Ella no se cansa de decirlo: “La estrella no soy yo, la estrella es la música, la clave de sol”. Pero sí lo es, aunque no de las que al llegar a un hotel exigen limosinas, platos exóticos y flores que luego se marchitan en la habitación. Totó la Momposina se define tan sólo como una artista que se prepara en cuerpo y alma para conducir las notas musicales y todo lo que necesita es su voz y su grupo. Lo demás lo lleva ella: un atado de hierbas y una pequeña estufa, en la que prepara caldos y aromáticas para curar la gripe o cualquier otro achaque que se presente. Ella cuida las fiebres y oye las cuitas de sus muchachos como las de sus propios hijos porque cree que “la mejor manera de hacer buena música es tener un grupo que parezca una familia”.
La estrella es la música y ella lo único que hace es rendirle tributo, cada vez con mayor fervor. Por eso, en cualquier país donde se presente, la salida al escenario es precedida por una oración en la que le pide al protector espiritual de ese lugar que le dé permiso para hacer su música. Después todos los miembros del grupo intercambian un abrazo y sólo entonces aparecen en escena.
Una vez allí el aire se transforma con cada vibración de su voz y sus tambores. Acaba de demostrarlo una vez más con la gira de seis meses por Europa. Fueron 30 funciones en nueve países incluyendo los teatros londinenses, donde los acomodadores ya saben que es inútil sentar a la gente una vez que ella comienza a prodigar candela viva.
Esa fuerza que el mundo admira le viene de adentro, de la sangre y la memoria. Pero también del trabajo, de la investigación permanente. Hace años, cuando lo dejó todo para ir a buscar las raíces de su música por los pueblos del Magdalena, encontró que la gente había empeñado los instrumentos para poder comer y entonces, con su dinero, los rescató de las casas de empeño. En otros hizo que bajaran los tambores de los árboles y les pusieran los cueros para que volvieran a sonar. “Cuando se trabaja con la sabiduría del pueblo uno aprende y tiene qué entregar. Eso es algo que va y viene, tú entregas, ellos te dan”.
Durante 30 de los 40 años de su carrera artística tuvo que hacer de productora, de agente, de coreógrafa, de jefe de prensa y hasta de planchadora del vestuario. Ahora es la reina de la World Music, la invitada indispensable de los grandes festivales de este género en Capvern, en Martigues, en Budapest, en Italia. Le dicen la Mamá Grande, la Reina de la Cumbia, la Negra Grande de América. La comparan con Celia Cruz, la piden, la esperan. Pacantó, su más reciente CD, fue seleccionado en 1999 como uno de los 100 discos más importantes del mundo por Simon Broughton, y su próximo álbum llevará el sello de Harmony Mundi, la prestigiosa casa de música clásica que inaugura con ella su línea de música tradicional.
Su figura es su carta de presentación. Ya todos saben que es Sonia Bazanta y que le dicen Totó, la momposina, la colombiana, la universal.
Candela viva
Terminada su más reciente gira europea Totó la Momposina se erige como la folclorista más representativa de las costas colombianas.
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7 de octubre de 2001, 7:00 p. m.