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| 6/10/2018 10:58:00 AM

“Envejecer es una enfermedad y vamos a curarla”

Para algunos científicos volverse viejo no es un proceso natural sino el factor de riesgo más importante en la aparición de ciertas enfermedades crónicas como el cáncer. Elizabeth Parrish, una empresaria estadounidense, cuenta en esta entrevista con SEMANA por qué decidió ser el primer ser humano en probar una terapia para retardar la vejez.

Cómo retardar la vejez: el primer ser humano en probar la terapia habló con SEMANA “Envejecer es una enfermedad y vamos a curarla” Foto: Archivo particular

SEMANA: ¿Por qué dice que envejecer es una enfermedad?

Liz Parrish: Lo digo porque envejecer sigue el mismo patrón de una patología. Una patología es la acumulación de muchas disfunciones en el tiempo. El envejecimiento incluye la disminución de los telómeros, la disfunción de la mitocondria y aumento de la proteostasis. Las enfermedades de las que morimos, alzhéimer, cáncer e infarto son síntomas del proceso de envejecimiento. Si se mira desde el punto de vista microbiológico es posible tratarlas como una enfermedad para curar esos males que hemos tratado de aliviar por mucho tiempo.

SEMANA: ¿Entonces la idea no es curar a cada una de estas sino a la causa que yace detrás de todas?

L. P.: Sí. Si el foco de la ciencia es el envejecimiento biológico y vemos lo que pasa en el nivel celular mientras envejecemos, podremos finalmente derrotar las enfermedades relacionadas con el envejecimiento. Nos hemos enfocado en el cuidado de los enfermos y constantemente estamos tratando de combatir síntomas, pero no de curarlas. Si nos mantenemos saludables a nivel celular no moriremos de esas enfermedades.

SEMANA: ¿Qué se ha logrado en envejecimiento hasta hoy?

L. P.: Aun cuando el promedio de vida de los humanos se ha incrementado dramáticamente gracias a las vacunas y antibióticos aún no hemos podido intervenir en el de envejecimiento de los seres humanos. Hemos logrado modular los genes en algunos organismos y prolongar su expectativa de vida. Esto ha sido en ratones, peces, la mosca de la fruta y las lombrices. En esos animales se ha mostrado que se puede hacer, y los humanos no somos más complejos genéticamente que estos organismos de modo que es posible tener como objetivo al envejecimiento biológico y expandir la vida saludable de los humanos. No queremos que la gente sea más vieja por más tiempo sino más saludables durante más tiempo.

SEMANA: ¿La idea es entonces vivir hasta 120 o vivir hasta 90 pero más sano?

L.P.: El objetivo principal es tener una vida saludable larga, lo más larga posible. Si podemos extenderla a 90 sería fantástico. Si se logra a 120 también, pero es solo prolongar lo saludable, no es la inmortalidad. Es vivir mejor. No creo que haya tal cosa como vivir por siempre, pero si debemos vivir bien y creo que todos coincidimos en que el alzhéimer y el cáncer son enfermedades inhumanas en el planeta y que necesitan una cura. Esta es la vía para hacerlo.

SEMANA: ¿Por qué decidió experimentar con terapias genéticas para retrasar el envejecimiento?

L.P.: Entre 2011 y 2013 estuve trabajando con un grupo para el uso de células madre, tratando de entender qué sabíamos del tema y de aumentar la financiación para la investigación porque no se sabía si esas terapias funcionarían en humanos. Nunca finalizamos el proyecto porque en 2013 mi hijo fue diagnosticado con diabetes tipo 1. En el hospital vi a muchos niños que morían de enfermedades terribles porque no estaban usando lo último en células madre. Me dijeron que era medicina experimental y que no se usaba en humanos. Me pareció terrible que la gente muriera porque algo es considerado experimental. ¿Hay un peor escenario para estas personas que la muerte? Entonces me di cuenta de que la bioética está al revés: al proteger la gente en realidad la estamos matando por ser tan miedosos al riesgo.

