E N T R E V I S T A

“Un acuerdo de paz es para salir del infierno”

Joaquín Villalobos, ex guerrillero del Fmln y protagonista del fin de la guerra salvadoreña, propone pasar de una negociación de mentiras a una de verdad.

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28 de octubre de 2001 a las 7:00 p. m.

Joaquin Villalobos fue clave en las negociaciones de paz de El Salvador. En vísperas del décimo aniversario del fin de la guerra, y orgulloso de la transformación que ha vivido su país en este período, Villalobos compartió con SEMANA su interpretación de la última crisis del proceso a la luz de su experiencia como ex guerrillero del Fmln.

SEMANA: ¿Por qué dice que en Colombia, a diferencia de El Salvador, existe una guerra en serio con una negociación de mentiras?

Joaquín Villalobos: Ustedes no tienen una gran división de la sociedad acerca de qué hacer con Colombia en el sentido más general, como sí lo teníamos en El Salvador. En Colombia no hay una división en el centro del poder. Eso hace que no haya una contraparte que represente un proyecto distinto. Es una negociación con un sector marginal de la sociedad, sin que eso signifique que no tenga fuerza. Eso crea una gran asimetría. No haber descubierto una agenda común conduce a que haya una guerra en serio con una negociación de mentiras y esto sólo conduce a más guerra.

SEMANA: ¿Cree que eso en algo cambió con la última crisis?

J.V.: Uno de los problemas es que el gobierno venía manejando el proceso con un enfoque más orientado al sentido moral de la necesidad de la paz que a uno pragmático. La voluntad es importante pero la negociación depende de la correlación de fuerzas. Esa correlacion está dada porque las Farc recibieron una serie de concesiones que les dieron legitimidad, y esa legitimidad está ahora en juego. Eso le da seriedad a la negociación. En el momento en que se descubren las ventajas que puede producir un acuerdo y las desventajas de la guerra hay un quiebre en el proceso, y me atrevo a decir que es el momento en que han entrado. Las desventajas que representaba perder prestigio internacional y la zona que les dieron los obliga a buscar acuerdos políticos. Eso tiene que ver con la correlación de fuerzas. El gobierno veía la negociación como estrategia y la guerra como táctica. La guerrilla lo veía al revés. El gobierno mostró los dientes y parece que han comenzado a sintonizarse en los resultados. Se le acabó el tiempo a la retórica.

SEMANA: ¿En qué cree que radica la dificultad para abordar temas sustanciales?

J.V.: En el caso de Colombia uno de los problemas más difíciles es la construcción de contenidos. En El Salvador, como teníamos una agenda política mucho más clara en relación con la transformación democrática del país, el tema económico y social era una siguiente etapa que no correspondía a los acuerdos. Si hubiéramos decidido que para hacer la paz había que resolver primero la pobreza seguiríamos negociando. Si se pone eso como premisa para hacer la paz, no se hace. Eso lo resuelve la democracia, no un acuerdo. A quienes dicen que el proceso de paz de El Salvador no fue exitoso porque no hemos resuelto la pobreza yo les digo que el acuerdo no era para llevarnos al cielo sino para sacarnos del infierno.

SEMANA: ¿Qué es lo que se debe negociar?

J.V.: Es importante conocer lo que las partes dicen y proponen pero es más importante entender qué es lo que las mueve. Yo tengo la impresión de que la guerra en Colombia es un conflicto entre el campo y la ciudad. Más del 74 por ciento de la población es urbana, el resto es rural, dispersa en un territorio enorme en donde no existe presencia del Estado. Como no hay Estado el poder coercitivo surge de otras partes para distribuir los excedentes de riqueza producidos por la coca, la marihuana, esmeraldas, etc. Hay que resolver cómo se ejerce la autoridad oficial en el territorio integrando a la Colombia rural. Así desaparecen de la agenda esas grandes temáticas. Si estamos hablando de un jaque a una sociedad de las dimensiones de Colombia, con una economía fuerte, con una democracia que tiene sus credenciales, pero que tiene una guerra, no podemos decir que es el invento de cuatro gatos. Eso no es serio.

SEMANA: ¿Qué otras cosas cree que ayudarían a que el proceso avanzara?

J.V.: No hay forma de resolver conflictos actuales sin la intervención de un tercero. Es bien difícil entenderse como juez y parte.

SEMANA: ¿Qué requisitos debería tener ese tercero?

J.V.: Credibilidad y poder para que las dos partes sepan que puede ejercer presión sobre su contrario. El papel que desempeñaron las Naciones Unidas para salvar el proceso ya las legitimó como tercero. Además no puede haber un cese del fuego si no hay verificación internacional.

SEMANA: ¿Basta esa verificación para que funcione un cese del fuego?

J.V.: En el caso nuestro el cese del fuego fue después de haber cubierto los acuerdos. En el caso de ustedes, por el desgaste de la negociación, tal vez tengan que hacer las dos cosas a la vez. Lo más importante de entender es que los ceses del fuego que están basados en la voluntad de las partes no sirven, tienen que ser verificados. Todo lo que ocurra dentro de una tregua sin verdaderos controles lo paga el proceso de paz con el desaliento de la gente.

SEMANA: ¿Qué tan fácil es para una guerrilla mantener el control de sus tropas durante un cese del fuego?

J.V.: Es interesante analizar el nivel de actividad militar que tuvieron las Farc durante este período crítico de las 48 horas que les dio el presidente Pastrana. El punto del control es clave. En El Salvador teníamos 10.000 guerrilleros para 21.000 kilómetros cuadrados y cinco millones de habitantes. Ustedes tienen 20.000 para 1.140.000 kilómetros cuadrados y 40 millones de habitantes. Te salen unos niveles de dispersión que no son tan fáciles de controlar dada la debilidad política de las Farc y la influencia del narcotráfico.

SEMANA: ¿Por qué el narcotráfico?

J.V.: Al comparar las guerrillas de la Guerra Fría los ingredientes que influían en su radicalización eran de carácter ideológico. El narcotráfico genera en toda la sociedad colombiana, y también en la guerrilla, un factor de descomposición de la fuerza que, sumado a un nivel de autonomía grande de los frentes por la dispersión en el territorio, va a poner a prueba la capacidad del secretariado de las Farc de ejercer su mando. No basta la voluntad sino la capacidad de mando para parar la guerra.

SEMANA: Muchos piensan que la guerrilla no negociará en serio porque mientras exista el narcotráfico ningún otro oficio les será tan bien remunerado.

J.V.: En nuestro proceso de paz había dos grandes componentes para el acuerdo. Uno era el que atendía las causas del conflicto, es decir, las reglas de juego para llegar al poder. La otra era qué hacer con los hombres que han combatido. La necesidad de un trato digno, de una perspectiva de vida, son sumamente importantes. Desde una perspectiva meramente material es difícil pensar en competir con el narcotráfico. Pero desde el punto de vista de la posibilidad de estar en paz con la sociedad, que tiene un alto valor y la gente lo va descubriendo, se trata de una cuestión que tiene que ver con el ejercicio del poder sobre cuánto te dignifica ser autoridad. El proceso de ustedes va a tener que derivar en una discusión de cómo esos ejércitos pasan a desempeñar un papel en el ejercicio del poder en el área rural.