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Después de un infarto hoy "mi corazón está completamente sano"

Hace 12 años el exministro de salud Augusto Galán sufrió un infarto al corazón y pudo saber en carne propia lo que vivían muchos de sus pacientes. El evento lo transformó. Esta es su historia.

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Los médicos son expertos en muchas dolencias, pero no todos experimentan lo que viven sus pacientes. Pero el médico cardiólogo Augusto Galán sí supo lo que era vivir un infarto, una condición que trató en muchos de las personas que a diario iban a su consultorio. Galán Sarmiento, quien además es exministro de Salud y actual director de Así vamos en Salud, señala que la enfermedad coronaria y la enfermedad cardiovascular es la primera causa de mortalidad en Colombia. Aun así, mientras vivía el infarto no lo podía creer. Y cuando llegó al hospital y vio el electrocardiograma supo que su vida pendía de un hilo. No sintió miedo pero pensó en sus hijos que aún estaban muy pequeños para dejarlos. Pidió a la vida tiempo extra. Él hoy llama ese episodio como ‘su corazonada’ porque le ayudó a rectificar algunos hábitos para vivir más y mejor. Hoy comparte su experiencia y algunos consejos con los lectores de SEMANA en la sección Hablan los Expertos.

“Era un 31 de diciembre, en la mitad de un puente de celebración de año nuevo. Estaba con mi familia fuera de Bogotá, en un hotel.  Fue a las 9 de la mañana. Súbitamente tuve una opresión en la mandíbula que pasó rápidamente a la boca del estómago, acompañada de una sensación de desasosiego. Ahí entendí a mis pacientes, sobre todo a las mujeres que me decían ‘no me hallo’. Y la verdad en ese momento yo no me hallaba ni sentado, ni de pie, ni acostado. A los cinco minutos, por otros síntomas, yo concluí que estaba teniendo un infarto al corazón. Soy cardiólogo y sabía lo que se me venía encima. Le dije a mi esposa ‘me siento muy mal, vámonos para una clínica cercana’. Y a los quince minutos de haber sentido los primeros síntomas estaba entrando al servicio de urgencias, en donde pedí un electrocardiograma que corroboró lo que yo sospechaba: tenía un infarto cardiaco por obstrucción de la arteria principal coronaria que irriga al corazón.

Sabía lo que eso significaba, entendía el riesgo inminente de muerte, pero también el riesgo de un daño en el músculo cardiaco si no actuábamos con rapidez. Se hizo lo que había que hacer. Los médicos utilizaron un anticoagulante muy potente –una especie de diablo rojo que destapa cañerías- que se llama estreptoquinasa, que produce arritmias cardiacas en el momento en que la arteria se destapa. Yo sentí todo eso en el momento en que la arteria se desobstruyó. Luego me trasladaron a Bogotá y pasé el año nuevo en una Unidad de Cuidados Intensivos de una clínica muy conocida de la capital.

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La sorpresa mayor fue a los dos días cuando en el cateterismo yo veo en el monitor el angiograma, la película de mis arterias coronarias. No lo podía creer. Eran unas arterias supremamente feas. No podía creer que ese era el estado de mis arterias porque yo no tenía factores de riesgo importantes. No era ni soy hipertenso, no era ni soy diabético, no soy ni era obeso, no tenía antecedentes familiares. Lo único que tenía era un poco elevado el colesterol, que me estaba tratando,  y mucho estrés. Un estrés que no es el de la hiperactividad sino el estrés que yo llamo ‘las emociones tóxicas y destructivas’, esos fardos que uno lleva al hombro durante la vida sin resolver bien. La conclusión de eso fue una cirugía de corazón abierto y todas las arterias con puentes -aunque lo que yo tengo en realidad son viaductos- y un cambio de vida total. Yo pensé que me cuidaba, pero afortunadamente intervino la tecnología y la ciencia. Hoy mi corazón es completamente sano y el músculo cardíaco no se afectó porque se trató a tiempo.

El cambio de vida fue muy importante. Yo no pensaba que fuera una persona descuidada y de pronto eso ayudó, porque me cuidaba bastante bien: no era fumador, no tomaba trago -en mi familia una botella de whisky dura un año- y no habían  mayores factores de riesgo. Eso, creo hoy, me ayudó a superar este impase  en mejores condiciones que si hubiera sido obeso y demás. Pero después del infarto tenía que cambiar algunos hábitos de vida. Yo era muy glotón, me encantaba comer y me gustaba lo que comemos los colombianos, el chicharrón, la morcilla, etc., y como no veía factores de riesgo ni problemas esa era mi conducta. Todo eso lo tuve que cambiar.

