De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la diabetes es una enfermedad crónica que se presenta cuando el páncreas no produce suficiente insulina o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce.
Vale mencionar que la insulina es una hormona que regula la concentración de glucosa en la sangre, es decir, la glucemia. “Un efecto común de la diabetes no controlada es la hiperglucemia (es decir, la glucemia elevada), que con el tiempo daña gravemente muchos órganos y sistemas del cuerpo, sobre todo los nervios y los vasos sanguíneos”, advierte la OMS en su página web.
En consecuencia, las personas con diabetes presentan niveles altos de azúcar en sangre debido a que su cuerpo no puede movilizar el azúcar desde la sangre hasta el músculo y a las células de grasa para quemarla o almacenarla como energía, según anota la información alojada en MedlinePlus, sitio web de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.

Algunos de los síntomas generales de la diabetes son: Visión borrosa, sed excesiva, fatiga, orina frecuente, hambre y pérdida de peso. Sin embargo, debido a que la diabetes tipo 2 se desarrolla lentamente, algunas personas con el nivel alto de azúcar en la sangre no presentan síntomas. Por el contrario, los síntomas de la diabetes tipo 1 se desarrollan en un período de tiempo corto. En ese sentido, las personas pueden estar muy enfermas para el momento del diagnóstico.

¿Cuáles son las diferencias entre diabetes tipo 1 y tipo 2?
De acuerdo con la descripción de MedlinePlus, la diabetes tipo 1 es menos común y se puede presentar a cualquier edad, aunque se diagnostica con mayor frecuencia en niños, adolescentes o adultos jóvenes.
En este caso, el cuerpo no produce o produce poca insulina debido a que las células del páncreas que producen dicha hormona dejan de trabajar. Para tratarla, los pacientes necesitan inyecciones diarias de insulina.
La diabetes tipo 2, por el contrario, es más común y, por lo general, se presenta en la edad adulta. No obstante, debido a las tasas altas de obesidad, la diabetes ahora se está diagnosticando también en niños y adolescentes. Con este tipo de diabetes, el cuerpo es resistente a la insulina y no la utiliza con la eficacia que debería.
Con el tiempo y sin el tratamiento adecuado, la diabetes puede conducir a problemas oculares, úlceras e infecciones en la pierna o el pie, daño a los nervios en el cuerpo causando dolor, hormigueo, pérdida de la sensibilidad, problemas para digerir el alimento y disfunción eréctil, problemas renales, los cuales pueden llevar a insuficiencia renal, debilitamiento del sistema inmunitario y aumento de la probabilidad de sufrir un ataque cardíaco o un accidente cerebrovascular.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), reseñan en su sitio web algunas condiciones que pueden elevar los niveles de azúcar en la sangre. Por esta razón, es recomendable que los diabéticos los tengan en cuenta para evitar complicaciones de salud.
Uno de los hábitos nocivos que más sorprende tiene que ver con no dormir bien. En esa línea, los CDC advierten que “hasta una sola noche de muy poco sueño puede hacer que su cuerpo use la insulina de manera menos eficaz”. De hecho, anotan que “uno de cada tres adultos en los EE. UU. no duerme lo suficiente y esto, a lo largo del tiempo, puede aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiaca, obesidad y depresión”.
Ahora, si la persona padece diabetes, dormir muy poco puede afectar negativamente otros hábitos que requieren especial atención, como los horarios de comida, qué alimentos elegir, las respuestas de la insulina e incluso la salud mental.

Dormir menos de siete horas puede traer las siguientes consecuencias, según los CDC:
- Aumentar la resistencia a la insulina.
- Aumentar la sensación de hambre al día siguiente y reducir la sensación de saciedad después de comer.
- Hacer más difícil la pérdida de peso.
- Aumentar la presión arterial y aumentar mucho más el riesgo de tener un ataque al corazón.
- Reducir la capacidad del sistema inmunitario de combatir infecciones.
- Aumentar el riesgo de tener depresión y ansiedad.

Por esta razón, reseña las siguientes recomendaciones para mejorar los hábitos de sueño:
- Mantener la habitación oscura, silenciosa, relajante y fresca.
- Sacar de la habitación los dispositivos electrónicos, como los televisores, las computadoras y los teléfonos inteligentes.
- Hacer alguna actividad física durante el día.
- Relajarse mentalmente antes de ir a dormir.
- Tener una rutina antes de ir a dormir, por ejemplo, leer o escribir en un diario personal.
- Acostase solo cuando se esté cansado.
