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| 12/1/2018 11:00:00 AM

"Con tratamiento, la posibilidad de transmitir el VIH es casi nula"

Hoy más de 96.000 personas en Colombia viven con VIH y alrededor de 4.000 mueren al año. En el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, dos portadores del virus, un filósofo de 25 años y una auxiliar de enfermería de 57, le cuentan a SEMANA cómo es vivir con la enfermedad.

Personas con VIH cuentan cómo es vivir con la enfemerdad "Con tratamiento, la posibilidad de transmitir el VIH es casi nula" Foto: Semana

Desde que el virus del VIH (Virus de la Inmunodeficiencia Humana) fue identificado en la década de los ochenta, un número sin precedentes de personas han sido afectadas por la epidemia mundial del sida. La Organización Mundial de Salud (OMS) estima que existen alrededor de 37 millones de personas viviendo con la enfermedad y que desde su descubrimiento más de 35 millones de personas han perdido la vida.

La magnitud de estas cifras indican que el virus sigue siendo uno de los problemas más graves de salud pública en el mundo. Especialmente en los países de bajos o medianos ingresos como Colombia donde el acceso a intervenciones preventivas o diagnóstico temprano, continúan siendo un problema. Un informe reciente de la Cuenta de Alto Costo afirma que el número total de casos de VIH reportados en el país es de 96.683. Y que para este año hubo un incremento del 9.1 por ciento, pues mientras en 2017 fueron identificados 9.399 casos nuevos, este año la cifra ya va en 10.258.

Para Lizeth Acuña, directora ejecutiva de la Cuenta de Alto Costo el principal problema con la enfermedad es que todavía los diagnósticos son muy tardíos.“El país ha mejorado en detección temprana, pero no con la velocidad que se requiere y espera”. Miguel Ángel Barriga, director de Red Somos coincide con ella, pues afirma que actualmente “una persona debe esperar 71 días en conocer un resultado en el sistema de salud”. La detección temprana es fundamental  en estos casos pues por cada cinco años que un paciente demora en tener su diagnóstico pierde expectativa de vida. “Está en más riesgo de llegar a la fase de sida”, explica Barriga.

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En este punto es importante diferenciar entre el VIH y el sida. El primero hace referencia al virus, una enfermedad que afecta las células del sistema inmunológico y permite que a largo plazo “haya un mayor deterioro para el cáncer y entren enfermedades infecciosas”, explica Carlos Álvarez médico y expresidente de Asociación Colombiana de Infectología. El segundo se refiere al síndrome, es decir, el conjunto de síntomas que una vez la infección está en un estado avanzado “provoca que el sistema inmunológico se debilite y empiecen a aparecer cierta enfermedades oportunistas”, agrega Barriga. El sida es la enfermedad y el VIH el virus que la origina: se puede ser portador del virus y no padecer nunca la enfermedad.

Sin embargo, el avance en la investigación y el tratamiento ha sido tan veloz que en menos de 30 años pasó de ser una infección mortal a convertirse en una enfermedad crónica. Antes las personas tenían una probabilidad de 7 o 12 años de vida pero hoy, aunque no existe cura, “los medicamentos permiten controlar el virus y la esperanza de vida es la misma que tiene cualquier otra persona”. Los medicamentos, además, son cada vez más sencillos de tomar y menos tóxicos: si antes un paciente debía tomar entre 10 o 15 medicamentos al día, hoy con solo uno puede ser suficiente.

Hoy, si una persona es diagnosticada en la primera fase no tendría por qué entrar a la etapa del sida. Pero incluso si lo hace tardíamente, puede llegar a estabilizarse y ser “indetectable”. Este término se usa cuando los pacientes logran que la cantidad de su virus en la sangre sea tan mínimo que ni siquiera es visible en los exámenes. Actualmente, un análisis detecta a partir de 20 copias por mililitro y una persona es considerada indetectable cuando presenta menos de 50 copias por mililitro. Lo habitual es conseguir este resultado luego de tres y seis meses de terapia.