Para quienes hayan vivido esta experiencia o la están viviendo, el mensaje que les quiero enviar es que hay vida después de un infarto. Y no solo eso. Hay una buena vida después de un infarto. Los hábitos de vida incluyen una dieta balanceada en la que uno elimina las grasas saturadas, porque las grasas son buenas pero las saturadas no, es decir, la que es de origen animal no es buena. Ese es un punto importante. El otro punto fundamental es el ejercicio diario. Yo camino todos los días a las cinco y media o seis de la mañana, pero no estoy tratando de hacer una maratón ni volverme deportista de alto rendimiento, basta con hacer actividad física, y por eso camino a buen paso, para llevar el corazón a una frecuencia cardiaca adecuada para mi edad.  Me tomo mis medicamentos, visito a mi cardiólogo regularmente y hago chequeos periódicos. Una parte importante del hábito de vida es involucrar a la familia. En el caso mío, mi señora y mis hijos adoptaron mis hábitos de vida y los incorporaron y eso ha sido fundamental. Uno necesita ese apoyo porque se necesita mucha disciplina para lograrlo.

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El corazón de los colombianos está en peligro porque la enfermedad coronaria es la causa más frecuente de muerte en el país. Nosotros hemos cambiado el perfil epidemiológico, es decir de que nos enfermamos y nos morimos. Antes nos mataban las enfermedades infecciosas y las primeras causas de mortalidad y morbilidad estaban relacionadas con todo tipo de infecciones, pero ahora son las enfermedades crónicas: el infarto agudo cardiaco, la enfermedad cerebrovascular, la enfermedad renal, el cáncer y la enfermedad obstructiva pulmonar. Las mujeres deben entender esto porque existe un imaginario colectivo de que esta es una enfermedad de los hombres. Y sí. Ellos sufren infartos, pero las mujeres creen que su enfermedad es el cáncer, y aunque está bien que se cuiden y hagan la prevención con el cáncer, también deben pensar que pueden morir por infartos.

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El perímetro abdominal hoy se mide porque hay estudios que han correlacionado ese tipo de obesidad y sobrepeso con enfermedades crónicas, particularmente la coronaria. De hecho la grasa que se acumula alrededor del abdomen hace mucho daño, porque desarrolla el síndrome metabólico y las personas con esa obesidad terminan con diabetes, hipertensión y mayores niveles de colesterol y por lo tanto incrementan sus factores de riesgo y por esa vía terminan este tipo de enfermedades crónicas e infarto.

Sin embargo, los flacos no están exentos de tener colesterol elevado. Una persona obesa no necesariamente tiene el colesterol elevado y una delgada no necesariamente lo tiene normal. Por eso es importante hacer chequeos y controlar sus niveles de colesterol. Fundamente el tema es metabólico y tiene que ver con cómo el organismo y su metabolismo interno administra y almacena el colesterol: lo absorbe en el intestino,  lo lleva al hígado y luego a las células. El colesterol es crucial para las células del cuerpo humano.  En exceso nos hace daño, pero si no tenemos colesterol es grave porque la energía celular depende del colesterol que además participa en la síntesis de todas las hormonas. Sin colesterol no podemos vivir pero con exceso tampoco.

Saber esto es importante porque así la gente va a vivir más. Los bebés que nacen en Colombia van a vivir mucho tiempo si los padres conocen cómo preparar a esos bebés desde temprano para tener un envejecimiento sano. Lo ideal es pensar que la gente envejece desde que nace  y la vida es un proceso biológico natural. La salud es la capacidad individual y colectiva de gestionar y autogestionar los riesgos físicos, mentales y sociales que la vida nos presenta. La vida se trata de un envejecimiento sano y eso se logra con el cuidado integral a lo largo de la vida en tres aspectos: el cuidado de la salud, el cuidado económico para prever la vejez y el cuidado al final de la vida que, no es otra cosa, que aceptar la muerte. Es algo que debemos aprender desde que nacemos. Esas son algunas de las lecciones de ‘mi corazonada’”.

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