vida moderna

Esperanza Gómez cuenta con detalles el fetiche por el que le pagaron mucho dinero

Esperanza Gómez respondió con total naturalidad todas las preguntas sobre su trabajo y recordó algunos de los fetiches más usuales y hasta prohibidos en las páginas de contenido pornográfico.


¿Dónde hay más límites, en el porno tradicional o en lo que estamos viendo ahora? Para la colombiana más famosa en los contenidos para adultos, las páginas porno tradicionales abarcan todo tipo de fetiches, pero con un amplio conocimiento del tema comercial. También aclaró que los bancos les han bloqueado las tarjetas de crédito a esas páginas, precisamente por los contenidos que la gente sube: “Hacen cosas que en muchos países son ilegales”, aclara, y pone como ejemplo el sexo con animales, que según ella, en Estados Unidos, donde vive hace más de siete años, da cárcel.

También recuerda que muchas personas suben videos con menores de edad. Otras plataformas han cerrado cuentas de muchos usuarios que suben videos de gente teniendo sexo en espacios públicos o en lugares emblemáticos e históricos: “Las cosas prohibidas definitivamente son las que tienen más demanda”.

Esperanza también les dio consejos a las mujeres y las parejas que quieran entrar al mundo del modelaje webcam. “Tendrán buenos ingresos, aproximadamente ganarán lo mismo que un gerente de una empresa, que es muy buen salario”. Pero advierte que no deben tener problema con que la gente los tilde de hacer pornografía o prostitución.

Normalmente, cuenta que los modelos deben trabajar entre cinco y ocho horas, ser carismáticos y agradar a los usuarios, que son finalmente los que les ponen el salario: “Hay chicas que se hacen 10 millones de pesos, otras solo dos, eso depende de cada cual”.

Esperanza nunca ha sido webcammer “porque es muy difícil y me atropella la tecnología”, dice entre risas. Pero en uno de sus contratos tenía que hacer un ‘show’ una vez al mes: era un show lésbico, los usuarios le pedían a ella y a la otra modelo que se dieran nalgadas, besos con lengua, rozar los senos “y cada vez que los complacíamos, nos enviaban dinero”.

Nunca le pidieron nada extremo, pero recuerda que hay mucha más gente que tiene un fetiche con los pies. “Lo único que quería ver era cómo ella me besaba los pies, que pusiera la lengua en medio de mis dedos”, dice del hombre que pagó una fuerte suma de dinero por una hora completa.

Muy bien parada en sus dos pies, finalmente dijo que nunca ha bloqueado a nadie, “porque las actrices porno estamos para hacer realidad las fantasías de todos”.