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andrés rosas wulfers

Pronósticos económicos en tiempos de covid-19

"Es difícil hacer pronósticos, especialmente sobre el futuro": Esta frase, que se le atribuye a Yogi Berra, beisbolista-filósofo estadounidense, toma una particular relevancia en la época que estamos viviendo. Un análisis de Andrés Rosas Wulfers*.

Hace unos días, en una pequeña nota, la revista Semana informó que con el transcurso de los días todo el mundo cambia sus proyecciones acerca de los efectos de la pandemia, incluidos los asesores del gobierno Trump y Fedesarrollo. Y aunque afirmar que todos están ajustando sus pronósticos es una exageración, sí es cierto que muchos expertos en todo el mundo están modificando sus predicciones y algunos de manera dramática.

En el mundo de la economía y los negocios, desempeñar el papel de Casandra en tiempos estables es una actividad de bajo riesgo, pues no hay mucho en juego, equivocarse es más difícil, hacerlo pasa desapercibido y las consecuencias son mínimas. En tiempos turbulentos pasa exactamente lo contrario: equivocarse es muy fácil, los que aciertan son héroes, los que se equivocan villanos y todos los demás terminamos siendo víctimas de las historias que escuchamos y las fuentes en las que decidimos confiar.

Lamentablemente, los economistas no contamos con un gran historial a la hora de hacer pronósticos. Generalmente nos demoramos en identificar el inicio de una recesión y somos demasiado optimistas al predecir la magnitud de la crisis y el principio de la recuperación. Infortunadamente, el verdadero antídoto contra el miedo que estamos experimentando en este instante es el realismo, no el optimismo. El optimismo nos lleva a tomar decisiones erróneas con consecuencias potencialmente graves. Así no sean buenas noticias, nuestras predicciones sobre el futuro son importantes y deben ser lo más precisas que sea posible, porque afectan lo que hacemos en el presente y, con ello, nuestras estrategias para mitigar la crisis.

El experto, al igual que el ciudadano común, necesita de una lucha constante para ver lo que está enfrente de su nariz. Algunos de los especialistas argumentan que las proyecciones del efecto económico de la pandemia les salieron mal porque, entre otros motivos, se extendió el período de cuarentena, y continuó cayendo el precio del barril de petróleo. Vale la pena preguntarse qué tan imprevisibles eran estos dos factores en su momento.

El consenso abrumador de los profesionales de la salud pública siempre fue que debíamos practicar el distanciamiento social y el refugio durante varias semanas; y que debíamos continuar haciéndolo mientras las infecciones diarias no cayeran consistentemente. Por lo tanto, era predecible que la cuarentena se extendiera. 

Incluso si las restricciones originales se hubieran tornado más laxas, era de esperar que esto se hiciera de forma gradual para poder administrar la evolución de la pandemia. 

Aun si las restricciones se hubieran levantado totalmente, es importante entender que la cuarentena no solo actúa como una prohibición del gobierno central, sino también como un intento de resolver fallas de coordinación en los esfuerzos voluntarios de millones de personas por mantener el distanciamiento social. Una vez levantadas estas restricciones la situación va a estar lejos de regresar a la normalidad. Mientras no se encuentre una vacuna efectiva y los temores persistan, el virus va a actuar como un enorme impuesto al consumo y al trabajo, tal como lo confirmó una encuesta de Datexco en Colombia, en la que el 76,2% de los interrogados manifestó estar de acuerdo con la ampliación de la cuarentena. Tal vez por esta razón, como lo reportó la publicación del Wall Street Journal recientemente, los países sin cuarentena también están experimentando una caída libre de sus economías.

En cuanto al efecto del precio del petróleo, el hecho de que en marzo hubiera 131,2 millones de barriles de petróleo crudo en almacenamiento flotante, existieran grandes disrupciones en las cadenas de suministro mundiales y se revelaran las aterradoras cifras de desempleo de Estados Unidos vaticinaba una crisis económica mundial de grandes proporciones. ¿Qué tan grandes? Difícil decirlo. Pero grandes.

Entonces, bienvenidos los ajustes, pero especialmente aquellos que le den un vuelco a la forma de concebir el problema. En caso contrario, corremos el riesgo de estar narrando los sucesos en tiempo real, o peor aún, de predecir eventos que ya ocurrieron.

*Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana.