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| 1/16/1995 12:00:00 AM

LOS GORDOS NACEN, NO SE HACEN

Los científicos descubren el gen culpable de que algunas personas, hagan las dietas que hagan, estén destinadas a ser obesas.

LOS GORDOS NACEN, NO SE HACEN LOS GORDOS NACEN, NO SE HACEN
DE AHORA EN ADELANTE LOS GORdos podrán vivir sin complejos de culpa porque podrán achacarle esos kilos de más a la herencia. Según un nuevo estudio científico, publicado en la prestigiosa revista científica 'Nature', la obesidad es una cuestión genética. Es decir, los gordos no se vuelven así: nacen así.
Por primera vez los investigadores han identificado al gen culpable de la obesidad. Aunque desde hace varios años los expertos habían sugerido que la herencia podía ser el principal saboteador de las dietas, hasta el momento no habían logrado identificar al responsable. Ahora ha sido descubierto el gen que controla el apetito, lo mismo que una mutación genética que, se cree, es la responsable de que algunas personas coman más de la cuenta.
El descubrimiento fue hecho por el doctor Jeffrey Friedman, del Instituto Médico Howard Hughes de la Universidad Rockefeller en Nueva York. Friedman y cinco investigadores informaron haber logrado aislar un gen, que han identificado con las letras 'ob': 'obeso'. Al parecer, una mutación genética puede hacer que el cerebro humano no conozca la señal de saciedad. Quienes tienen este gen anormal se pueden pasar la vida comiendo porque nunca están completamente satisfechos, lo cual irremediablemente los conduce a la gordura. En pocas palabras, esta mutación interrumpe la comunicación entre el metabolismo y el centro del control del apetito. Esa interferencia en los mecanismos que le dicen al cerebro que se ha comido lo necesario y se tiene la suficiente grasa almacenada para el día, hace que la persona no conozca la saciedad. Sin una señal hormonal que le dé la orden de parar, una persona puede comer más de la cuenta.
Aunque esta es apenas la prehistoria del estudio sobre la base genética de la obesidad, el hallazgo ha alimentado las esperanzas de los gordos porque significa un gran paso en la comprensión científica de la base biológica del sobrepeso. Se ha demostrado en animales de laboratorio que manipulado y corregido, el gen puede llevar a la pérdida de peso. La aplicación práctica serían nuevas y más efectivas terapias para los problemas del peso. Incluso se ha especulado en la posibilidad de lograr una droga que imite a la proteína producida por el gen descubierto. Esto permitiría reestablecer esa comunicación interferida, lo cual podría ayudarle a las personas obesas a sentirse satisfechas con menos cantidades de comida y perder peso sin sentir hambre.
Otra posibilidad que se abre con este descubrimiento es que si se sabe desde el nacimiento, que alguien tiene una predisposición genética a la gordura, se puede someter a una dieta adecuada que mitigue los estragos del gen. Los investigadores advierten, sin embargo, que llegar a esto tomará entre cinco y 10 años de trabajo. Los científicos encontraron el gen al estudiar una clase de ratas que pueden aumentar su peso hasta cinco veces y que son también sujetas a sufrir diabetes y otros desórdenes comunes en los humanos. Los investigadores usaron ese gen como modelo para buscar a través del DNA humano, lo cual los condujo a encontrar el 'ob' y a reafirmarse en la tesis de que hay una senda fisiológica que controla el peso corporal y que este es mantenido estable gracias a las correctas señales del cerebro.
Si la gordura es un destino genético, nadie podría culpar a los obesos por su sobrepeso ni recriminarlos por su falta de voluntad. Por el contrario, si es algo que viene con la herencia, como la estatura, el color de los ojos o la habilidad para las matemáticas o la música, la sociedad tendría que dejar de presionar a los gordos para que adelgacen. Según los futurólogos, si la obesidad es genética, llegará el día en que el sobrepeso desaparezca como problema personal para convertirse en una cuestión solucionada desde el nacimiento por la ingeniería genética.
Los científicos, no obstante, son más cautelosos y enfatizan en que la obesidad es producto de muchos factores, tanto genéticos como ambientales, y, por consiguiente, la influencia del gen 'obeso' es solo uno de ellos. Pero, incluso, esperan encontrar más de un gen culpable. Los estudios en ratas de laboratorio han mostrado que éstas poseen al menos seis genes diferentes que contribuyen a la obesidad.
Lo cierto es que si bien muchos obesos han podido culpar del sobrepeso a los problemas glandulares, ahora podrán achacare la culpa de esos kilos de más a sus padres y abuelos.

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