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El papel de los papás en la crianza importa

Aunque esta figura parece secundaria, la ciencia ha encontrado que el papel de los padres es más profundo y entre otras cosas, influye en temas como la sexualidad y las habilidades para enfrentarse a entornos difíciles.


Hace diez años la antropóloga evolutiva Anna Machin dio a luz a su primera hija. La experiencia fue traumática, según relata en su nuevo libro The Life of Dad: The Making of a Modern Father. No solo porque sufrió una hemorragia tras el parto y tuvo que ser trasladada a urgencias, sino porque apenas pudo conocer a su primogénita. Su esposo, que estabaen la habitación, lo vio todo. “La sangre fluía por todas partes, 30 miembros del personal corrían y alarmas sonaban”, dice. Aunque ella recibió apoyo para superar el trauma, los médicos pasaron por alto a su esposo. Según cuenta, incluso después de un año él ni siquiera podía hablar del tema sin afectarse.

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La circunstancia llevó a Machin a investigar la forma en la que durante siglos la psicología y la ciencia han subestimado el papel del hombre en la crianza. Encontró que existía poca evidencia científica sobre sus aportes. Pero eso no era lo peor: la mayoría de los estudios planteaban las consecuencias negativas de estar ausente, obviando la influencia positiva y las profundas conexiones que desarrollan con los hijos. Casi no había estudios sobre las alteraciones biológicas que podían experimentar tras convertirse en padres.

Por eso, con su libro publicado este 14 de junio, Machin busca reconocer la importancia de los padres. Tras nueve años de investigar y seguir a un grupo de hombres antes y después de tener su primer hijo, la experta concluye que realmente ningún soporte científico justifica el estereotipo común del padre inútil reflejado en series de televisión o en muchas películas de Hollywood.

La antropóloga de la Universidad de Oxford revela que aunque los hombres “no tienen un embarazo, un parto o la lactancia”, sí sufren cambios irreversibles en su cuerpo igual que las mujeres. La evolución los ha preparado a ambos para eso. Según Machin, antes de convertirse en padre, la testosterona de un hombre está más alta por lo que tiende a preocuparse menos por los demás. “Son una máquina de apareamiento y su trabajo es ir y encontrar una compañera para reproducirse”, agrega. Pero cuando tienen un hijo, “está comprobado que los niveles de testosterona disminuyen y esto los desanima a seguir enloquecidos sexualmente”. Además, sus niveles de oxitocina aumentan, “lo que desinhibe sus emociones y los ayuda a unirse afectivamente con su descendencia”, explica.

En cuanto a sus funciones claves, la científica dice que tras convertirse en padres los hombres presentan una expansión de la neocorteza, la región del cerebro encargada del razonamiento, la toma de decisiones y el pensamiento abstracto. Esto les permite ser más hábiles en resolver conflictos y convertirse en la guía fundamental de los hijos para enfrentar el mundo exterior. Paul Raeburn, periodista científico, ratifica esta visión. En su libro Do Fathers Matter? publicado en 2014, explica que más que las madres, los hombres promueven en los hijos la capacidad de explorar y asumir retos. “Jugar, patanear y retar a los niños son características emblemáticas de esa relación entre ellos y sus hijos en todas las edades”, dice el autor.

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Según Machin, las madres son particularmente capaces de identificar los riesgos y proteger en los primeros años de vida, mientras que los padres tienen una “contribución única en el desarrollo social del niño, especialmente a partir de los 2 años”. Esto ha quedado comprobado en varios estudios. En uno de los más destacados, el profesor Lynne Vernon-Feagans, de la Universidad de Carolina del Norte, demuestra que en temas como el vocabulario, los padres son incluso más relevantes que las madres. Para Lynne esto obedece a que ellos no pasan tanto tiempo con los niños ni conocen su desarrollo verbal, por lo que usan palabras desconocidas que obligan a los pequeños a ampliar su vocabulario y a aprender nuevos conceptos.

Raeburn también explica contundentemente en su libro que la presencia paterna puede tener una influencia importante durante la adolescencia, sobre todo en la sexualidad. Una teoría es que las feromonas del padre afectan el comportamiento y la biología de las hijas para retardar su inicio sexual. La otra es que debido a la figura de autoridad, ellos tienen el doble de influencia que las madres en evitar que sus hijos tengan sexo más pronto de lo debido.

Igualmente, algunos científicos han comprobado que cuando los padres se comprometen con el cuidado de sus retoños, estos tienen mejores resultados en el colegio y son menos problemáticos. El Departamento de Educación de la Unión Europea demostró en una investigación realizada en 2001 que los estudiantes cuyos padres estaban muy involucrados en los estudios de sus hijos tenían un 43 por ciento más probabilidades de tener buenas calificaciones. Ello también influiría en que sean menos propensos a presentar actitudes delincuenciales en la adolescencia

Yolanda Puyana, experta en género de la Universidad Nacional, advierte que aunque los niños y niñas se desarrollan mejor cuando hay ambas figuras, no se puede olvidar que la influencia de un padre puede ser tan negativa como positiva. “Encontramos diferentes tipos de padres. Están los tradicionales o aquellos que por la modernidad han pasado a jugar un rol más activo. Aquellos que son violentos evidentemente influirán en la conducta del hijo, incluso en los índices de depresión”, afirma.

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La experta agrega que cuando se habla de padre no necesariamente hay que encasillar la figura en la del padre biológico. “Lo importante es que el hijo se sienta deseado, y que exista alguien que represente la figura de proveedor, de autoridad sin autoritarismo y de apoyo en los momentos difíciles”, dice.

Aunque por años las madres han sido las protagonistas indiscutibles de la crianza, los expertos coinciden en que en la actualidad la figura del padre atraviesa una transformación positiva. Hoy ellos se involucran más, e incluso han aprendido que es necesario transformar su relación para proporcionar una mejor educación a su hijo. “Si eres padre, enorgullécete de quién eres: la maravillosa culminación de medio millón de años de evolución”, concluye Machin.

Cómo ser mejor padre

  • Tiempo al tiempo: de acuerdo con la investigación de Machin, los padres tardan en promedio seis meses en crear un vínculo fuerte con su hijo, mientras que en las madres la conexión es mucho más rápida. Sin embargo, advierte que después de los dos años su papel es crucial, sobre todo en la socialización y la resiliencia que generan en los niños para superar los momentos de dificultad.

  • No se crea un segundo plato: “Si eres padre, siéntete orgulloso”, escribe Machin. Aunque la conexión sea más tardía, para la experta es importante que los padres se involucren desde el primer momento con sus hijos. Las caricias, el contacto visual e incluso la voz liberan sustancias químicas que ayudarán luego a formar con él un vínculo más fuerte.

  • La práctica hace al maestro: ser padre no es fácil, mucho menos la primera vez. Aunque es útil echar mano de los consejos de otros o incluso de los manuales, la experta dice que no deben ser una camisa de fuerza. La paternidad es instintiva y cada quien tiene una experiencia particular. Por eso, aconseja tener paciencia y enfocarse en construir un vínculo espontáneo con el hijo sin angustiarse por las vivencias de los demás.

  • Diviértase: el padre tiene un papel importante en cuanto a jugar, retar, cuestionar y enseñar. También pasar tiempo con el hijo y hacerlo sentir especial. Bajo su supervisión, estas actividades físicas y mentales desafiarán al hijo a tomar riesgos.

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