SEMANA: ¿Y cómo llegó al tema del envejecimiento?

L.P.: Me interesé en las curas para enfermedades infantiles y me encontré con una línea que habla de genética y envejecimiento biológico y los investigadores me dijeron que los mismos tratamientos que ayudan a las personas a detener la vejez ayudarían a muchos niños con enfermedades graves. Entonces sabiendo que miles de personas mueren al día de viejas, pensé que teníamos muchas personas para luchar la gran batalla de nuestra vida que es la del envejecimiento biológico y que actualmente tiene cura.

SEMANA: ¿Cómo llegó a ser la paciente cero de estas terapias génicas?

L.P.: Fundamos la compañía Bioviva en donde tenemos dos de las más prometedoras terapias para el envejecimiento. Nos dimos cuenta de que era poco ético tratar al primer paciente con terapias genéticas que no habían sido probadas en humanos. Yo no le daría un medicamento a nadie sin tener la confianza de que yo también lo tomaría. Entonces dije: ¡seré la primera! La tomaré y así ayudaré a millones de personas.

SEMANA: ¿Qué tomó exactamente?

L.P.: Dos terapias génicas, una que codifica una enzima llamada telomerasa y que aumenta las puntas de los cromosomas pues en la medida en que envejecemos y la célula se divide los telómeros, es decir, las tapas de los cromosomas, se vuelven cada vez más cortos. Al agrandar los telómeros uno reversa el envejecimiento biológico. Nunca se había dado a seres humanos. La otra es un gen que inhibe la producción de miostatina, que impide el crecimiento de sus músculos. La idea es que con la terapia génica se promueva el crecimiento de los músculos. La mayoría de personas mayores de 35 pierden la masa muscular y esto los vuelve muy frágiles no puede subir, no pueden hacer deporte y empiezan a tener problemas. Esto es responsable de muchas causas de muerte. Estas dos terapias ayudarían muchísimos a los pacientes hoy. La idea es que sea de una vez y que funcionen por 15 o 20 años y de pronto repetirla. Hasta ahora no he tomado sino esa.

SEMANA: ¿Cuándo fue esto?

L.P.: En septiembre de 2015.

SEMANA: ¿Cómo le fue en el experimento?

L.P.: La gente dice que me veo más joven, no 20 años más joven, pero sí que no revelo la edad que tengo al menos por fuera. Es difícil que la gente entienda la información. En lo relativo a mis células blancas, yo tengo un aumento de los telómeros que es equivalente a 20 años menos. No quiere decir que mi cuerpo sea 20 años más joven. Lo que pasa es que yo no hice el tratamiento suficiente para afectar a todo mi organismo, pues era una prueba. Pero sí tengo algunos biomarcadores buenos. El nivel de glucosa se disminuyó 20 por ciento, lo que esperábamos que pasara con el aumento de masa muscular porque al hacerlo se baja la grasa del músculo. Los triglicéridos se redujeron 50 por ciento, lo que significa mejor salud. Entonces es fantástico. Ahora, el nivel de mi proteína C reactiva se redujo cinco veces. La proteína C reactiva indica la inflamación en el organismo y esto genera riesgo de cáncer.


SEMANA: ¿Hizo dieta o algo más?

L.P.: Lo interesante es que yo quería seguir haciendo ejercicio y la dieta, pero estuve muy ocupada con los viajes y dejé todo. Por eso estábamos muy sorprendidos con mi glucosa de la sangre y la masa porque fue sin dieta ni ejercicio. Ojalá pueda volver a ese estilo de vida que no incluya tanto viaje. Lo bueno es que me mantengo más saludable, aunque no tenga un estilo de vida saludable.

SEMANA: ¿Hubo efectos secundarios negativos?