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Álvarez afirma que otra de las razones por la que no existe una atención oportuna es porque las personas que tienen el virus no lo saben y cuando se diagnostican es porque ya tienen alguna complicación”. Es decir, síntomas como pérdida de peso, fiebre, sudores nocturnos, infecciones recurrentes o fatiga. Lo más común es que exista desinformación sobre la enfermedad, que las personas piensen que no la pueden adquirir, les de temor confirmarlo o crean que no está cubierta por el Sistema de salud. Pero en Colombia, por ejemplo, el acceso a la terapia está incluida y los proveedores de salud deben dar el tratamiento y los medicamentos.

Diferentes estudios también han demostrado que existen otras barreras que dificultan el acceso: entre ellas, la falta de asesoría en la preprueba y prueba del VIH, la baja percepción del riesgo y la confianza en los compañeros sexuales. Estas principalmente relacionadas con la población más jóven. Las barreras identificadas para los mayores de 50, en cambio, parece estar relacionada con los propios temores de tener el diagnóstico y aspectos administrativos (entre EPS-IPS), así como el bajo riesgo percibido y las ideas preconcebidas de los médicos sobre las personas mayores.

Acuña explica que “las ciudades con mayor número de casos son Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca, pero también tiene que ver con que son las ciudades donde se presta atención en salud de todos los niveles de complejidad” y que aunque aún no se ha empezado la diferenciación por grupos poblacionales,  la evidencia muestra que los hombres homosexuales, mujeres trans, personas que se inyectan drogas y trabajadoras sexuales tienen prevalencias más altas que la de la población general.

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Sin embargo, esto no significa que sean las únicas y es un error pensar que el VIH o el sida está relacionado con la promiscuidad. Pues en realidad “una sola práctica sexual sin protección ya es una práctica de riesgo para resultar infectado”, dice Barriga. Además, algo que sucede es que este tipo de poblaciones están más sensibilizadas con el tema del VIH y reciben  intervenciones comunitarias educando sobre el riesgo, a diferencia de la población general donde perciben un menor riesgo de infectarse y no se toman las medidas adecuadas.  

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En cuanto a la edad de las personas que viven con el virus, la Cuenta de Alto Costo afirma que existen casos en todos los grupos de edad. Y aunque las personas piensan que esta enfermedad es solo de la población joven, los casos en población mayor de 50 años han ido en aumento, “especialmente porque no se percibe el riesgo”, dice Acuña.

Una cifra que llama la atención del informe es que a diferencia de las cifras mundiales, que muestran una distribución de casos similar entre mujeres y hombres, en Colombia, la enfermedad se presenta mayoritariamente en el sexo masculino. Pues de los casos nuevos de VIH, el 80,7 por ciento corresponde a los hombres. Otro número preocupante es que el 70 por ciento de los casos nuevos reportados están entre los 20 y 39 años de edad. Álvarez agrega que simplemente “el riesgo de tener VIH es tener vida sexual activa”.

La prevención de la enfermedad está básicamente en el uso del preservativo, pues la principal vía de transmisión es a través de una relación sexual. Igualmente se presentan casos por transmisión por agujas entre consumidores de sustancias psicoactivas intravenosas, por lo que debe fortalecerse el autocuidado en esta población. También puede transmitirse de madre a hijo durante el embarazo lo que requiere que las gestantes se practiquen la prueba y si son positivas sigan las medidas del uso de la terapia antirretroviral y no lactar al bebé. La transmisión materno infantil puede prevenirse.

Aunque desde su descubrimiento, toda clase de ideas descabelladas sobre cómo se transmite y cómo se padece han alimentado los prejuicios y estigmas sobre las personas que tienen que vivir con este virus, el VIH sólo se transmite a través del intercambio de determinados líquidos corporales de la persona infectada, como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales. No es posible, como muchos creen, infectarse con los contactos ordinarios cotidianos. Por ejemplo, besos, abrazos o apretones de manos o por el hecho de compartir objetos personales, agua o alimentos.

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