OPINIÓN

Jorge Barón

Una desgracia presidencial

Puedo afirmar con vehemencia que Gustavo Petro fue el peor presidente de Colombia, un mitómano, narcisista y perezoso que pisoteó la dignidad presidencial.
6 de agosto de 2026 a las 12:58 p. m.

A las 12 de la noche del día de hoy, el actual inquilino de la Casa de Nariño se quitará la túnica presidencial y despertará como cualquier ciudadano, solo que con la sutil particularidad de hacer parte del prestigioso círculo de la lista OFAC. Esta columna funge como una carta de despedida a Gustavo Petro, mostrando su incoherencia a lo largo del tiempo. Asimismo, este texto saca de mis entrañas un último mensaje que muchos colombianos sentimos sobre el personajillo tan vergonzante y ridículo que fue Gustavo Petro durante estos tortuosos y difíciles cuatro años.

El primer discurso de Gustavo Petro al posesionarse, si bien era abiertamente populista, también se caracterizaba por fomentar la unidad y desarrollar una política social sin precedentes. De la misma manera, buscaba la progresión de los acuerdos de paz con grupos insurgentes, continuando el trabajo de Santos. Sin embargo, lo más interesante del Petro de 2022 era su idea de crear un Acuerdo Nacional entre los partidos, un proyecto que se fue frustrando con el tiempo y terminó como una de las peores catástrofes de su gobierno. No obstante, como buen socialista que al principio inundaba sus discursos con las palabras “paz” y “diálogo social”, cambió drásticamente al darse cuenta de que el gobernar requiere de extrema dedicación y trabajo duro.

Su último discurso ante miles de personas en Socha mostró su verdadera cara, la de un socialista y degenerado, adicto al poder que fracasó en su proyecto político e ideal de país. Sin embargo, la parte polémica se vio cuando el aspirante a dictador sugirió formar grupos “paramilitares” o, como él los llama, “guardias libertadoras”, al supuesto servicio del pueblo colombiano. Esta propuesta, al igual que su llamado a la huelga nacional, resulta preocupante. Indica cierta preocupación por su futuro o un último acto desesperado para quedar como un mártir político, siguiendo los pasos de sus ídolos como Melo o hasta el mismo Jorge Eliécer Gaitán. Este grito de desespero es el último acto de un personaje sepultado en sus propios errores y falencias que ruega por un poco de relevancia en un país que desea olvidar su gobierno.

Otra característica del Petro de 2022 que es menester tener en cuenta se trata de su faceta garantista con los miembros de la oposición, argumentando de manera vehemente que, contrario al presidente Duque, Gustavo Petro iba a garantizar a la oposición sus derechos políticos. Tal afirmación no se cumplió, ya que el primer mandatario incumple con darle medidas de seguridad adecuadas al precandidato presidencial de la oposición y mártir Miguel Uribe Turbay. De la misma manera, sus viajes al municipio de Manta lo pueden conectar con alias Fito, quien estuvo en el magnicidio del precandidato, por lo cual le pregunto a Petro una última vez: “¿Usted qué hacía en Manta?”. No obstante, sin importar si la determinación de este delito estuvo en cabeza de Petro, la dignidad que el pueblo colombiano le confirió lo hace responsable moral y políticamente de este episodio de violencia.

Por último, Petro afirmó en su discurso de 2022 que iba a combatir el clientelismo. Este punto se violó de una manera estrambótica, desde el escándalo de la UNGRD hasta los negocios de las muñecas de la mafia Juliana Guerrero y Gabriela Muñoz. Los escándalos de corrupción de este gobierno son incontables y tan comunes que se convirtieron en la cotidianidad del colombiano de a pie. Sumado a la incesante corrupción, Petro fue responsable de dañar la dignidad presidencial al adentrarse en 65 viajes al exterior, siendo la mayoría bastante cuestionables. Estos le costaron a la nación 22.000 millones de pesos, según María Fernanda Cabal, para llegar tarde a reuniones, sentirse “enfermo” y pagarle tours de lujo a Verónica Alcocer y más adelante al resto de sus acompañantes femeninas.

A manera de conclusión, puedo afirmar con vehemencia que Gustavo Petro fue el peor presidente de Colombia, un mitómano, narcisista y perezoso que pisoteó la dignidad presidencial. Un hombre desaliñado, con presuntas adicciones a estupefacientes, que utilizaba los viajes de Estado para organizar sus bacanales y rodearse de mujeres con género fluido. Su gabinete se compuso de presuntos corruptos e incapaces que fueron responsables de la quiebra de miles de colombianos y del regreso de la violencia. Usted, Gustavo Petro, es una desgracia presidencial y una vergüenza internacional que arruinó la figura del primer mandatario, convirtiéndose en un aspirante a dictador, con severos problemas de adicciones y una incompetencia impresionante. Finalmente cesó la horrible noche y la pesadilla socialista que representó el presidente insurgente Aureliano el guerrillero.