preventiva?.). Otra, sumar esfuerzos mediante la asociación de municipios y el reinvento urgente del departamento (o la región) dedicado a impulsar proyectos que desborden el límite del municipio.

La sexta clave es un nuevo trato Nación-región. Hay que aclarar el propósito de la descentralización y hay que cambiar las actitudes de ambos lados:

-El propósito de la política territorial es lograr el desarrollo de las regiones y desde las regiones. Sujeto, sí, a la restricción de los ingresos fiscales y la unidad nacional: pero las restricciones no son el objetivo.

-El cambio de actitud consiste en que la Nación pase de enseñar a aprender de las regiones y las regiones pasan de pedir a producir.

Traigo las claves anteriores de una serie fascinante de talleres que la AID y el Pnud promovieron a lo largo y lo ancho del país, serie que acaba de culminar en un concurrido encuentro nacional. Y las traigo a esta columna porque tienen todo que ver con todo las noticias de hoy: con la crisis fiscal, con ganar la guerra, con la reforma política, con el gasto social y -no menos- con lo que habría de ser el verdadero "Estado comunitario".
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