L.P.: No vimos ningún problema, ni problemas neurológicos ni daños. Me hicieron muchos MRI y no hubo efectos en mis órganos por esta terapia. Uno no espera tantos efectos no deseados con una terapia génica que tiene muchos análisis en animales.

SEMANA: ¿Entonces podemos decir que rejuveneció?

L.P.: No podemos decir eso. Solo podemos decir que los telómeros eran largos en mis linfocitos T. No soy 20 años más joven, eso sería poco veraz. Queremos empezar una prueba con alzhéimer, y con pacientes con falla renal así como con cáncer para ver cómo nos va.

SEMANA: ¿Por qué en Colombia?

L.P.: Porque algunos médicos en esta área también estaban interesados en estas terapias. En Colombia hay gente que realmente quiere ayudar al mundo y es un lugar donde la industria privada puede existir mientras que en Estados Unidos la FDA no lo permite.

SEMANA: ¿Entonces fue una alianza con estos médicos?

L.P.: Sí, hicimos un contrato de investigación y ellos ordenaron la terapia, que es manufacturada por expertos en este tipo de terapias, se las enviamos a los médicos y luego yo viajé a participar en el experimento.

SEMANA: ¿Habrá más personas además de usted con esta terapia?

L.P.: Sí, cualquiera que entre a hacer parte de un experimento y de las estadísticas que queremos tener. Hasta ahora estamos recogiendo datos de pacientes que puedan tener esta terapia génica. El problema es que esto lo tiene que pagar hoy la gente de su bolsillo. Las aseguradoras no lo pagan.

SEMANA: ¿Cómo serán estos estudios?

L.P.: Vendrán personas de Estados unidos, Asia y Europa a estos estudios. no hemos buscando pacientes en Suramérica. Pero queremos hacerlos allá y para eso la gente tendrá que viajar a Bogotá.

SEMANA: Algunos la critican porque dicen que lo que hace es poco ético. ¿Qué le dice a sus detractores?

L.P.: Es importante que no mezclemos la bioética para impedir hacer lo que toca, lo que es bueno. La industria es reacia al riesgo y muchos mueren hoy por eso. Muchos mueren necesitando terapias. Nuestro papel como compañía es tener información y bajar los costos para que cualquiera pueda acceder a ellas. Es poco ético no moverse adelante con la medicina. La gente tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que quiera.

SEMANA: ¿Quién está de su lado en la comunidad científica?

L.P.: George Church (biólogo de Harvard) sí, pero George Martin (profesor emérito de la Universidad de Washington) no, porque no le gusta usar estas terapias en humanos. El tiende más a seguir la ruta de investigación tradicional, pero si hiciéramos así nos tomaría 15 años esperar el papeleo de la FDA. Y en esos años mucha gente moriría. Si no fuera por estos obstáculos éticos sería más fácil tener alternativas para las enfermedades. De modo que la gente tiene derecho a probar estos tratamientos. Pero Martin no estaba de acuerdo con esto. Church sí coincide con nosotros y tenemos a muchos otros científicos y reguladores y miembros de esa comunidad científica de nuestro lado.

SEMANA: ¿Qué pasa si encuentra la cura para el envejecimiento?

L.P.: El siguiente paso será hacerla tan barata como sea posible. De pronto crearíamos a Colombia el sitio para el tratamiento y ampliaríamos el acceso.

SEMANA: ¿Se siente diferente ahora con la terapia?

L.P.: Me siento mejor, con más energía, más fuerza, hago cosas que no había hecho por un tiempo. Mis hijos, por ejemplo, cargaban las cosas por mí. Ahora no necesito esa ayuda. Me siento más activa y saludable pero no hemos curado el envejecimiento. No puedo decir que sea una jovencita.
La enfermedad es terrible. Y todos tienen el derecho de hacer con su cuerpo lo que quieran. Si yo quiero esta terapia para mi cuerpo me la deberían dar. Eso sería revolucionario.

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