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| 2/21/2011 12:00:00 AM

Un sueño y un quite

El encierro de Las Ventas del Espíritu Santo fue inferior a las expectativas. El Juli tuvo que regalar un séptimo toro para salir a hombros. El Cid cortó dos orejas del toro con más transmisión. Santiago Naranjo, con el lote de mayores opciones, cortó una oreja.

Un sueño y un quite El Juli y El Cid salieron a hombros en el cierre de la temporada taurina colombiana Foto: Guillermo Torres - SEMANA
La tarde no supo a mucho. La corrida de Las Ventas del Espíritu Santo no terminó de romper y las excepciones – segundo, quinto y sexto -, se movieron sin encumbrarse. De hecho, el segundo tuvo mejor principio que final; el quinto fue enrazado y dejó, quizá, la mejor imagen; y el sexto no pudo terminar los viajes que emprendía. En fin, si bien se distanciaron del nivel del resto del encierro, no trascendieron.
 
De la terna, hubo cosas (unas por aquí, otras por allá), pero solo quedaron en la memoria pocas de ellas. Por ejemplo, un sueño, el de un torero que no aceptó jugar el papel que parecía asignarle el cartel. Se llama Santiago Naranjo y hoy tiene muchas más ilusiones en su cabeza que las que el rondaban al filo de la hora del paseíllo.

Estuvo bien en ambos toros, nada fáciles además, como pasó con casi todos. El primero, el de la confirmación de alternativa, salía frenado luego de cada suerte y había que elegir entre aliviarse con lo marginal, o torear. Y Santiago se quedó con lo último, para regalarnos no sólo una muestra de valor seco, sino poder para encaminar la embestida hasta hacerla cada vez más cierta por el pitón derecho, porque por el izquierdo no había nada que hacer. Hubo series de peso y oles profundos que les hicieron eco. Mató bien, luego de un pinchazo sin soltar, y la oreja recompensó tanta entrega.

En el sexto, Naranjo siguió otro guión. Se puso de rodillas y levantó el entusiasmo de los tendidos. Pero lo importante fue lo que vino después, esa decisión para pretender sacar lo que asomaba de vez en cuando en el ejemplar. Las tandas no fueron más allá de tres muletazos, el toro impedía pasar de allí. Falló con la espada y dejó pasar la oportunidad de una puerta grande. Saludo que convirtió en vuelta al ruedo.

El Cid cortó dos orejas en el quinto de la corrida, ese que se movió con emoción y con el que el sevillano logró, por momentos, llevar templado con su muleta, mientras la firmeza ponía el otro cincuenta por ciento. No era fácil estar ahí, pero el oficio permite esos lujos. La gente se compenetró con cada pase y empujó la faena hasta hacerla trascender. Y cuando Manuel Jesús pareció tener todo bajo control, el toro volvió a treparse para hacerle pasar un susto.

Apareció ahí, en ese instante, ese otro gesto de la tarde que vale la pena guardar en un cofre: el quite de El Boni, ese torero de plata que siempre cotizará en oro. Metió el capote y le quitó, con categoría, ese toro que apuntaba los pitones a la humanidad de El Cid. Pero ese fue apenas uno de tantos buenos momentos de El Boni, un subalterno al que vale la pena, más que ir a ver, correr a admirar, igual con el capote que con las banderillas.

Manuel no metió la espada en lo alto, y el Palco, siempre generoso, pasó por alto el detalle para entregar la llave de la puerta grande.

El tercero fue protestado por chico y sacó dificultades, hasta obligar a El Cid a abreviar.

El Juli le recordó todos los antepasados, y no de la mejor manera, al cuarto de la tarde, segundo suyo, cuando doblaba. El toro fracasó entre su excesivo peso y lo poco que en cambio brotaba de su alma.

En su primero, segundo de la corrida, Julián dejó aromas de torería con el capote lento y una media de colección, tras un quite por chicuelinas. Luego, la exposición de técnica permitió ver lo mejor de un toro que tuvo fijeza e importancia sobre el pitón derecho. El final del ejemplar no fue el mejor. Julián corrigió el primer intento de espadazo y cobró una oreja a ley.

Regaló un séptimo en el que le concedieron una oreja.


Ficha de la corrida
Bogotá, plaza de toros La Santamaría
Domingo 20 de febrero de 2011
Temporada 80 años
Última de abono

Seis toros de Las Ventas del Espíritu Santo. El primero, sin romper; el segundo, de más a menos; el tercero, con dificultades; el cuarto, descastado; el quinto, enrazado; el sexto, con movilidad. Hubo un séptimo, intrascendente.  Pesos: 470, 489, 440, 554, 479, 529 y 487 kgrs


El Juli
Verde hoja y oro
Oreja, silencio y oreja

El Cid
Caldero y oro
Silencio y dos orejas

Santiago Naranjo
Azul pavo y oro
Oreja y vuelta al ruedo


Detalles: Santiago Naranjo confirmó su alternativa con el toro ‘Capitán’, número 501 de 470 kilos. Plaza llena.

EDICIÓN 1888

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